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Objetivo: Internet para todos

En el mundo hay lugares en los que las comunicaciones son aún una utopía. Solo en Latinoamérica hay más de 100 millones de personas sin acceso a Internet o con acceso deficiente. Hoy te hablamos de un proyecto que pretende acabar con su aislamiento.

Para la mayoría de nosotros, encender el móvil para consultar una información o llamar a un familiar es un acto cotidiano, al que casi no damos importancia ni valoramos. Ya se nos ha olvidado ese tiempo en el que solo podías localizar a alguien llamando al teléfono fijo. Y muchos de nosotros ni siquiera hemos vivido la época en la que nadie tenía teléfono en casa.

Los tiempos han cambiado mucho, y la tecnología nos ha facilitado la vida enormemente, pero en muchas regiones del planeta, por sus condiciones de baja accesibilidad, las comunicaciones son muy complicadas.

Desconectar es muy bonito, sí, y a todos nos encanta apagar el móvil cuando llegan las vacaciones o queremos disfrutar tranquilamente de la naturaleza o el silencio. Pero tenemos la tranquilidad de que, por ejemplo, en caso de tener una emergencia, podemos volver a encenderlo para pedir ayuda.

El proyecto Internet para Todos de Telefónica tiene el objetivo de conectar a los desconectados, de evitar que gente se quede atrás en el proceso de digitalización. “Hay una cosa de la que estamos convencidos: el mundo digital exige que estén todos conectados. No puede haber digitalización con gente excluida. Y para que la gente esté incluida, necesitamos hacer que nuestras redes lleguen a todos los confines de las sociedades en las que operamos. Y por tanto es una responsabilidad de Telefónica, y es una responsabilidad absolutamente alineada con nuestros valores”, expresa José Juan Haro, Director de Políticas Públicas y de Negocio Mayorista para Latinoamérica de Telefónica. “La calidad de vida mejora sensiblemente cuando están conectadas a Internet”.

 

Tecnología que salva vidas

Uno de los ámbitos donde es más obvio el beneficio de tener unas buenas comunicaciones es la salud. Muchos lugares recónditos del mundo no tienen acceso rápido a un centro de salud, ni mucho menos a un hospital, y cuando se produce un accidente o una emergencia de cualquier tipo, poder comunicarse para pedir ayuda puede salvar vidas.

Esto es lo que le sucedió a Llezmín, residente en Negro Urco, una pequeña comunidad originaria ubicada en plena selva peruana y que es una de las áreas beneficiadas por el proyecto Internet para Todos. Llezmín comenzó a sentir las primeras contracciones de parto a las doce de la noche en su casa. Seis horas después, seguían los dolores pero el bebé no terminaba de nacer. Se dirigió al centro de salud, donde la atendió Alexander, el técnico de enfermería que vela por la salud de los habitantes de Negro Urco.

“La paciente llegó con fuertes dolores. Seis horas ya de trabajo de parto no era normal para una mujer multípara, que ya tenía seis hijos anteriores. Entonces llamé con el celular al hospital de Santa Clotilde para consultar a una obstetra. Le dije que tenía esta paciente, que el bebé no bajaba la cabecita por el canal de parto. La obstetra me dijo que teníamos que evacuarla urgentemente”, recuerda Alexander.

Al no disponer de un ecógrafo, era muy difícil establecer un diagnóstico. El bebé podía tener el cordón umbilical enrollado en el cuello, o ser demasiado grande. Después de tantas horas de trabajo de parto podría estar produciéndose algún tipo de sufrimiento fetal. Las vidas de Llezmín y de su bebé corrían serio peligro.

“Yo estaba bien preocupada, nos cuenta Llezmín con su bebé en brazos. “Gracias a Dios teníamos la tecnología y pudimos comunicarnos mucho más rápido. Me evacuaron en avioneta al hospital de Iquitos y pude tener allá a mi bebé. Estoy muy agradecida a la tecnología”.

Gracias a la existencia de la red móvil, nos explica Alexander, muchos otros casos de accidentes graves, mordeduras de serpiente o gestantes con embarazos o partos de riesgo han podido ser solucionados sin consecuencias funestas: Doris contrajo dos tipos de malaria durante el embarazo de su cuarto bebé y en el octavo mes de gestación tuvo que ser hospitalizada en Iquitos con un cuadro preocupante de convulsiones y fiebre alta; Felipe sufrió el corte de la arteria de su pie izquierdo al dispararse accidentalmente una escopeta de una trampa para caza. Casos como estos no pueden esperar a un traslado de varias jornadas en barcaza hasta la ciudad más próxima y la comunicación para la coordinación de evacuaciones resulta vital.

 

Conectando a los desconectados

Y es que la vida en Negro Urco no es fácil. Se trata de una localidad a la que no llega ninguna carretera, y su principal vía de acceso es fluvial. Para desplazarse hasta otras comunidades o a la ciudad de Iquitos, que es la más próxima, se precisan muchas horas e incluso varios días de navegación. La vida en este lugar recóndito del planeta no es precisamente fácil.

“Acá tenemos muchas dificultades. No tenemos servicios básicos como agua potable, canalización, saneamientos… Disponemos de un generador de electricidad, pero solo contamos con tres horas de luz al día. Tampoco tenemos médicos, solo dos técnicos sanitarios, lo que resulta insuficiente para atender todos los problemas de salud de la población”, explica José Cubas Coronel, máxima autoridad de la comunidad.

Pero sin duda la mayor dificultad reside en su aislamiento, que hace muy difícil la llegada de cualquier suministro y el desplazamiento de la población a otras comunidades para disfrutar de servicios que aquí no se prestan. Por eso, cuando Telefónica decidió implantar el servicio de telefonía móvil e internet en Negro Urco, la vida de sus habitantes dio un giro de 180 grados. De repente, se abría una vía de comunicación con el exterior. Y lo que es más importante, una vía de comunicación inmediata.

“La llegada de la telefonía móvil a nuestra comunidad ha sido muy importante porque nosotros hemos estado muy olvidados y aislados -prosigue Coronel-. Al principio contábamos con radiofonía para comunicarnos. Después de eso vino el GILAT, un teléfono satelital. Pero estaba dos o tres días operativo y luego se iba la señal. En la práctica estábamos aislados y para dar un aviso a alguien se hacía a través de cartas o mensajes escritos. Todo se demoraba mucho. A veces, por ejemplo, un padre enfermaba y cuando sus hijos recibían la noticia y se desplazaban hasta aquí ya le encontraban en el camposanto”.

 

Acceso a una educación globalizada

En el campo de la educación, estar conectado supone acceder a información a la que de otro modo no se podría acceder. Además de estos servicios fundamentales, con el proyecto se ha comprobado que la economía local se trasforma cuando llega Internet.

Royer Noriega, técnico enfermero en Tuta Pishco, otra de estas pequeñas comunidades a las que ha llegado la conexión móvil, nos habla también de otras ventajas de la red celular: “A mí lo bueno que me ha traído es, uno, en mi trabajo, por ejemplo para investigar algunas cosas, algunas dudas, por ejemplo, qué puedo dar a un paciente que tiene algo complicado. Estoy investigando muchas cosas que ni sabía, estoy aprendiendo. También para solucionar mi problema con un paciente, yo llamo a Santa Clotilde. A un médico, al que está de turno. Tengo una consulta, y me solucionan”, nos cuenta.

Hace pocos meses Internet para Todos llegó a Atalaya, una ciudad de 25.000 habitantes, la mayor parte de ellos dedicados a la agricultura del cacao. Fue una fiesta. Y fue una fiesta porque sencillamente esta gente cree que con el Internet móvil, su producto, que es el cacao, va a poder ser colocado mejor en el mercado nacional e internacional”.

A día de hoy, con Internet para todos se ha conseguido llegar, de manera sostenible, a más de 3.000 poblaciones aisladas en Perú, y más de 600.000 personas tienen ya acceso a servicios de Internet y telefonía móvil en lugares remotos de la selva, la costa y la sierra peruanas. Pero el objetivo es llegar a todos y cada uno de los rincones del país andino para que nadie quede desconectado.

 

Los ordenadores llegan a Negro Urco

El profesor Tito Tapullima llegó a la comunidad de Negro Urco en 2005 como profesor de primaria. Ahora es Director de la Institución Educativa Primaria y Secundaria Bilingüe de esta comunidad. Nos enseña emocionado los 5 ordenadores que han recibido hace pocos días en la escuela.

“La llegada de Internet acá a Negro Urco fue como un sueño. Para toda la población y para mí es una cosa maravillosa, acá siempre las informaciones nos han llegado muy tarde. Entonces era un problema enorme”, nos cuenta. “Tanto a la comunidad como a la institución educativa nos está dando muchos beneficios. Tenemos una pequeña biblioteca, pero no es suficiente. Ahora el maestro cuando busca una información puede acceder a alguna página web y puede elaborar materiales para adecuar las clases a las necesidades y al interés de los estudiantes. Y en cuanto a los alumnos, Internet ha permitido también ir fortaleciendo su nivel de conocimiento, descubrir lo que pasa en el mundo. Ahora, en nuestras manos están toditas las informaciones. Ha habido un cambio total en la comunidad”, concluye el profesor.

Y es que en Negro Urco ya no saben vivir sin las telecomunicaciones. “La antena está en Huaman Urco, y a veces por el tiempo y la altura hay problemas de señal. Entonces la gente llama, “¿qué pasó?, ¿qué pasó? Cuando no hay señal, todo el mundo patalea”, nos dice entre risas José Cubas.

“A veces miro noticias por YouTube, a veces dibujitos. Hablo con amigas de diferentes partes por WhatsApp, por el Facebook”, explica una adolescente de la pequeña aldea.

 

Internet: una fuente de oportunidades

Romario Baca era un estudiante brillante de secundaria en la comunidad originaria de Tuta Pishco. Su vida cambió cuando su tía le llamó desde Lima para hablarle del programa Beca 18 del Estado, una ayuda que el Estado peruano ofrece a personas que viven en condiciones de pobreza o extrema pobreza para que puedan cursar estudios universitarios. Entonces Romario buscó información en el teléfono móvil y se trasladó a la ciudad de Iquitos para postular a esta beca.

“Yo terminé en el 2013 mi secundaria y vine a dar mi examen acá a la Universidad Científica del Perú, a la Facultad de Educación. Ingresé en el segundo puesto con 75 puntos y solamente había 7 vacantes. Y de las 7 vacantes me he quedado yo solito de mi pueblo”, explica.

Romario es la primera persona de Tuta Pishco que ha accedido a la universidad. El suyo es un paso de gigante dentro de una comunidad muy humilde en la que casi todos sus habitantes viven de la agricultura. Él, quizá sin ser consciente, ha abierto una puerta que permanecía cerrada. Y eso no hubiera sido posible sin la tecnología.

“Estoy estudiando para educar a los niños y para solucionar la problemática que se genera en mi pueblo, ya que la gran mayoría no tiene la oportunidad de salir de allí, y mucho menos de estudiar en una universidad. Y también quiero ser un ejemplo para todos ellos. Lo primero que yo busqué en Internet es la procedencia de mi cultura. Yo necesitaba saber más a fondo de mi cultura. Y yo iba leyendo, leyendo, y el que lee tiene opinión en cualquier lugar. Ahora tengo nuevos conocimientos y voy a poder compartirlos con la gente de mi comunidad”.

Romario es la primera piedra de un edificio por construir. Quizá cuando él regrese pueda sembrar la semilla de la curiosidad por aprender en sus futuros alumnos. Ese edificio irá levantándose lentamente, porque la educación, sin duda, es el gran pilar que sustenta el progreso de las sociedades.

 

Objetivo: que nadie se sienta excluido

“La mayor parte del esfuerzo de Telefónica a lo largo de los últimos 30 años en Latinoamérica ha estado concentrado en las grandes ciudades, en los grandes centros urbanos. En las zonas rurales las comunicaciones han sido fundamentalmente comunicaciones de voz o donde no hemos sido capaces de extender nuestras redes. En geografías tan complicadas como la peruana, donde hay selva o zonas de montaña hasta a 6.000 metros sobre el nivel del mar, existen dificultades operativas y dificultades comerciales: nuestra red, nuestros canales, no llegan hasta estos lugares”, explica José Juan Haro.

“Ahora –continúa– estamos intentando reinventar la forma en que construimos redes y las operamos, la forma en que las redes se estructuran a día de hoy puede mejorarse: la virtualización nos ofrece una esperanza de reducción de costos sustancial. El uso de datos nos permite mejorar sensiblemente el entendimiento de la demanda y la forma en la que desplegamos las redes. Y en tercer lugar, cuestionar todo el ecosistema de vendors nos permite acelerar la innovación. Pensar en la red como dos elementos separados, un elemento de hardware y un elemento de software, nos permite introducir innovación radical en la capa de software y dinamizar la forma en que mejoramos día a día”.

Ese es el gran compromiso de Telefónica: que nadie se sienta olvidado, que nadie se sienta excluido. Y detrás de este compromiso está el trabajo de muchas personas para llevar las redes hasta todos los confines de Latinoamérica: “Este proyecto nos ha dado la oportunidad de sentir lo que realmente significa transformar la vida de las personas. Conectarlas al mundo es algo que es espectacular, y creo que vale la pena luchar por eso”, concluye José Juan Haro.

 

 

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