Cuando Samuel Morse envió el primer telegrama en Estados Unidos

El telegrama se convirtió en la primera red internacional de comunicaciones, y en el único método de transmisión inmediata de mensajes durante bastantes décadas en nuestro país. Aunque tuvo su esplendor a finales del siglo XIX, hoy ha pasado a convertirse en un sistema casi sentenciado a muerte.

Cuando Samuel Morse envió el primer telegrama en Estados Unidos
Foto: Istock

Era el 24 de mayo de 1844. Unos días antes, concretamente el día 13, en España se fundaba la Guardia Civil, mientras que a mediados del mes de marzo la reina María Cristina regresaba oficialmente a Madrid después de su destierro. Pero en esa jornada ocurrió algo sumamente especial: el inventor Samuel Morse enviaba el primer telegrama de Estados Unidos, a través de una línea de telégrafo entre Washington y Baltimore, una distancia de alrededor de 64 kilómetros, en una línea que fue originalmente construida con la ayuda de una subvención de 40.000 dólares del Congreso.

¿Y cuál fue su primer mensaje? «What hath God wrought». O, lo que es lo mismo, «Lo que Dios ha obrado», el cual fue transmitido utilizando el sistema recientemente desarrollado de puntos y rayas, que pasó a conocerse bajo el nombre de Código Morse.

Para ello, Morse utilizó un equipo de su propia invención, muy diferente del creado unos años antes al otro lado del Atlántico, cuando Charles Wheatstone y William Cooke se convirtieron en los pioneros en el uso del telégrafo eléctrico en Gran Bretaña. De hecho, su telégrafo eléctrico, un precursor del teléfono, hizo su primera aparición el 25 de julio de 1837, utilizando el electromagnetismo para señalar con agujas los diferentes símbolos alfabéticos con los que deletrear los mensajes.

Dos años más tarde, en 1839, el Great Western Railway había establecido una línea de telégrafo, que empezaba en la estación de Paddington y acababa en Slough. Poco después, el 16 de mayo de 1843, esta línea fue oficialmente abierta para que otras personas pudieran usarla, convirtiéndose así en el primer servicio público de telecomunicaciones del mundo, inspirando con ello la apertura de una auténtica oleada de nuevas empresas de telégrafos en Gran Bretaña. Hasta 1870, cuando todas las líneas de telégrafo eléctrico británicas fueron puestas bajo el control del gobierno, y oficialmente transferidas a la Oficina General de Correos.

Pero como ocurre con las grandes innovaciones tecnológicas, no todos fueron capaces de ver el potencial de esta nueva forma de telecomunicaciones de larga distancia, casi instantáneas.

Por ejemplo, en el año 1858 el prestigioso diario The New York Times denominó al telégrafo como “superficial, repentino, sin cambios y demasiado rápido para la verdad”. Mientras que el escritor y crítico Matthew Arnold, en 1903, se refirió al telégrafo trasatlántico como “¡esa gran cuerda, con un filisteo en cada extremo hablando in-utilidades!”.

Sea como fuere, además de las noticias, los telegramas pasaron poco a poco a convertirse en una forma popular de celebrar eventos especiales. Por ejemplo, en 1936, una empresa llegó a vender 50.000 telegramas del Día de San Valentín en un llamativo verde chillón, decorados con corazones y cupidos.

Pero después de la Segunda Guerra Mundial, a medida que la red telefónica empezaba a expandirse, el medio relativamente caro de los telegramas acabó perdiendo cierto brillo, hasta que Western Union de Estados Unidos decidiera continuar con su servicio de telegramas hasta 2006. 

El último país en utilizar telegramas a gran escala fue India, quien suspendió oficialmente su servicio de telegramas en el año 2013.

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