El creador del audímetro: el primer ejemplo de big data tiene casi un siglo

Uno de los primeros ejemplos de 'big data', los datos masivos obtenidos a través de sensores que nos permiten extraer correlaciones significativas, tuvo lugar a finales de 1936, de la mano del creador del audímetro para la radio.

Audímetro
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En el marco de una conferencia celebrada en el salón de baile del Yale Club de Nueva York, Robert Elder, un profesor del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), presentaba un invento que prometía medir científicamente la atención humana, algo inédito hasta ese momento. Concretamente medía la atención que la gente le prestaba a la radio. Su invento fue llamado "audímetro" y era el año 1936.

Su funcionamiento, en apariencia, era muy tosco, tal y como lo describe el abogado y profesor estadounidense Tim Wu en su libro Creadores de atención. La lucha épica por entrar en nuestra cabeza:

"El prototipo en bruto tenía dos rollos de papel en una bobina abierta y estaba conectado a una radio. Cuando la radio estaba encendida, una aguja iba marcando una línea en el rollo, que giraba lentamente, y al cabo del rato indicaba qué emisoras había sintonizado la radio y durante cuánto tiempo."

Hasta aquel momento, no había forma fiable de saber cuál era la audiencia en números reales de un programa de radio, lo cual constituía todo un problema para contratar publicidad: durante mucho tiempo, de hecho, muchos programas eran patrocinados por marcas comerciales, y el contenido apenas se diferenciaba casi de la publicidad.

Como en su día ocurrió con la misma radio, el invento del audímetro apenas causó sensación. Sin embargo, entre los presentes en aquel salón de baile estaba un hombre que quedó inmediatamente fascinado.

Su nombre era Arthur Charles Nielsen, que por aquel entonces estaba al frente de una empresa de investigación de mercado que expandió sus negocios en 1932 al crear un índice de ventas que seguía las compras de alimentos y medicamentos. Esta fue la primera medición de ventas minoristas, y que estaba dedicada a medir las participaciones de las marcas en el mercado, así que Nielsen vio en aquel artefacto mucho más de lo que veían los demás.

El principio de las audiencias

Nielsen detestaba cualquier sistema recopilación de datos en el que estuvieran implicados elementos humanos, como las encuestas telefónicas, pues consideraba que ello producía sesgos y distorsiones. Nielsen prefería los resultados directos. Por esa razón, Nielsen no tardó en adquirir el invento de Elder.

Seis años después, Louis Woodruff desarrollaría un equipo funcional que podía instalarse en la casa de una familia, que era remunerada por las molestias causadas, para medir con perfecta exactitud la emisora de radio que se sintonizaba en cada momento.

Estos artefactos fueron enviados mil hogares, y empezaron a llamarse "personómetros", tal y como señala Wu: "Cada una de ellos era como un nervio que desembocada en el cuerpo público e iba creando lentamente una vasta red que le diría exacamente cómo pasaban la tarde los estadounidenses".

Después, estos datos eran vendidos a empresas que estuvieran interesadas en la popularidad de los programas y la información demográfica acerca de los radioescuchas con fines publicitarios. Los primeros índices de audiencia radiofónica Nielsen se publicarían en 1947. Su éxito fue tal que, en 1950, se empezó a medir de la misma manera las audiencias televisivas, cuando la televisión estaba empezando a extenderse por Estados Unidos.

En 1953, Nielsen empezó a entregar cuadernillos a una muestra menor de hogares (conocidas popularmente como las "familias Nielsen"), en los cuales la familia debía registrar los programas que había visto. Estos datos eran contrastados entonces con la información procedente de los audímetros, para obtener un desglose demográfico más preciso.

Era la primera vez que caudales enormes de datos, lo más parecido a lo que hoy denominamos big data o macrodatos, servían para obtener información más fidedigna del entorno. El ámbito multimedia, a partir de Nielsen, nunca volvería a ser el mismo, pues los contenidos empezarían a producirse o descartarse más en función de lo que decidía ver la gente que a una especie de valor intrínseco. El propio Elder, incluso, llegó a renegar de su invento entonces con estas palabras: [La radiodifusión] sufre mucho por el mal uso [de los índices de audiencia], así que en ese sentido no estoy muy contento por haber contribuido a poner el sistema en marcha".

Sergio Parra

Sergio Parra

Científico, letraherido, hiperestésico, idiota en el sentido ateniense de la palabra, aún sigo buscando la ballena blanca a sabiendas de que no existe.

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