Este cohete de 50 dólares puede romper la barrera del sonido

Los cohetes aficionados son cada vez más comunes desde que se conquistó el espacio por primera vez, y este cohete permite llegar muy alto por un bajo coste.

Aspire
aspirerockets.com

A pesar de que llegar al espacio ha requerido tradicionalmente de presupuestos de millones de dólares, cada vez resulta más común que empresas privadas, universidades y hasta particulares puedan realizar esta gesta con presupuestos cada vez más asequibles.

Si bien los pequeños motores combustibles ofrecen mucha elevación, los modelos de cohete más económicos generalmente sacrifican la altitud o la aceleración. El Apogee Aspire puede proporcionar ambas por un precio que oscila los 50 euros. Hasta el punto de que es capaz de romper la barrera del sonido y superar los 1,6 kilómetros de altura.

Apogee Aspire

Un fuselaje de cartón minimiza el peso de este cohete de 73 centímetros para maximizar su eficiencia. Las aletas, cortadas con láser, proporcionan bordes suaves en el fuselaje que permiten un mayor aerodinamismo. A su vez, una cinta metálica unida con un cordón de Kevlar facilita el seguimiento del cohete a través de su viaje y la recuperación después del aterrizaje.

Con una fuente de combustible de combustión más rápida, el Aspire supera fácilmente la velocidad del sonido. Llega a Mach 1 (1.225 kilómetros por hora) cuando pasa de los 60 metros de altura.

Finalmente, el Apogee alcanza una altura máxima de aproximadamente 1,6 kilómetros.

Apogee no deja de ser un juguete, pero precisamente por ello pone de manifiesto hasta qué punto se ha desarrollado la cohetería. Esto es lo que iba a permitir precisamente al aventurero Mike Hughes el alcanzar los 1.520 metros de alturas para comprobar si la Tierra era plana, algo de lo que él estaba convencido. Su proyecto, que finalmente terminó en desastre, se había financiado solo con la recaudación de unos 15.600 euros de la asociación negacionista The Flat Earth Society (La Sociedad de la Tierra Plana).

Un poco más allá de los cohetes caseros, empresas privadas y universidades se han lanzado ya a la carrera de enviar nanosatélites al espacio. Los nanosatélites poseen una masa de entre 1 y 10 kg, frente a cientos o incluso miles de kilogramos de un satélite comercial típico. Los nanosatélites se lanzan a órbita terrestre baja (LEO, por Low Earth Orbit, en inglés) porque así se precisa de menos energía para situarlos.

El lanzamiento de un satélite tiene un coste muy variable: entre 50 y 500 millones de dólares, dependiendo del tamaño. Hasta noviembre de 2013, solo había 75 nanosatélites, pero actualmente se cuentan por cientos. En 2015, incluso, Interorbital Systems, una empresa de California, llevó a cabo un vuelo de prueba suborbital de un pequeño cohete diseñado para transportar una carga útil 145 kg.

Esta progresiva reducción en los precios propicia que muchos de los que participan en la construcción de cohetes y el lanzamientos de satélites sean personas individuales o pequeñas empresas cuya filosofía se basa en el movimiento maker o el DIY (Do It Yourself), la capacidad de crear a partir de desarrollos abiertos de otros o incluso de productos comerciales y compartirlos con los demás.

Volar al espacio es cada vez más barato. Por eso, en el año 2004, se presentó al Ansari Xprize, el galardón otorgado por la Fundación X Prize que consta de 10 millones de dólares para animar la investigación de vuelos turísticos al espacio. A raíz del éxito del Ansari Xprice, muchos son los inversores que se están tomando en serio los vuelos espaciales humanos. Quizá próximamente aparezca algún juguete barato para lograrlos.

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