El 'software' no es 'hardware' y por eso no puede venderse igual

Si Richard Stallman es el representante del 'software' libre, Bill Gates ha sido tradicionalmente su máximo opositor, considerando que copiar 'software' es robar

Software
iStock

El final del siglo XX y los inicios del XXI se han visto marcados por un intenso debate sobre cómo debe gestionarse, comercializarse y distribuirse el  software informático, sobre todo porque internet permite copiarlo de forma fácil y económica para que llegue a todo el mundo. 

Por un lado están los defensores del software libre o el procomún, el ordenamiento institucional que favorece que los derechos de explotación pertenezcan a un grupo o a una comunidad determinada, lejos del ánimo de lucro de los creadores. Por el otro están los inversores capitalistas que optan por un software cerrado al cual solo se pueda acceder mediante un abono económico

 

Bill Gates opinaba que se estaba robando

En 1976, un joven Bill Gates anhelaba hacerse rico vendiendo software para ordenadores personales, y tildaba a los hackers y a los defensores del software libre de ladrones con estas duras declaraciones: “La mayoría de vosotros sois conscientes de que robáis el software que usáis. El hardware hay que pagarlo, pero el software se puede compartir. ¿Qué más da si la gente que lo ha creado no cobra por su trabajo?”

Sus críticas airadas estaba dirigidas, sobre todo, a los usuarios del llamado intercambio colaborativo de software que tenía lugar por aquel entonces en centros universitarios tecnológicos como el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), la Universidad Carnegie Mellon o la Universidad de Stanford

Richard M. Stallman, sin embargo, era un joven hacker que trabajaba en el laboratorio de Inteligencia Artificial del MIT que no estaba dispuesto a aceptar aquella línea roja. Para él, había cosas hechas de átomos y cosas hechas de bits, y no se podían tratar de la misma manera.

Programación
iStock

 

El 'software' no es 'hardware'

La idea es que una cosa puede robarse y la otra no depende de la naturaleza de la propia cosa. Si un objeto está hecho de átomos y se sustrae, ese objeto desaparece, no puede seguir siendo usado por el propietario. Pero si está hecho de bits, al sustraerse lo que se realiza en realidad es una copia exacta, es decir, que el propietario no pierde nada, no es robado en realidad. Es como si usáramos una vela para encender otra: el resultado son dos velas encendidas. Nadie pierde nada.

Por eso, Stallman no consideraba que debiera pagarse por el software como se pagaba por el hardware. Porque, en gran parte, lo que se pagaba al comprar hardware era su naturaleza escasa: había una unidad, se vendía y entonces había cero unidades. Sin embargo, no podía aplicarse ese mismo modelo de negocio a un bien que no era escaso, sino prácticamente infinito: el coste marginal de cada copia exacta de software es casi cero.

La única manera de mantener el mismo modelo de negocio con el software era crear una escasez artificial, es decir, que existiendo la posibilidad de que todo el mundo pudiera tener software por un coste casi cero, no se otorgara ese bien porque la forma de remunerar al creador del software se basaba en un modelo de negocio concebido para tratar con átomos, escasez.

Como explica Jeremy Rifkin en su libro La sociedad del coste marginal cero: “Las posturas de Gates y Stallman no podían ser más opuestas: para Gates, el software libre era un robo; para Stallman, era libertad de expresión”.

Por esa razón, Gates vendía, unidad por unidad, su sistema operativo Windows, pero Stallman pidió la colaboración de los mejores programadores de su entorno para concebir el sistema operativo GNU, compuesto por un software libre que cualquier usuario podía obtener, utilizar y modificar. Dos años después, Stallman crearía el Free Software Foundation y formuló un sistema para licenciar el uso de esta clase de software al que bautizó como GNU General Public License (GNU-GPL), también conocido como copyleft, es decir, la alternativa al copyright.

Como señala Rifkin, Gates es una de las personas más ricas del mundo, en parte gracias a su modelo de negocio basado en la escasez, pero, simultáneamente, “GNU/Linux se usa en más del 90% de los 500 superordenadores más rápidos del mundo, en muchas de las empresas más importantes e incluso en sistemas integrados como tabletas y teléfonos móviles”.

Tal vez no exista un modelo mejor que el otro y deban coexitir y competir para que todos salgamos ganando. Sea como fuere, el debate, a día de hoy, continúa abierto.

Continúa leyendo