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Algoritmos, ¿héroes o villanos?

¿Qué puedo hacer yo para que el Big Data mejore la sociedad?

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Ante los avances científicos o tecnológicos hay muchas reacciones posibles, pero simplificando un poco la mayoría de gente:

  • Adopta una actitud pasiva, esperando los beneficios que podrá obtener sin 'arriesgar' nada.
  • Se lanza abiertamente al uso del nuevo producto o servicio, sin las mínimas precauciones.
  • Se posiciona de forma negativa ante los avances, desconfiando de todo lo que suene a nuevo, y pensando que le van a engañar o manipular.

Lo ideal (es obvio, pero también difícil de llevar a cabo) sería utilizar el pensamiento crítico y, desde una actitud abierta y positiva, analizar los beneficios y los inconvenientes, e informarse bien y si es posible mediante expertos (en plural, es decir, más de uno) que no sean parte interesada, para sólo entonces tomar las decisiones oportunas.

Un paso más, siempre y cuando pensemos que el avance en cuestión es positivo en líneas generales, sería preguntarnos qué puedo hacer yo para colaborar en que dicho avance produzca mejoras en la sociedad, en línea con la mítica frase de JFK, tantas veces adaptada y reutilizada, que dice “No te preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntate qué puedes hacer tú por tu país”.

Y es en este punto donde me gustaría detenerme, pues el debate que se está generando en torno a los avances en cuestión de Data Science y Big Data me parece, como tantos otros, muy sesgado y polarizado. Los hay que defienden a capa y espada las bondades de los algoritmos basados en datos, y consideran los problemas éticos y de privacidad males menores necesarios; por el contrario, otros rechazan abiertamente cualquier técnica más o menos sofisticada que no tenga una participación humana o una interpretación sencilla, independientemente de las bondades que pueda ofrecer.

Son pocos, pues, los que piensan: ¿qué puedo hacer yo para colaborar en que el evidente avance que suponen estas técnicas sea realmente útil para la sociedad, minimizando sus aspectos negativos? Desde mi punto de vista, ciertas actitudes irían en esta línea:

  • Potenciar los datos abiertos, lo que se llama “open data”. Éste es un aspecto en el que juegan un papel más importante los Gobiernos y las instituciones que los ciudadanos de a pie. Facilitar datos para su explotación por parte de la comunidad investigadora, con las debidas cautelas de anonimización, contribuye a la transparencia y disminuye la desventaja que tiene dicho colectivo con respecto a las grandes corporaciones que pueden acceder a datos por otros medios y usarlos en su propio interés.
  • Ser honestos en las encuestas. Reconozco que ésta es una opinión basada en mi propia experiencia y no contrastada empíricamente, pero creo que en general la ciudadanía (al menos en España) tiende a no tomarse en serio su participación en encuestas y sondeos (quizás porque la mayoría son comerciales e incómodos), descartando participar o aportando respuestas no siempre ciertas. Esta circunstancia dificulta sacar conclusiones fiables de estos estudios.
  • Respetar nuestra privacidad (y la de los demás). Y es que a veces incurrimos en errores de bulto sin apenas darnos cuenta, seguramente influidos por estos tiempos donde mandan la inmediatez y la ausencia de pausa y reflexión. Compartimos bulos y noticias falsas “por si acaso”, volcamos toda nuestra vida en las redes sociales y las aplicaciones de mensajería, enviamos correos electrónicos innecesarios sin fijarnos del todo bien en los destinatarios… y así podríamos seguir citando pequeñas e inocentes brechas de seguridad que vamos creando en nuestro día a día, pero que a la larga pueden derivar en problemas graves.
  • Ser consecuentes: no se pueden obtener beneficios sin arriesgar. Todo el mundo entiende que para obtener rentabilidades altas (en Bolsa o en cualquier otra inversión) hay que asumir ciertos riesgos. Algo parecido ocurre con los avances tecnológicos: a todos nos gusta que los sistemas de navegación por satélite nos dirijan a nuestro destino de la forma más rápida posible; pues bien, para ello los dispositivos necesitan conocer nuestra ubicación. Obviamente, tenemos que saber hasta qué punto estamos dispuestos a ceder nuestra privacidad para obtener ventaja de ello, y por supuesto contar con toda la información necesaria y haber aceptado las correspondientes condiciones. Pero es utópico pretender que sin ningún tipo de cesión vayamos a poder beneficiarnos.
  • Formarse e informarse. Al igual que conviene tener ciertas nociones de economía para lidiar con algunas de nuestras obligaciones cotidianas, como la contratación de seguros, hipotecas o planes de pensiones, sería deseable que algunos conocimientos básicos de probabilidades y estadística fueran mucho más comunes, de forma que cayéramos con menor frecuencia en las burdas manipulaciones que se nos presentan con demasiada facilidad por medio de datos y gráficos sesgados.
  • Ponderar las noticias en su justa medida. En ocasiones sacamos conclusiones basadas en casos que salen publicados en medios de comunicación, sin reparar en que, precisamente por eso, suelen ser excepcionales, y no responden a una situación generalizada o mayoritaria.

En definitiva, como decíamos al principio, la receta es 'sencilla': sentido común, pensamiento crítico, y unas dosis extra de formación científica.


Manuel Terrádez Gurrea Profesor colaborador en el Máster en Business Intelligence y Big Data Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación Universitat Oberta de Catalunya

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