Windows 11 y el verano del amor

Windows 11, que será instalado en los ordenadores de tres cuartas partes del planeta, podría ser un tiro a la yugular de Apple y Google. ¿Por qué es tan especial?

Windows 11
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Sigue siendo el sistema operativo más utilizado del mundo. Y por un margen más que amplio: lo usan tres cuartas partes de todos los usuarios, que es algo superlativo incluso sabiendo que hace veinte años eran el 95 %. Ayuda mucho que siga siendo el sistema que viene por defecto en la mayor parte de los ordenadores. Cada rediseño tiene un impacto directo y profundo en la productividad de miles de millones de personas, lo que incluye a funcionarios de administraciones, colegios, bibliotecas, ejércitos, gasolineras, bancos y oficinas, donde Microsoft Office sigue siendo el rey. Con todo, hace años que sus reencarnaciones mueren trágicamente jóvenes, algunas canceladas antes de su primer cumpleaños. Es por eso que la última parece tan extraordinaria. En veinte años que llevo cubriendo el mundo de la tecnología, es la primera vez que veo a la prensa especializada tan unida como el Bayern de Múnich para alabar una versión de Windows. Es un momento excepcional.

Para empezar, es más bonito. Su botón de inicio está ahora en el centro inferior de la pantalla y el menú se despliega como el de un smartphone, limpio y ligero. La sincronización móvil-PC ofrece distintas configuraciones de escritorio que se adaptan a cada pantalla y recuerdan un poco a los gestores de ventanas que usamos los linuxeros. Muchos han celebrado que ya no sale Cortana, su asistente virtual, para ayudar con la instalación. La verdadera noticia, sin embargo, es que Satya Nadella, consejero delegado de Microsoft, ha presentado Windows 11 como una “plataforma de plataformas” que quiere integrar las aplicaciones nativas de Apple, Android y todos los desarrolladores que quieran poner sus apps en la tienda de Windows. Nada exclusivo, todo interoperabilidad. Más que un cambio estético, esto es un movimiento tectónico.

El software occidental tiene tres continentes. Por un lado, la plataforma Apple con sus Macs, sus iPhones, sus iPods, sus iPads y su tele, un ecosistema imperial gestionado con mano de hierro desde la Apple Store. Al otro lado está Google, con sus Androids, su Chrome OS y su Google Play Store. Y luego estaba Microsoft, con su Office y su Windows, que parecía disolverse en un océano de irrelevancia, cuando de repente parece querer convertirse en la nueva puerta de entrada a internet. Nadella sustituyó a Steve Ballmer como CEO en 2014, y, desde entonces, no solo se ha convertido en el anti-Ballmer, sino también en el anti-Bill Gates. Y es tan astuto que quiere abrir y regalar Windows para que se convierta en el portal de Azure, la nube de Microsoft. Diría que lleva planeando esa jugada desde que abrió la citada Azure a todas las grandes distribuciones de Linux. De hecho, Microsoft es miembro platino de la Fundación Linux desde 2016.

Fue la jugada maestra de Steve Jobs en 2001, cuando volvió a Apple con un sistema operativo basado en Linux llamado Darwin que rápidamente se convirtió en OS X. Por entonces, era la compañía de la manzana la que presumía de ser un sistema libre y abierto, frente al opresivo y oscuro dominio del monolítico Microsoft. Pues bien, hoy se cambian los papeles, y Windows 11, que será instalado en los ordenadores de tres cuartas partes del planeta, podría ser un tiro a la yugular de Apple y Google, que se enfrentan ahora a procesos por abuso de mercado. Pero también es un tiro en la frente de Amazon, que constituye el 32 % de la nube y es la única competencia de Azure, que tiene el 19 %. La promesa final de Windows 11 será poder encontrar tu escritorio en todas partes, a través de cualquier dispositivo, de cualquier ordenador. La realidad es que estará en Azure, guardado bajo siete llaves en los servidores de Microsoft. 

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