Twitch, enganchados al directo

¿Por qué está teniendo tanto éxito Twitch? ¿Cuáles son los atractivos de esta plataforma de transmisión en directo? ¿Cómo funciona?

Móvil Twitch
Caspar Camille Rubin / Unsplash

“Todo lo que te puedes imaginar está en Twitch. Y si no está, lo puedes crear”, explica a MUY Teresa Aristas, alias ChibiYoru, de veintisiete años. “Lo que muestras es un espectáculo. Si se te ocurre una idea, la puedes poner en práctica. Todo el que quiera tener visibilidad por lo que sea, por su trabajo, su personalidad, su orientación sexual… lo encuentra aquí. Te guste lo que te guste, siempre va a haber alguien que comparta tus intereses”, nos cuenta Cynthia Sánchez, de treinta años, que emite con el nombre de Sanlaris.

Y, sí, todo cabe en sus variopintos canales enfocados a los públicos más diversos. Los videojuegos –mejor dicho, ver cómo un streamer juega– son su contenido mayoritario, pero no el único. Podemos encontrar a periodistas que retransmiten su visión de la realidad sin tener que estar contratados por ninguna cadena de televisión, humoristas que ensayan sus monólogos, aficionados a la cocina que retransmiten sus barbacoas del fin de semana, músicos que dan un concierto desde el salón de su casa, mientras la audiencia puede comentar en el chat y votar en tiempo real cual es el tema que más les gusta, drag-queens jugando a videojuegos de zombies, una abuelita pop que retransmite partidas de Red Dead Redemption 2 desde la bañera de su casa, canales con sonidos ambientales para estudiar o trabajar, un equipo de soldados gamers pagados para hacer publicidad de la carrera militar –según The Guardian, el Ejército británico ha firmado un contrato para reclutar a jóvenes a través de Twitch–.

En la actualidad, es la plataforma con más tráfico de usuarios de streaming del mundo. “Lo que engancha es esa espontaneidad del directo. Y también es interesante que cualquier persona desde su casa puede crear su propio contenido. Te facilita acercarte a la audiencia sin depender de una productora”, indica a MUY Vicent Martí, cofundador de la empresa de herramientas para Twitch Streamloots. Algo así como una tele con infinitos canales donde puedes interactuar en directo con el presentador de cada programa. Porque, precisamente, ese es su rasgo más característico: la interactividad. Al entrar en un canal, aparece un chat a la derecha de la pantalla, donde los seguidores del streamer están continuamente expresándose en tiempo real, durante la retransmisión en directo. El streamer suele ir leyendo en alto y respondiendo a esos comentarios uno por uno –¡sobre todo, si no son cientos!–.

“Puedes chatear con un futbolista o con un músico famoso. Te sientes más cercano a tus ídolos”, comenta Martí. Así, ha supuesto un cambio radical en el fenómeno fan de toda la vida: “Antes guardabas colas de 24 horas bajo la lluvia para ir al concierto, ahora pagas al streamer por ver su contenido VIP. En vez de apoyarle gritando su nombre cuando sale a la calle, lo haces haciéndote suscriptor de su canal o dándole likes . Es más cómodo y puedes hacerlo desde tu casa”, observa.

En Twitch, todos son bienvenidos, y para empezar a chatear durante un directo, solo hay que registrarse, que es gratis. “Es una manera de compartir. Mi comunidad para mí es muy especial, porque son ellos los que me están permitiendo vivir de esto. Con ellos, compartes emociones, sentimientos, casi lo saben todo de tu vida. Aunque, obviamente, tienes que poner ciertas barreras, límites entre lo público y lo privado”, reconoce Chibi, que tiene 9600 seguidores y 56 suscriptores. “Estás ahí porque te quieres sentir arropado por tu comunidad, por eso quieres que haya gente en el chat”, nos confiesa Sanlaris. Y es que, igual que hay estrellas –los streamers–, los espectadores interactivos de cada canal son el otro lado de la moneda, el contrapeso que da sentido a la plataforma. “Cuando te muestras en un stream tal como eres, creas una comunidad que gira alrededor de ti, de lo que haces. Están ahí porque tú les gustas, les atrae lo que haces, cómo hablas. Es gente que te admira”, recalca.

Aunque hay categorías y canales para todos los gustos, los videojuegos siguen copando el grueso de su contenido. ¿Pero qué gracia tiene ver jugar al ordenador a otra persona? Puedes aprender nuevos trucos o comprobar si ese título te gusta o no antes de comprártelo. Pero el verdadero atractivo está en la personalidad del streamer: muchos usuarios se unen a un canal determinado porque les atrae la forma de expresarse o comportarse de su autor, más que por ver cómo maneja el mando. “Carisma, creatividad, buen rollo, don de gentes y ganas” son esenciales para cocinar un buen chat, según nos dice Sanlaris.

También es verdad que este fenómeno digital de masas no siempre necesita que haya un ídolo o streamer al que seguir. Hay canales en que el protagonista es el propio chat, es decir, la comunidad que conversa sobre determinados temas, mientras en la imagen del vídeo en directo se ve simplemente cómo las olas rompen en una playa o cómo se mueve un hámster en una jaula. En Stopsigncam, por ejemplo, la cámara enfoca a una señal de stop en un cruce de una calle de Salem, en Massachusetts, que se saltan el 98 % de los coches. Aquí, la estrella es la conversación que fluye en el chat –asombrosamente lleno a todas horas de todo y de nada–. Eso sí, cuando alguien para delante de la señal, el chat se vuelve loco.

Twitch nació en 2011 dentro de Justin.tv –un servicio de vídeos y streaming–, para retransmitir partidos de videojuegos en directo. Su éxito fue tan arrollador que, en solo tres años, se convirtió en la cuarta plataforma con mayor tráfico de internet en Estados Unidos. Un cebo irresistible para el gigante experto en olfatear un negocio redondo donde lo haya, Amazon, que la compró a finales de 2014 por 800 millones de euros. Al mismo tiempo, las grandes marcas han encontrado aquí un lugar ideal donde anunciarse, a través de los streamers. Esto les permite personalizar su publicidad en función del público objetivo de cada canal y aprovechar esa relación más cercana que se da entre el influencer y su audiencia, que se mostrará mucho más receptiva a dejarse seducir por sus consejos publicitarios que si escucha un spot en la televisión.

Si ya era una plataforma fuerte antes de 2020, Twitch ha sido uno de los grandes ganadores de la crisis sanitaria: las horas de visualizaciones han crecido un 82 % desde marzo de 2020, según datos de los analistas de mercado Rainmaker.gg. Incluso ha desbancado a YouTube y le ha robado casi todos sus youtubers. Una buena razón es que paga más. Mientras en este necesitas tener un mínimo de mil suscriptores para empezar a cobrar, para entrar en el programa de socios de Twitch –paso necesario para generar ingresos–, los requisitos mínimos son alcanzar una media de 75 espectadores y haber retransmitido, al menos, 25 horas al mes en 12 días diferentes. Como nos comenta Sanlaris, “con la pandemia, hay muchas personas que se han quedado en paro y, a corto plazo, han encontrado aquí un lugar para conseguir un dinero extra”. Al otro lado de la pantalla, “la gente ha tenido que reinventar la forma en que consume el tiempo y el ocio y lo ha hecho apostando por algo más activo, donde puede interactuar, en vez de estar delante de la tele y tragarse todos los capítulos seguidos de una serie”, apostilla Chibi.

Desde 2017, esta sevillana tiene su propio canal en Twitch, donde en la actualidad hace directos todos los días. “Yo hablo mucho sola, es algo natural en mí. A la gente le hacía gracia que siguiera manteniendo una conversación conmigo misma mientras hacía cosas en el juego”. Lo que ofrece en su canal de videojuegos es compartir un “rinconcito de creatividad, tu chispita de felicidad y que nadie te juzgue por ello”.

¿Y qué pasa si, mientras alguien emite, un gracioso se dedica a hacer comentarios ofensivos en el chat? “Crecer y ganar fama en poco tiempo atrae a los haters u odiadores. Cuanta más visibilidad tienes, más fácil es que te critiquen o echen por tierra tu trabajo. Tienes que ser muy fuerte para que no te afecte”, aconseja Sanlaris. Pero, por lo general, “tus seguidores enseguida salen a defenderte”, añade. Además, para eso también están los moderadores: aunque también pueden hacerlo los bots de la plataforma, por lo general “son gente de tu comunidad que altruistamente te quieren ayudar, mientras estás en directo. Se encargan de dar información y contestar preguntas en el chat si tú no puedes, banear o echar durante un tiempo a algún usuario molesto…”, apunta.

Aun así, el directo es difícil de censurar y con frecuencia se cuela contenido muy sexualizado. Como una joven de pechos rebosantes sentada con un tanga a horcajadas sobre un flotador con forma de plátano, hablando de relaciones desde una piscina portátil desde su casa. “La comunidad pura de Twitch intenta denunciar este tipo de cosas que bajan la calidad de la plataforma. No es el objetivo. Los espectadores de esos canales los ven por lo que los ven, deberían irse a otras plataformas que sí están enfocadas en eso”, se queja Chibi.

Lo mismo opina Sanlaris, programadora de profesión, que tiene canal propio desde hace tres años, donde dedica un 10 % de los directos a hacer tareas de programación y diseño gráfico. “Me encanta que la gente vea lo que estoy haciendo porque sé que, tal vez, les sirva como guía. Les digo que me pregunten lo que quieran y, a veces, también me dan solución a lo que estoy buscando”. El 90 % del tiempo restante, se lo llevan los videojuegos. En especial, esta streamer se vuelca en una de las tendencias de moda en Twitch, el role play, en su caso del videojuego GTA. “Consiste en crear una historia paralela a tu vida real, con un personaje que tiene su propio pasado, sus propios pensamientos. Tú tienes una intencionalidad con tu avatar, pero no sabes lo que va a pasar, nadie lo sabe”, nos dice. Ese personaje interactúa en tiempo real dentro del escenario del juego con otros y le van pasando cosas, evoluciona, conoce gente, encuentra trabajo, busca piso, hace amigos y enemigos, tiene conversaciones, se casa, se convierte en estrella de cine o en dentista, invierte en bolsa, viaja, pasa alegrías y calamidades… Cualquier cosa le puede suceder en el mundo digital en el que “vive”. ¿Imaginas que pudieras formar parte de tu película favorita y entablar una conversación con sus protagonistas dentro de la trama, incluso, influir en cómo se desarrollan los acontecimientos? Es lo que se hace en los juegos de role play. “Se crean historias muy interesantes. ¡Para qué quiero Netflix si puedo vivir mi propia serie en directo!”, comenta Sanlaris. Suena como algo que fácilmente podría atrapar tu atención y tu tiempo. “¡Claro que engancha! ¡Ymucho! –reconoce–. De hecho, en Twitch están prohibidos juegos hiperrealistas de este tipo, como Second Life, un chat gráfico en 3D, donde el jugador se crea su avatar con su propia personalidad y esa es su segunda vida, porque crean mucha adicción”.

Sanlaris ha llegado a tener cien suscriptores en un mes: “Gracias a eso pude comprarme el micrófono de mis sueños”, apunta. Como para muchos streamers, Twitch es, para ella, “por ahora, un hobby, que me ha proporcionado dinero para poder comprar tecnología para mejorar el stream. Pero conozco gente que puede ganar alrededor de 800 euros al mes con esto, lo que no está mal”. Precisamente, esa es la función de los suscriptores, que pagan para apoyar al streamer. El precio oscila entre 4 y 20 euros mensuales por canal –si tienes Amazon Prime, te da derecho a un canal gratis al mes–. La mitad se irá para el creador de contenido y la otra mitad para Amazon –solo los más famosos, como el Rubius o Ibai Llanos han logrado un acuerdo del 70/30 con la plataforma–. A cambio, los suscriptores tienen ventajas: su nombre en el chat aparece con un icono que los identifica como seguidores prémium, pueden usar emoticonos o stickers personalizados del streamer, acceden a widgets y contenidos variados… Privilegios parecidos –incluso, chatear a solas con el streamer– pueden comprarse a cambio de donativos por PayPal, que sí son íntegros para el streamer, a partir de un céntimo al infinito. También puedes comprar cheers –cien por un euro–, “una manera de animar el stream”, opina Chibi, en la que sale un icono con determinado sonido en medio del directo.

Es una nueva forma de mecenazgo, en que el artista o creador se mantiene gracias a la suma de los micropagos de sus seguidores. Según Chibi, “la gente es consciente de que te cuesta un tiempo hacer ese contenido y quiere apoyarte para que sigas creando”. Lo malo es cuando eso se hace “con el dinero de los padres y a costa de perder horas de sueño”, señala a MUY la psicóloga Consuelo Tomás, directora del Instituto Valenciano de Ludopatía y Adicciones no Tóxicas.

Porque… ¿y si te pasas la vida delante de Twitch y desatiendes tus estudios o tu teletrabajo? Cuando le preguntamos a Chibi por ello, nos responde que “lo bueno que tienen los streams es que puedes hacer como la radio, dejarlo como sonido de fondo mientras haces otras cosas. También hay streams que están enfocados a grupos de estudio, con música relajante y soniditos típicos de la biblioteca”. Sin embargo, las consultas de especialistas en adicciones tecnológicas como Consuelo Tomás están cada vez más llenas de usuarios que precisan atención psicológica. “Sobre todo, viene gente muy joven, de nueve a veintipocos años. Son chavales desmotivados, que no quieren ni estudiar ni trabajar. Normalmente, los padres detectan el problema por la bajada de su rendimiento académico o cuando llega la cuenta de la tarjeta y ven todo lo que se han gastado en apoyar a sus streamers”. Aunque trece años es la edad mínima que debes tener para registrarte, no hay forma de controlarlo.

“Muchos se iniciaron durante el confinamiento y se han quedado atrapados”, corrobora esta experta. De todas maneras, quiere dejar claro que no hay que demonizarlas y que todo depende del uso que se les dé. “Las redes sociales son útiles para algunas cosas. Tenemos que aceptar que la forma de ocio está cambiando, sobre todo para los más jóvenes. En este sentido, Twitch ha marcado una diferencia con todo lo que había antes. Ahora podemos acceder al contenido de forma inmediata las 24 horas del día. El problema está cuando empezamos a perder el control del tiempo que invertimos y cuando se convierte en el eje de tu vida, dejas de hacer otras actividades, interfiere en otras áreas de tu vida –rendimiento académico, relaciones sociales y familiares…–”, advierte.

También los creadores de contenido pueden llegar a necesitar ayuda psicológica. Si lo que quieren es forrarse como Ibai Llanos o el Rubius, streamear se convierte en un trabajo realmente exigente. La sobreexposición tiene sus riesgos, sobre todo, cuando tu fama –y tu audiencia– comienza a desbordarse. En palabras de Martí, “el negocio depende de que estén bien, sean divertidos y entretengan al público. Hacen muchas horas y todo el rato están viendo subir y bajar sus ingresos y su número de seguidores. Eso genera mucho estrés y ansiedad, por lo que es habitual que, en algún momento, necesiten ayuda. Por eso, Streamloots, una startup valenciana que está haciendo su agosto a la sombra de Twitch, ofrece a los streamers un programa de salud mental en colaboración con una clínica estadounidense que “sirve para detectar si hay un problema y guiarlos en los primeros estadios, para que aprendan a poner barreras y protegerse desde el principio”, explica.

Que sirva como aviso a navegantes, porque, nos guste o no, como afirma Martí, “esto es el presente. Y va a seguir creciendo”