¿Las pantallas son de verdad tan peligrosas para la vista?

La luz azul que emiten las pantallas puede dañar la retina: este es el argumento de importantes fabricantes de filtros, apoyado por algunos científicos. Sin embargo, la mayoría de los oftalmólogos se muestran escépticos ante esa conclusión.

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Casi el cien por cien de la población adulta tiene móvil y lo utiliza a diario. ¿Qué pasaría si se demostrara que tal hábito amenaza la salud ocular, que la retroiluminación de las pantallas puede dañar las células de la retina e incrementar el riesgo de degeneración macular o ceguera central irreversible, entre otras cosas? Sería un bombazo que obligaría a los ciudadanos a plantearse sus costumbres, y a los fabricantes a tomarse en serio la necesidad de cambiar sus pantallas o añadirles filtros protectores.


Todavía no hay pruebas sobre este efecto de la luz azul –aquella que tiene una longitud de onda de entre 380 y 475 nanómetros–, pero sí empresas que basan su negocio en él. Por ejemplo, la española Reticare, que a finales del verano de 2013 fue pionera en lanzar un filtro físico que, colocado sobre la pantalla de los móviles y las tabletas, impedía que estas presuntamente peligrosas radiaciones alcanzaran los ojos. La base científica del asunto corría a cargo de la doctora Celia Sánchez-Ramos, especialista en salud ocular que llevaba muchos años investigando sobre el tema.

Ese mismo año, Sánchez-Ramos publicó con otros científicos un estudio en el que exponía la posibilidad de que la luz emitida por las pantallas led –siglas inglesas de diodo emisor de luz– atacara a las células epiteliales pigmentadas de la retina humana. Además, se destacaba el efecto protector de los filtros frente a la retroiluminación. Según este trabajo, no toda la luz de las pantallas resulta perjudicial, tan solo los picos de luz azul violeta. Y justo esos eran los que filtraban las pantallas de Reticare.

 

¿Quién lleva razón?


Sus conclusiones fueron avaladas por la Universidad Complutense y, más tarde, corroboradas por la publicación en la revista Nature de un trabajo de la Universidad Farmacéutica de Gifu (Japón). Sin embargo, si hay una relación directa entre el uso de las pantallas y la degeneración macular, ¿por qué no hay más ciegos? ¿Por qué no se alerta a la población? ¿Por qué no se obliga a los fabricantes a integrar los filtros necesarios para frenar esa luz tóxica?


¿Por la lentitud de la administración en tomar medidas? ¿Por las presiones de la poderosa industria de la electrónica de consumo? Lo cierto es que la comunidad médico-científica no tiene una posición concluyente sobre el asunto, y ese es el freno principal. No hay pruebas definitivas de que la luz azul de móviles, tabletas, lámparas led, televisores y demás dañe la retina de los usuarios.

 

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Sin embargo, Reticare no está sola en el negocio. Essilor, el gigante de la fabricación de lentes, ya vende filtros para reflejar la luz azul violeta y/o absorberla, además de los ya habituales filtros ultravioleta para protegernos de la luz azul del cielo. Y los propios fabricantes de electrónica incluyen modos nocturnos o de atardecer que la atenúan. Es el caso de los móviles de la familia Galaxy S10 de Samsung, que en sus especificaciones dan por supuesto que esta clase de radiación es algo que deberíamos evitar o dosificar. oftalmólogos escépticos. La Sociedad Española de Oftalmología (SEO) mantiene que no existen pruebas que avalen tal daño, pero siguen surgiendo investigaciones que dicen lo contrario. Dos informes hechos en la Universidad Complutense en 2017 asocian la luz azul con el daño macular.

Según Nilo García, director ejecutivo de Reticare, “hay grupos investigando en todos los continentes con resultados similares. La mayoría son estudios in vitro y en animales de laboratorio. Sin embargo, en el caso de la Complutense, se hicieron con células humanas”. Entre media docena de trabajos, García destaca uno publicado en julio de 2018 en Nature por un equipo de la Universidad de Toledo (Ohio, Estados Unidos), “que demuestra el mecanismo intracelular que induce la muerte de las células de la retina expuestas a la luz azul”. Pero García no deja de ser parte interesada, claro. Como Zagg, una compañía estadounidense que desde el año 2005 fabrica y comercializa protectores de pantalla para móviles y tabletas.


Sus productos reciben el nombre comercial de Invisible Shield, y además de defender la pantalla de golpes, dicen proteger los ojos de la radiación. Según la firma, “se ha demostrado que la luz azul de alta energía contribuye a la tensión ocular digital que puede causar ojos secos e irritados, interrupciones y pérdida de sueño, visión borrosa y envejecimiento prematuro de los ojos, sobre todo en niños”.


Hay discrepancias acerca de la toxicidad de la luz azul, también presente en la que recibimos del sol; esta es natural y hemos convivido con ella desde el inicio de la humanidad. Los fabricantes de filtros replican que es saludable en niveles normales de exposición, pero que el problema residiría en la exposición constante a las pantallas, más grave en la primera infancia, cuando los ojos no han desarrollado del todo la capacidad de filtrar las radiaciones.


José María Ruiz Moreno, catedrático de Oftalmología de la Universidad de Castilla-La Mancha y jefe del servicio de Oftalmología del Hospital Universitario Puerta de Hierro de Majadahonda (Madrid), es escéptico sobre estos riesgos. "No tenemos pruebas de que esta luz dañe la retina, de momento no hay estudios concluyentes al respecto".

 

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"Eso no quiere decir que sea totalmente inocua; puede influir en el sueño, secar los ojos y causar irritaciones”. Su opinión es compartida por el Comité Científico Independiente de Riesgos Sanitarios Emergentes de la Unión Europea, que en un informe afirma que “no existen evidencias de un efecto adverso y directo sobre la salud causado por el uso normal de ledes en lámparas o pantallas”.

Por otro lado, quienes denuncian los efectos negativos de la luz azul –desde la activación de mecanismos en teoría mortales para las células de la retina hasta la irritación ocular o interferencias en el sueño– aducen que llevamos poco tiempo rodeados de pantallas, y que por eso todavía no hemos notado sus nocivas consecuencias a fondo.

 

Aval de premios nobel

Mientras, los fabricantes de filtros presumen de respaldo científico. Reticare cuenta con el asesoramiento de dos premios Nobel: Sir Richard Roberts, de Medicina, y Sheldon Lee Glashow, de Física.

Y la multinacional Essilor-Varilux se apoya desde hace años en los trabajos del Instituto de la Visión de París, dependiente de la Universidad Pierre y Marie Curie, de la Sorbona. De la colaboración de Essilor con ese instituto, que se remonta a 2008, surgieron los primeros ensayos in vitro en células de la retina realizados por la industria oftalmológica. Ya en 2011, publicaban que la banda específica de luz azulvioleta era la más perjudicial para las células de la retina. A partir de esos datos, han desarrollado diversos sistemas de protección que aplican a sus lentes, en forma de filtros que reflejan o absorben la radiación no deseada.

 


¿Por qué se iluminan las pantallas?


Para que podamos ver el contenido que nos muestran un smartphone, una tableta o un televisor, las pantallas de estos dispositivos deben estar iluminadas. A diferencia de un libro, que necesita una luz externa, las pantallas cuentan con la suya: retroiluminación por una matriz de puntos led, o por puntos que se iluminan directamente, como ocurre con el oled. En ambos casos se emite luz a los ojos del usuario, y desde muy poca distancia, si hablamos de móviles y tabletas.


La iluminación, en la mayoría de los casos, se basa en emisores de luz azul que se filtra con fósforo para que dé luz blanca. Además, esta es cada vez más brillante, dada la pelea de los fabricantes –sobre todo los de móviles– por producir pantallas con más brillo, algo fundamental para poder verlas con claridad en exteriores, bajo la luz solar. Para que el usuario no tenga que ir buscando la sombra o cambiando la orientación del teléfono, se aumenta al máximo el brillo. ¿Cómo?

Disparando la emisión de la luz azul. ¿Y qué pasa con los lectores de libros electrónicos? Estos aparatos se libran del debate, pues la tinta electrónica que utilizan no necesita retroiluminación. Su tecnología se basa en una lámina con millones de esferas que, en función de la carga eléctrica, muestran su lado negro o blanco. Estas esferas son los puntos que forman las letras que se muestran en la pantalla.

Por otro lado, los e-readers más avanzados cuentan con sistemas para leer a oscuras basados también en puntos led. Pero, a diferencia de móviles, tabletas y televisores, la luz no se proyecta hacia el usuario, sino hacia la superficie del dispositivo.