Ramón L. de Mántaras: ‘La inteligencia artificial no tiene mucho que decir sobre la inmortalidad’

El director del Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial del CSIC nos ilustra sobre los diferentes tipos de inteligencias humanas y su diferencia respecto a la artificial.

Ramón es una de esas autoridades en su disciplina que no admiten discusión. Y no lo digo yo, que no soy nadie en el terreno que él domina. Lo dice su propia biografía:  Profesor investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y director del Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial (IIIA). Máster en Ingeniería Informática por la Universidad de California Berkeley, doctor en Física por la Universidad de Toulouse y en Ingeniería Informática por la Universidad Politécnica de Barcelona. Pionero de la inteligencia artificial en España y conferenciante plenario en numerosos congresos internacionales. Miembro del consejo editorial de varias publicaciones internacionales y de la Asociación Europea para la Inteligencia Artificial (EurAI). Premio Ciudad de Barcelona a la investigación; el Robert S. Engelmore Memorial de la American Association of Artificial Intelligence (AAAI) en 2011; galardón nacional de la Sociedad Científica Informática de España en 2012; y Distinguished Service Award de la EurAI. También forma parte de distintos paneles de expertos y consejos asesores de instituciones públicas y privadas de Estados Unidos y Europa.

 

 

Y con estas credenciales, entramos en harina a hablar de lo que él sabe, para corroborar desde el inicio de la charla que la inteligencia artificial llegará un día que sea indistinguible de la humana, pero que aún estamos muy lejos de ese día. “Hoy la IA es específica. Sólo hace bien una cosa. Es capaz de ganar al mejor jugador del mundo de ajadrez, pero la misma máquina será incapaz de reconocer imágenes de gatos, por ejemplo”. A esto Ramón le llama el ‘olvido catastrófico’, porque la inteligencia artificial hoy es incapaz de realizar multitarea y de aprender incrementalmente como los humanos.

 

Y en lo que es aún más categórico el director del IIIA es en afirmar que la IA no tiene ni tendrá mucho que decir de cara a la mortalidad o inmortalidad de los seres humanos. Ahora bien, si entendemos por inmortalidad poder subir a un ordenador toda la información de nuestro cerebro, con todos nuestros recuerdos, nuestra vida, …, entonces podríamos hablar de un tipo de inmortalidad, entre comillas. “Pero nadie sabe tampoco como hacer esto. Y, además, desde el punto de vista de la neurociencia tiene muy poco sentido porque el cerebro está continuamente cambiando y es muy dinámico, no es una foto fija”.

¿De qué sirve en un momento determinado hacer una foto fija de nuestro cerebro?, se pregunta López de Mántaras a sí mismo. Un segundo antes sería una cosa, y un segundo después de hacer la ‘foto’ sería otra. Y no podríamos decir que la foto tomada sería fiel a lo que somos. “Para mi todo esto es ciencia ficción, y no creo que se llegue nunca a hacerBueno, probablemente se llegue a intentar, pero no creo que se llegue a lograr”.

Respecto a los miedos en el terreno de la IA, el director del Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial del CSIC señala que a quien hay que tener miedo es al ser humano. “La máquina no deja de ser una herramienta que como toda tecnología tiene doble uso. Se puede utilizar para el bien o maliciosamente”. Y este es un problema que está ahora a debate en Congresos de IA para inculcar principios éticos en las formaciones de ingenieros y tecnólogos para que tengan en cuenta que lo que van a hacer en el futuro tendrá repercusiones importantes en el empleola privacidad, el control potencial de las personas, las armas autónomas, etcétera.

Y nadie sabe si la IA destruirá más empleos de los que creará. Si se mira la Historia, parece ser que las tecnologías que se han ido introduciendo han compensado, no a corto plazo sino a medio plazo, los empleos que inicialmente se han destruido creando empleos que ni se podían imaginar. Esto volverá a pasar. En un futuro habrá empleos que hoy no podemos ni imaginar. También es cierto que habrá una época transitoria en la que antes de que se creen empleos nuevos existirá un problema grave de destrucción de empleo. Y habrá que hacer algo.

 

López de Mántaras habla en este ámbito de la renta básica universal. “Cuando se automatizan los sistemas de producción mediante robots u otros dispositivos automáticos el empresario tendría que seguir cotizando a pesar de que se ha quitado de encima trabajadores humanos. Habría que redistribuir la riqueza que se genere, y seguir pagando los mismos impuestos, o incluso más”. Y esta sería la única manera, dice el profesor del CSIC, de que hubiera paz social y estabilidad en una época dorada en la que la inteligencia artificial estuviera generalizada.

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