El negocio de los datos en la era post-derechos civiles

Las instituciones han delegado en programas que aparentan basarse en datos objetivos, pero que demuestran tener los mismos prejuicios que sus antecesores humanos y mucha menos empatía, compasión y sentido común.

Los data brokers son empresas multimillonarias de las que no escuchamos hablar nunca pero que dominan el mercado de los datos. Compran datos de redes sociales, plataformas en quiebra, tarjetas de crédito, empresas de seguros, clínicas privadas, tarjetas de puntos, aplicaciones móviles, electrodomésticos inteligentes, coches eléctricos, navegadores y hasta a hackers macedonios. Compran la información para después reempaquetarla en bases de datos de comportamientos, preferencias, experiencias y atributos personales, incluyendo orientación sexual, situación económica, alternativa religiosa, opción política, enfermedades genéticas o trastornos mentales.

Hace diez años se filtró un catálogo que una de esas empresas ofertaba a la industria farmacéutica. Incluía individuos con problemas mentales y enfermedades autoinmunes, mujeres que habían sido víctimas de abusos sexuales y adolescentes con ideación suicida. Ahora que el derecho constitucional de las mujeres al aborto en los Estados Unidos ha desaparecido, aumentan las bases de datos de mujeres que han acudido a una clínica de planificación familiar a preguntar por métodos anticonceptivos, pedir la píldora del día después o terminar legalmente su embarazo en tiempo real.

Base de datos
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La revista Vice denunció al broker de datos SafeGraph por vender los datos de ubicación de personas que visitaban Planned Parenthood, la red nacional de clínicas de salud reproductiva de los EE. UU. Eran datos en tiempo real, muy útiles para la clase de acoso que caracteriza las campañas antiabortistas. Pero la oferta de datos puede proyectarse en cualquier dirección. Puede ser retroactiva, hacia mujeres que ya han ejercido su derecho cuando aún lo tenían, con consecuencias que no podemos anticipar. O puede ser preventiva y utilizar una correlación de búsquedas en Google, llamadas telefónicas, pagos con tarjeta y aplicaciones de control del ciclo menstrual para detectar a aquellas mujeres que podrían tratar de viajar a aquellos estados que garanticen el derecho a abortar.

El Senado de Carolina del Sur ha introducido una ley que prohíbe ofrecer o publicar información sobre lugares o maneras de abortar legalmente en otros estados o transportar a alguien a otro estado con la intención de abortar. La ley anima a que cualquier ciudadano presente la denuncia. Los datos que venden los data brokers podrían constituir la prueba necesaria para denunciar a la mujer que trate de interrumpir su embarazo, pero también para incriminar a su taxista, a su hermana o a su novio. Un histórico de geoposicionamiento nos diría dónde vive, dónde compra y dónde trabaja. Información valiosa cuando el propósito es acosarla hasta la extenuación.

El derecho constitucional a interrumpir el embarazo durante los primeros tres meses de gestación es solo uno de los muchos derechos que la nueva sensibilidad de la justicia norteamericana podría eliminar en los próximos años, lo que podría marcar tendencia en otras partes del mundo. El mercado de compraventa de datos está preparado para muchos más retrocesos. Affinity Answers, el data partner del gigante Oracle, ofrece listas de personas asociadas a Planned Parenthood y también a la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP), la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) o el Grupo Nacional de Trabajo para la defensa de Gays y Lesbianas. Si anulan el caso Lawrence contra Texas, por el que la Corte Suprema de los Estados Unidos declaró inconstitucionales las leyes que criminalizan la homosexualidad, en junio de 2003, las aplicaciones como Grindr o Tinder habrán convertido a sus usuarios en el objetivo de la vigilancia de vecinos, familiares, profesores y colegas. No debemos esperar a que esto ocurra. La existencia misma de esas bases de datos es peligrosa en un mundo donde los aviones llegan a todas partes pero los derechos no. 

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