El primer dirigible de helio y la bomba atómica

Probablemente el dirigible más famoso de la historia es el zepelín LZ 129 Hindenburg, que sufrió un incendio el 6 de mayo de 1937. El accidente acabó con 35 personas y uno de los culpables fue el hidrógeno.

El dirigible C-7 de la Armada de los Estados Unidos fue el primero en realizar con éxito un vuelo en el que se usaba helio como gas de llenado. Los dirigibles de clase C eran dirigibles de patrulla y suponían una mejora a los de clase B tras la Primera Guerra Mundial. Eran más grandes, tenían dos motores y una resistencia mayor. Aunque la idea inicial eran treinta, finalmente solo se construyeron diez. Fueron entregados en el año 1918 y prestaron servicio hasta 1922. Como llegaron al finalizar la guerra, su uso no fue realmente militar, sino que se convirtió en un dirigible experimental y para actividades de entrenamiento. El C-1 fue el primero en lanzar un avión en vuelo, el biplano biplaza Curtiss JN-4 “Jenny”, sobre Fort Tiden, Nueva York. El C-5 fue el más popular, pues participó en un intento de cruzar el Atlántico, en paralelo al hidroavión NC-4. Terminó mal el asunto, pues sufrió un accidente cuando una tormenta le hizo perder el control. Aunque el barco que lo acompañaba intentó retenerlo mediante cables, finalmente el capitán y los tripulantes tuvieron que saltar y el dirigible acabó perdiéndose. Una suerte más trágica tuvo el C-8, que explotó repentinamente en un aterrizaje en Camp Holabird, Maryland, hiriendo a 80 civiles que disfrutaban del espectáculo. El C-3 se quemó, pero en el aire, el 7 de julio de 1921.

El dirigible C-7 y el helio

El C-7 no tuvo un triste y ardiente final, pues sería el que se inflara por primera vez con helio. Fue pilotado por Ralph F. Wood, desde Norfolk, Virginia, hasta Washington, el 1 de diciembre de 1921. Un éxito que fue publicado al día siguiente en New York times. Se desmontó junto con el C-9 en 1922, para pasar a mejor vida.

El helio es un gas noble de número atómico 2 y su nombre hace honor al dios griego del Sol, Helios. Es el primer elemento descubierto fuera de la Tierra, pues se halló analizando el espectro de la cromosfera solar. El astrónomo Pierre Janssen detectó durante un eclipse solar una línea amarilla de longitudo 587,49 nanómetros, que resultó ser el espectro de un nuevo elemento, el helio, aunque al principio se confundió con el sodio. Fue el 18 de agosto de 1868 y el 20 de octubre del mismo año el astrónomo inglés Joseph Norman Lockyer observó también la línea amarilla en el espectro solar. Lockyer fue quien llegó a la conclusión de que se trataba de un elemento desconocido en la tierra y sería el químico inglés Eduard Frankland quien confirmaría los resultados y quien propusiese el nombre de helio, dada la historia del descubrimiento.

Aunque el helio es el segundo elemento químico más abundante del Universo, las reservas que tenemos para obtener helio se están agotando más rápidamente de la capacidad que tiene la naturaleza para reponerlo. Al no ser inflamable y tener una densidad 8 % menor que el hidrógeno, lo convierte en un gas ideal para llenar globos y zepelines. Hay múltiples aplicaciones del helio que hacen levantar la ceja cunado vemos niños con globos en la feria: inmersiones a gran profundidad, cromatografía de gases, túneles de viento supersónicos, soldaduras por arco, agente refrigerante en reactores nucleares, fabricación de cristales de silicio y germanio, imagen por resonancia magnética, etc.

Se extrae por destilación fraccionada a partir del gas natural, pues este contiene un 7 % de helio. Tiene el punto de ebullición más bajo de la tabla periódica, por lo que se usa para licuar prácticamente cualquier gas, sobre todo nitrógeno y metano. Aunque el helio puede ser sintetizado mediante el bombardeo protones de alta velocidad sobre litio o boro, se trata de un procedimiento económicamente inviable.

El dirigible alemán LZ 129 Hindenburgse incendió en 1937, 16 años después de que ya se hubiesen probado dirigibles con helio. Este sí consiguió hacer un vuelo trasatlántico. El desastre se produjo tras la espera para el atraque, en la base de amarre fue Estación Aeronaval de Lakehurst (Nueva Jersey), después de varias horas debido a las inclemencias del tiempo. El detonante fue un fuego de San Telmo en la popa. Se trata de un destello producido por la descarga de efecto corona provocada por la ionización del aire. Esta chispa que nos puede parecer inofensiva ocasionó un rápido incendio que se extendió casi con instantáneamente por todo el dirigible. La estructura cayó sobre los pasajeros y estos saltaron desde una altura de 15 metros. El fuego se tomó tan solo 32 segundos para acabar por completo con el LZ 129 Hindenburgse. Murieron 35 de los 97 personas que iban a bordo. Hitler ordenó terminar con la flota de dirigibles comerciales tras el accidente. En EEUU siguieron usándolos, gracias al helio.

Los dirigibles de clase C y la bomba atómica

Fat Man fue la bomba nuclear que se lanzó contra Nagasaki, Japón, el 9 de agosto de 1945. Se trataba de la bomba “Mark III” y su balística no había resultado ser muy buena. Por esta razón, los ingenieros de Los Álamos se replantearon el diseño. Y se basaron en los dirigibles de la clase C de la Marina norteamericana para crear un nuevo casco. Con un morro plano de unos 74 cm de diámetro y una placa de arrastre en la cola de unos 84 cm de diámetro. El ancho máximo era de 1,5 m, con una longitud de 3 m. El resultado es la Mak IV, una Fat Man mejorada, aunque finalmente no sea exactamente igual que un dirigible C.

 

Eugenio Manuel Fernández Aguilar

Eugenio Manuel Fernández Aguilar

Soy físico de formación, aunque me interesan todas las disciplinas científicas. He escrito varios libros de divulgación científica y me encanta la Historia de la Ciencia.

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