¿A dónde deberían ir nuestros datos digitales después de nuestra muerte? Un estudio explora las posibilidades

Cada día publicamos docenas de imágenes y vídeos personales, a la vez que compartimos mensajes con otros usuarios. Pero, ¿qué debería ocurrir con estos datos después de nuestra muerte? Esto es lo que se ha preguntado un grupo de investigadores.

A dónde deberían ir nuestros datos digitales después de nuestra muerte
Foto: Istock

Disponemos de cuentas en la mayoría de las redes sociales, donde compartimos muchísima información personal no solo con usuarios conocidos (como familiares o amigos), sino incluso con gente que prácticamente no conocemos, lo que incluye vídeos y fotografías privadas.

No obstante, todos deseamos tener el máximo control posible sobre nuestros datos digitales personales, especialmente después de nuestra muerte. Y disponer, incluso, de algunas herramientas que faciliten ese control. 

Se trata de una conclusión a la que han llegado investigadores en ciencias de la computación de la Universidad de Columbia Británica, quienes también encontraron que la mayoría de las personas consultadas tachaban como “espeluznante” la idea de crear réplicas impulsadas por inteligencia artificial de una persona fallecida.

Nos encontramos ante el que se ha convertido en el primer estudio que busca formas de preparar los diferentes datos personales digitales para la muerte de ese usuario. 

Y es que, como coinciden en señalar los expertos, aunque todos los recuerdos que compartimos en las redes sociales tienden a almacenarse digitalmente, muchas de las plataformas que usamos cada día no disponen de grandes herramientas con las que respaldar esos datos cuando el usuario ha fallecido. 

Con la intención de comprobar cómo conservar todos estos datos, no solo en vida, sino después de la muerte, los investigadores utilizaron un método conocido como “investigación a través del diseño”, mediante el que crearon 12 conceptos de diseño aproximados para la gestión de datos, que fueron luego presentados a los participantes del estudio, con edades comprendidas entre los 18 y los 81 años de edad.

Además, los estudiosos también exploraron distintos niveles de control del usuario al presentar diferentes alternativas seleccionadas por humanos, seleccionados por ordenador o incluso impulsadas por inteligencia artificial; con técnicas como empujar al usuario a completar tareas, controlar el proceso o colaborar con familiares y amigos.

Algunos de los conceptos empleados aprovecharon diferentes elementos de diseño de herramientas ya existentes, como es el caso de los vídeos que se generan de forma automática a partir de fotos en nuestro iPhone. Pero también desarrollaron conceptos completamente nuevos, como “Generation Cloud”, mediante el cual una familia podía cargar datos significativos, por ejemplo, a través de Google Drive, para luego acceder a ellos o seguir participando en el futuro.

Otras herramientas útiles consistieron en una trituradora de lista de verificación (un rastreador interactivo para tratar los datos); historias futuras (una forma de publicar datos en el futuro escogiendo una fecha de publicación de hasta 50 años); y el conocido como Memory Swipe (un juego en el que las fotos, juegos y certificados seleccionados se muestran en una pantalla mientras la audiencia vota cuáles conservar).

De acuerdo a los investigadores, los usuarios se mostraron receptivos a la herramienta de video autogenerada a partir de fotografías, pero consideraron como “aterrador y espeluznante” la idea de disponer de una réplica impulsada por IA de la persona fallecida, capaz de interactuar con las generaciones futuras.

Y, lo que se hizo aún más palpable, la mayoría de los participantes no habían pensado realmente en sus datos digitales, y en el rastro que estos dejan cuando fallecen, dado que permanecen en línea a menos que otra persona ajena solicite su eliminación.

Por el momento, solo existen unas pocas herramientas disponibles que tienen en cuenta qué hacer con los datos publicados y compartidos por los usuarios después de su muerte. 

Un buen ejemplo lo encontramos con el administrador de cuentas inactivas de Google, o con la opción de contacto de legado en Facebook, consistente en escoger a una persona para que se encargue de nuestra cuenta cuando esta se convierte en conmemorativa (la cuenta se convierte en un lugar para que amigos y familiares se reúnan y compartan recuerdos de la persona fallecida).

No obstante, los investigadores afirman que este tipo de herramientas no solo son específicas de la plataforma, sino que en realidad cuentan con un alcance limitado, por lo que es preciso diseñar herramientas fáciles de usar y diseñadas para que el usuario pueda elegir qué ocurrirá con sus datos realmente una vez haya fallecido.

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