Reconocimiento facial: ¿una amenaza para los ciudadanos?

Los sistemas de reconocimiento facial nos pueden facilitar la vida pero también poner en peligro nuestra privacidad. ¿Dónde ponemos el límite?

Gracias a las nuevas tecnologías hemos conseguido desarrollar diferentes tipos de herramientas para facilitar la identificación de los usuarios. Una de las últimas es el llamado reconocimiento facial. Gracias a nuestra imagen podemos validarnos en los diferentes sistemas informáticos que existen en el mundo. Sin embargo, el propio uso de nuestra imagen también ha dado que hablar. Muchas personas afirman que este sistema será utilizado para tener controlada a la sociedad.

El reconocimiento facial ya ha avanzado con paso firme en diferentes países del mundo. Como en China, donde incluso es posible abrir una cuenta en un banco del país sin estar en el mismo. En tiendas de Toronto, Estados Unidos, ocurre más de lo mismo: se utiliza con el fin de detectar ladrones. Incluso se están investigando maneras de reconocer a personas con el rostro tapado.

Actualmente el mercado del reconocimiento facial mueve más de 3.300 millones de dólares, una cifra que podría llegar a los 7.700 millones de dólares anuales en 2022. Esto es gracias al grado de eficiencia del que disponen los algoritmos, llegando a obtener rondas de financiación especialmente grandes. Sin embargo, centrémonos en la seguridad de la tecnología.

Gracias al reconocimiento facial, en países como China es posible abrir una cuenta en un banco del país sin estar en el mismo.

En 2014, los profesores Alessandro Acquisti, Ralph Gross y Fred Stutzman publicaron los resultados del estudio “Reconocimiento facial y privacidad en la era de la realidad aumentada”. Gracias al uso de una webcam y un software de reconocimiento facial tuvieron la posibilidad de reconocer a uno de cada tres alumnos que circulaban por una prestigiosa universidad. Y para ello solo tuvieron que cruzar la imagen obtenida con la información que les ofrecía el motor de búsqueda de Google o los perfiles de Facebook. En ocasiones incluso pudieron acceder al número de seguridad social de los estudiantes.

El peligro es evidente: si nos toman una fotografía en cualquier lugar y cruzan ese dato con los existentes en Internet utilizando tecnologías de reconocimiento facial, es fácil encontrar a la mayoría de personas del mundo. Incluyendo el acceso, en ocasiones, a información privada.

Por otra parte, eso sí, se podría poner en marcha la llamada policía predictiva, la cual tendría el objetivo de actuar antes de que el delito se produzca. La inteligencia artificial permitiría seguir a alguien a través de cámaras de seguridad, obteniendo información estadística acerca de sus gustos y delitos que podrían poner en marcha. Aunque, de nuevo, es posible que la privacidad de las personas se viera vulnerada.

En todo caso, el peligro está más que presente. Por una parte, es posible tomar una fotografía de las personas en lugares públicos. Y, después, contrastar las imágenes en bases de datos de diferentes servicios. El objetivo podría ser variado: desde intentar evitar delitos hasta conocer los gustos de los usuarios. Sin embargo, nadie ha dicho el límite exacto en el que las investigaciones deberían parar.

La tecnología de reconocimiento fácil es cada vez más efectiva, y los investigadores la están perfeccionando continuamente. Eso sí, será necesario poner en marcha límites con el fin de evitar que los datos guardados caigan en malas manos o se lleven a cabo malas prácticas.

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