5 síntomas de intolerancia a la lactosa que deberías identificar

¿Después de tomar lácteos te sientes hinchado, con gases o hasta tienes náuseas? Es posible que seas intolerante a la lactosa.

Si alguna vez te has sentido hinchado, con gases o simplemente mal después de tomar un helado, un vaso de leche, un yogur o una comida que llevara queso, es más que posible que seas intolerante a la lactosa.

Las personas que sufren intolerancia a la lactosa no pueden digerir completamente este azúcar que se encuentra en la leche y los productos lácteos. Este trastorno digestivo es causado por la falta de una determinada enzima, la lactasa, encargada de descomponer la lactosa en dos azúcares simples: glucosa y galactosa y que produce el intestino delgado. También puede pasar que sí se fabrique lactasa, pero no en la cantidad adecuada para dividir la lactosa. Al no ser dividida en glucosa y galactosa, la lactosa seguirá su camino por el sistema digestivo sin ser absorbida, producirá fermentación y gases.

La mayoría de los bebés y los niños no tienen problemas para producir suficiente lactasa pero, a medida que envejecemos, la producción de lactasa se reduce progresivamente. Esto conduce a la intolerancia a la lactosa en muchos adultos.

Se estima, de hecho, que aproximadamente el 65 % de los adultos tiene algún grado de intolerancia a la lactosa. En España afecta a un 30 % o 40 % de la población.

Estos son los cinco síntomas más comunes que puedes notar si eres intolerante a la lactosa:

1. Hinchazón

2. Diarrea aguda

3. Gases o flatulencias

4. Calambres o cólicos estomacales

5. Náuseas y, en ocasiones, vómitos

Según la prestigiosa Clínica Mayo, los síntomas suelen aparecer entre 30 minutos y dos horas después de ingerir alimentos que tienen lactosa. Si se sospecha que se tiene intolerancia a la lactosa, se recomienda consultar con el médico. Sobre todo si existe preocupación por obtener una cantidad suficiente de calcio.

Esto último se podría compensar perfectamente con la toma de alimentos no lácteos ricos en calcio como las semillas de sésamo, el tofu, los pescados azules como el boquerón, la sardina o la anchoa almendras y pistachos, verdura cocinada al vapor como espinacas, brócoli, lechuga, acelgas, perejil, y algas como wakame, y legumbres como garbanzos.

También los lácteos que se venden como sin lactosa siguen aportando calcio, de hecho, sus valores nutriciones son exactamente iguales a los de los lácteos al uso, lo único en lo que difieren es que a los sin lactosa (sí que llevan lactosa) se les añade lactasa para poder ser digeridos.

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