Empatólogo, el nuevo trabajo que enseñará a la IA a conectar con personas y máquinas

Alguien tendrá que enseñar a la IA a ser empática, y este podría ser uno de los trabajos del futuro.

Dos científicos americanos, Michael Bannissy y Chris Edgar, se han liado la manta a la cabeza para desarrollar las primeras máquinas que empaticen con las personas u otras inteligencias, humanas o artificiales. Pero alguien tendrá que enseñar a la IA a ser empática. Este podría ser uno de los trabajos del futuro.

Ya es difícil serlo, o lograrlo, para el ser humano, como para encima pedirle a las máquinas, o a la inteligencia artificial (IA), que lo sea. La empatía es, y no miro ningún diccionario, esa técnica o conexión que tenemos unas personas con otras, sin saber muchas veces porqué existe. Algunos lo llaman ‘química’, por no decir empatía. Y ahora, ni cortos ni perezosos, a Michael Bannissy, profesor jefe del departamento de Psicología de Goldsmiths, y Chris Edgar, investigador postdoctoral en Banissy Lab, se les ocurre hablar de la empatía en la inteligencia artificial.

¿A qué se refieren exactamente? La inteligencia artificial (IA) tiene cada vez mayor presencia en nuestro día a día, ya sea a través del asistente de voz en el teléfono o de los algoritmos complejos que se utilizan para ganarle la batalla a las enfermedades. La forma en que diseñamos las interacciones con los sistemas de IA y los resultados que proporcionan deben considerase cuidadosamente. Además, en el f uturo, la responsabilidad de diseñar la empatía artificial podría recaer en un nuevo trabajo/puesto que aún no existe: el “empatólogo”.

Michael Bannissy y Chris Edgar han investigado cómo las personas perciben, interpretan e interactúan con los demás, ofreciendo una perspectiva única y académica que va más allá del campo de la tecnología pura. La empatía, dicen, es una parte fundamental de nuestras vidas, que contribuye a la colaboración y la cooperación, y trasciende las culturas, los comportamientos sociales y el bienestar. Según Banissy, “los seres humanos son seres sociales. Si realmente quieres pensar en desarrollar tecnología como la IA, creo que es crucial que se involucre a la empatía de alguna manera”.

Un sistema de inteligencia artificial con capacidad de empatía podría proporcionar interacciones más naturales, teniendo en cuenta nuestro estado de ánimo o sentimientos. “Dependiendo del tipo de información que se quiera transmitir, de cómo se quiera que reaccionen los individuos, o de cómo se prediga que van a reaccionar ante ella, será necesario entender el estado actual de dichos individuos”, dice Edgar. “En cierto modo, su estado emocional te dará una pista de cómo responderán.”

Los asistentes de voz son un ejemplo de ello. La forma en que entregan la información podría ser modulada para responder apropiadamente en función del estado emocional actual de un individuo, resultando en una experiencia más natural. Esto, sin embargo, no es una tarea fácil. Si bien es posible que la máquina aprenda a diferenciar entre sonrisas y ceños fruncidos, la realidad es que podemos llorar con alegría o sonreír con frustración, dependiendo de nuestro estado de ánimo y de nuestra personalidad individual.

“Actualmente, los algoritmos de machine learning son bastante buenos para reconocer algunas señales fisiológicas o conductuales que se asocian con estados emocionales específicos”, cuenta Edgar. “Sin embargo, si buscas las teorías más sofisticadas de las emociones, y cómo se producen, hay una gran variedad de ellas, y no hay una correcta por encima de las demás. Todas son complicadas, y no es tan simple como reconocer el tono de voz, la postura o la expresión facial de alguien. Hay mucho más que eso”.

Alguien con formación académica en empatía podría utilizar su experiencia para mejorar la comprensión de los diferentes matices emocionales por parte de los sistemas de IA. Al mismo tiempo, trabaría en la mejora de los algoritmos para comprender mejor las señales emocionales de los usuarios individuales. En última instancia, podría ayudar a los sistemas a ir más allá de la mera medición de la expresividad superficial.

La diversidad se considera como uno de los pilares de los equipos para conseguir el éxito, ya que los diferentes puntos de vista y experiencias suman para lograr mejores resultados finales. Como reflejo de esto, un sistema de inteligencia artificial es tan bueno como el modelo sobre el que se construye -si se alimenta con un conjunto reducido de datos, su funcionalidad será más limitada-. Por eso, el papel de un empatólogo podría resultar vital. Los diferentes puntos de vista y conocimientos que podrían proporcionar ayudarán a garantizar que los sistemas se diseñen con una visión que trascienda la puramente tecnológica.

Banissy afirma que “si lo piensas de manera más amplia, creo que se trata realmente de alguien que puede aportar los conocimientos de una extensa gama de fuentes complejas, para ayudar a los equipos de desarrollo de la IA de la manera más eficiente posible. Hay numerosos modelos y perspectivas diferentes, y es muy fácil confundirse rápidamente. Sería útil contar con alguien con experiencia, que pueda ayudarle a entender los diferentes componentes de lo que es más relevante. Es agradable trabajar con otras personas desde diferentes perspectivas, porque te ayudan a encontrar diferentes aproximaciones para abordar los problemas. Esa es la clave de un equipo altamente colaborativo e innovador”.

Diseñar un sistema con ayuda de un equipo más diverso y alimentarlo con un rango amplio de datos dará lugar a algoritmos que serán capaces de predecir o reconocer con mayor precisión las emociones tal y como existen en el mundo real, a la vez que proporcionan una funcionalidad más significativa como resultado.

Desde un punto de vista elemental, existe el desafío puramente científico y tecnológico de construir un sistema de IA que sea capaz de empatizar de una manera natural. Al contrario de los sistemas que sólo proporcionan información, la inteligencia artificial lleva a cabo tareas operativas o hace predicciones basadas en datos. Sin embargo, un empatólogo también podría ayudar a crear sistemas diseñados para tener un impacto positivo en nuestras propias emociones.

En palabras de Banissy, “como investigador en cognición social y empatía, una de las grandes cuestiones en mi campo es que la salud social es una característica crucial en la vida. Sabemos, por ejemplo, que la soledad puede tener efectos muy negativos en la salud y el bienestar, por lo que el desarrollo de un sistema que pueda de alguna forma facilitar o proporcionar beneficios sociales para la salud sería increíblemente beneficioso”.

¿Será este, que las máquinas puedan tener empatía, el comienzo de ese momento que algunos científicos llaman súperinteligencia? O lo que es lo mismo, ¿será el inicio de una inteligencia no biológica superior a la humana? 

Juan Carlos F. Galindo

Juan Carlos F. Galindo

Tras dos décadas dedicado a la comunicación de Productos y Servicios, Innovación, Tecnología, I+D, Televisión y Patrocinios de una gran empresa, me embarco en este blog que dedicaré a mi pasión, la tendencia tecnológica que va a protagonizar la 4ª Revolución Industrial: la Inteligencia Artificial.

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