Cómo cambiar el navegador predeterminado en Windows y Mac

Contar con un navegador predeterminado en Windows o en Mac es una opción sumamente útil, especialmente para aquellos casos cuando pulsamos sobre algún determinado hipervínculo e inmediatamente se nos abre la aplicación para poder ver esa página web. No obstante, ¿sabías que es posible modificarlo y escoger el que más te guste? Te explicamos cómo hacerlo.

Cómo cambiar el navegador predeterminado en Windows y Mac
Foto: Istock

Dependiendo de qué sistema operativo estemos utilizando en nuestro ordenador, lo más normal es que al momento de iniciarlo por primera vez incorpore un determinado navegador web, el cual en la mayoría de las ocasiones tiende a coincidir con el desarrollado por el fabricante de ese mismo SO. Por ejemplo, en el caso de Windows es lo que ocurre con Edge, y en el caso de macOS con Safari.

No obstante, en caso de que prefieras optar por otros navegadores web que funcionan igual de bien, o incluso en algunos casos de forma más estable y rápida, como podría ser el caso de Mozilla Firefox o Google Chrome, lo cierto es que la mayoría de los sistemas operativos, como los que hemos mencionado anteriormente, permiten configurar qué navegador web deseamos utilizar de forma predeterminada.

¿Y qué significa que disponemos de un navegador web predeterminado? Básicamente que será el utilizado por el sistema operativo cuando, por ejemplo, pulsemos sobre algún enlace que dirija a una página Web, ya sea a través de la aplicación de correo electrónico o bien mediante el acceso con un enlace directo creado a modo de archivo.

Pero debemos tener en cuenta algo fundamental: antes de seleccionar un nuevo navegador como opción predeterminada, es imprescindible tenerlo instalado. Para llevar a cabo el cambio te explicamos de qué manera puedes hacerlo, y además muy fácilmente.

Escogiendo nuestro navegador web predeterminado en Windows

Si utilizas Windows como sistema operativo de tu ordenador es muy probable que Internet Explorer sea el navegador web predeterminado (aunque es cierto que la compañía decidió dejar como última versión estable Internet Explorer 11). O, bien, Microsoft Edge, que desde mediados de 2015 sustituye al anterior, y que podemos encontrar de hecho de manera predeterminada en los dispositivos con Windows 10.

Por suerte, cambiar nuestro navegador predeterminado en Windows es sumamente simple y sencillo. Basta con dirigirte al menú Inicio y escribir “Programas predeterminados”. Una vez hecho esto, debemos pulsar sobre este botón y hacer clic sobre Establecer programas predeterminados, lo que cargará una lista de todos los programas que, justo en ese momento, se encuentran instalados en el ordenador. 

Ahora debemos seleccionar el navegador web que deseamos utilizar, desplazándonos por la lista de la izquierda para encontrar el navegador que deseamos establecer como nuevo predeterminado. Obviamente, debemos haberlo instalado antes.

Para ello, pulsamos en Establecer este programa como predeterminado, momento en el que Windows configurará nuestro nuevo navegador para abrir todos los enlaces, accesos directos a Internet y extensiones.

Escogiendo nuestro navegador web predeterminado en macOS

Modificar nuestro navegador web predeterminado en macOS es también una opción sumamente simple y sencilla. Solo tienes que acudir al menú de Apple y seleccionar Preferencias del sistema.

Una vez aquí, dirígete a General, y luego hacer clic sobre el menú Navegador web predeterminado. En esta ventana aparecerá la opción Navegador web por omisión. Será justo en este apartado donde podrás escoger tu navegador predeterminado, dentro de las distintas aplicaciones que tienes instaladas.

Verás como probablemente la opción que aparezca de forma básica como predeterminada será Safari. Pero si dispones de otros navegadores ya instalados, como Google Chrome, al pulsar sobre este apartado aparecerá un menú desplegable donde se mostrarán otros navegadores webs instalados con anterioridad.

Una vez escogido, el cambio se llevará a cabo de manera automática, no teniendo que hacer absolutamente nada más.

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