Schubert, creo, también hubiera acabado su Sinfonía 'Inacabada' con IA

La inteligencia artificial no es el Santo Grial, pero sí puede convertirse, si se usa con equidad, con racionalidad, y con fundamento, en un aliado perfecto para incrementar la eficacia en muchos sectores. En Londres hemos comprobado cómo puede acabar una obra que ha estado inconclusa 196 años.

No. No soy un experto en música. Tampoco en inteligencia artificial (IA). Es lo que me gustaría. Y por ello es por lo que voy a escuchar lo que los científicos dicen o hacen, lo que en las Universidades se progresa en la investigación, o lo que las empresas desarrollan con sus tecnologías disruptivas y de vanguardia, como la propia IA. Aún sin ser un legado en la materia, sí puedo decir que por mi sangre discurre el noble arte de la música. Mi padre era músico, y con sus notas, su saxofón y las piezas de Beethoven, Chaikovski, Mozart o Schubert, entre otros, mi padre intentaba apaciguar mi hiperactividad cuando yo todavía no había cumplido mi primer lustro.

Sí. Desde que tenía cinco años veía los pentagramas, las claves de Sol, las blancas, las negras, las redondas, corcheas, semicorcheas, … y las partituras de los compositores de clásica que a mi padre le gustaban, entre ellos Schubert. Con pronta edad escuchaba esa música, que me calmaba, me sosegaba, y me gustaba, aunque no la entendía. Y me explicaba quien me educó el oído que Schubert murió con 31 años, de una gonorrea complicada con fiebres tifoideas, después de padecer sífilis durante muchos años.

Cuando me explicaba mi padre una partitura me contaba lo que el autor quería contar con su música, y en la de Schubert, en la Sinfonía Inacabada, en sus dos movimientos acabados, me decía que se podía ver su pasión por la música, y el sufrimiento que soportaba en su vida con su enfermedad. Y cuando Huawei me llamó para decirme que su inteligencia artificial había acabado la Sinfonía Inacabada de Schubert no lo dudé. Quería escuchar lo que había sido capaz de hacer el procesador de 7 nanómetros Kirin 980 y su doble Unidad de Procesamiento Neuronal (NPU) de la mano de un compositor de moda, joven, como Lucas Cantor, con un bagaje orquestal muy centrado en las bandas sonoras de películas.

En seis meses, nos contaron, la IA del procesador de Huawei fue capaz de computar y analizar toda la producción musical de Schubert en sus 31 años de vida. Creaciones como La Bella Molinera o La Muerte y la Doncella, escritas en sus últimos años de vida, o los dos movimientos de la llamada Sinfonía Inacabada, que comenzó en octubre de 1822. Tan sólo seis años después moriría, y su obra quedaría guardada más de cuarenta años en un cajón.

IA de Huawei

Cantor nos dijo en Londres, en la antesala del Cadogan Hall donde pude escuchar tanto los dos movimientos que concluyó Schubert como los que terminó la inteligencia artificial del fabricante chino, que él sólo había tardado en escribir la partitura de los dos movimientos inacabados tres semanas, gracias al trabajo anterior del Kirin 980. Y ante una pregunta, después de su experiencia con Huawei y su IA, de si él utilizaría la inteligencia artificial para componer una obra propia, fue tajante al afirmar que “sí lo haría”. Y dijo, además, que se lo recomendaría a cualquiera de sus colegas.

Y sí, esta no es la primera experiencia que hay en el mundo del uso de la inteligencia artificial para acabar una pieza de música, o para construir una nueva, o para generar nuevos sonidos, tonos, timbres o matices instrumentales. No pienso, como alguna crítica gratuita recibida, que Huawei haya inflado su ego con esta experiencia como si fuera única o diferencial. “Tan sólo”, comentó Walter Ji, presidente de la Unidad de Negocio de Consumo de Huawei en Europa, “es una demostración de lo que la inteligencia artificial puede hacer en su conjunción con la inteligencia humana. No se trata de que las máquinas sustituyan a las personas, sino de que las complementen y ayuden a generar nuevas soluciones en todos los ámbitos de la vida”.

Sólo puedo decir que estoy de acuerdo, con Walter Ji, y con Mike Dillinger, y con todos los que piensan de esa manera. La IA, a pesar de sus sombras, nos ayudará. Y si mi padre, que me inculcó el amor por la música clásica, y por el significado de lo que decían las notas, hubiera visto esta obra acabada de Schubert, quizás no la hubiera entendido, y la habría rechazado. Pero yo le habría explicado, como él hizo conmigo cuando no entendía lo que oía, que la tecnología nos permite y permitirá trabajar mejor para crear historias más apasionantes y, porqué no, músicas más bellas.

Por último, mi humilde impresión de lo que creó la inteligencia artificial de Huawei, los movimientos tres y cuatro de la Sinfonía Inacabada de Schubert. Habiéndola escuchado sólo una vez, sin sosiego, y con unas luces que en el escenario me recordaban más a una discoteca, y no me gustaron, el tercer movimiento no me recordó ni a Schubert ni a su obra inacabada. Escuché mucha cuerda, mucho violín y poca percusión y viento en la misma pieza. Creo que el trabajo de Cantor, para mi gusto, mejoró en el cuarto movimiento. Pero la volveré a escuchar, cerrando los ojos, como mi padre me decía que había que escuchar las obras clásicas, y notando cada uno de los instrumentos que entraban en escena y encontrando su significado.

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