El cerebro se acostumbra al uso de un ‘tercer pulgar’ robótico y lo siente como propio a medida que lo utilizamos

Se trataría de una línea de trabajo que podría revolucionar la industria o el concepto de prótesis, siendo de utilidad de manera permanente o temporal a aquellas personas que solo pueden usar una mano.

El cerebro se acostumbra al uso de un tercer pulgar robótico y lo siente como propio
Foto: Istock

La utilización de un ‘tercer pulgar’ robótico podría afectar a la forma en que la mano se representa en el cerebro, de acuerdo a un nuevo estudio llevado a cabo por investigadores de UCL, cuyo trabajo ha sido publicado en la revista especializada ‘Science Robotics’. 

El equipo enseñó a las personas participantes en el estudio para que utilizaran un pulgar extra robótico. Descubrieron que, con este pulgar, eran capaces de realizar tareas diestras de forma eficaz, como construir una torre de bloques con una mano, ahora con dos pulgares. Además, a medida que lo seguían usando, los participantes entrenados sentían poco a poco que ese nuevo pulgar era parte de su cuerpo, de manera que sería capaz de alterar la representación cerebral de la mano.

De acuerdo a los investigadores, “el aumento corporal es un campo en crecimiento destinado a la ampliación de nuestras diferentes habilidades físicas”. Sin embargo, “carecemos de una comprensión clara de cómo nuestros cerebros pueden adaptarse a él”. 

Para intentar de encontrar una respuesta, los científicos desarrollaron un tercer pulgar impreso en 3D con el que estudiar a las personas que lo utilizaban y responder, con ello, a preguntas clave sobre si el cerebro humano puede o no soportar una parte adicional del cuerpo; y, además, cómo la tecnología podría llegar a afectar a nuestro cerebro.

El tercer pulgar robótico, creado por los científicos, se coloca en el lado de la mano opuesto al pulgar real de la persona, cerca del dedo meñique. A su vez, el usuario lo controla mediante una serie de sensores de presión conectados a sus pies, en la parte inferior de los dedos gordos. Conectados de manera inalámbrica al pulgar, ambos sensores del dedo del pie controlan los distintos movimientos del pulgar, respondiendo de inmediato a los cambios sutiles de presión ejercidos por la persona.

Para esta investigación, participaron un total de 20 personas, los cuales fueron entrenados durante un período de cinco días. Además, en este tiempo, se les animó a llevarse el pulgar robótico a casa diariamente después de cada entrenamiento, con la finalidad de que lo utilizaran también en su día a día, durante dos a seis horas cada día. Finalmente, esos participantes fueron comparados con un grupo adicional de 10 usuarios de control que únicamente usaron una versión estática del tercer pulgar mientras completaban el mismo entrenamiento.

A su vez, durante las diferentes sesiones diarias de laboratorio, los usuarios fueron entrenados para utilizar el pulgar enfocándose en distintas tareas que los ayudaron a la hora de aumentar la cooperación entre su mano y el pulgar, como levantar varias copas de vino o diferentes bolas con una mano.

Así, mientras que el entrenamiento les ofreció la posibilidad de mejorar con éxito su control motor, la coordinación mano-pulgar y la propia destreza en sí, también aprendieron los conceptos básicos del uso del pulgar, algo que, además, ocurrió muy rápidamente.

Se encontró que los participantes eran capaces de usar el pulgar cuando se encontraban distraídos (por ejemplo, cuando construían una torre de bloques de madera a la vez que resolvían un problema de matemáticas) o incluso cuando tenían los ojos vendados.

De acuerdo a los expertos, el estudio muestra que las personas son capaces de aprender rápidamente a controlar un nuevo dispositivo corporal y utilizarlo para su propio beneficio sin pensar demasiado.

Además, los científicos encontraron que, al usar el tercer pulgar robótico, los usuarios cambiaban los movimientos naturales de sus manos y sentían ese pulgar robótico como propio.

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