Por qué el almidón resistente es bueno para ti

Sirve de alimento para la microbiota y mejora los factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares, entre otras cosas.

El almidón resistente es un tipo de almidón que resiste al proceso de la digestión y llega intacto al colon, tal y como sucede con la fibra soluble.

¿Y qué tiene de bueno almidón resistente para el organismo? Para empezar, puede ayudar a controlar el índice glucémico, esto es, la velocidad y la cantidad de carbohidratos de un alimento que llegan a la sangre en forma de glucosa. Para que nos entendamos y a grandes rasgos, si un alimento tiene un índice glucémico alto, tu cuerpo recibirá una especie de chute de azúcar. Por el contrario, si el alimento posee un índice glucémico bajo, el organismo recibirá la glucosa de una manera más sostenida y durante un tiempo más prolongado. De esto, lo que se desprende es que si el organismo recibe un chute de azúcar, al poco tiempo pedirá más (sentirás hambre al poco rato), mientras que si la recibe poquito a poco, tardará más en demandarla e irá usando esa energía a medida vaya haciendo falta, te entrará hambre más tarde y la glucosa no se convertirá en grasa.

El almidón resistente también contribuye a una mejor salud intestinal pues sirve de alimento (prebiótico) a la microbiota, la población de microbios que vive en distintas partes de nuestro organismo, como el intestino. Según la Clínica Mayo, estas criaturas miscroscópicas, sobre todo bacterias, que cubren el revestimiento del intestino, juegan un papel muy importante en la salud y hasta pueden afectar al estado de ánimo y al comportamiento. Tomar prebióticos estimulará el crecimiento de bacterias sanas en el intestino.

Además, el almidón resistente puede mejorar los factores de riesgo de las enfermedades cardiovasculares, así como poner su granito de arena en la pérdida de grasa.

También aumenta la masa fecal por lo que ayudará a combatir el estreñimiento.

Alimentos que contienen almidón resistente

El almidón resistente se encuentra en casi todos los alimentos que contienen almidón, pero en distintas proporciones. Entre los que más tienen están las lentejas, el maíz, los frijoles y la cebada. También tienen una buena proporción los plátanos y mangos inmaduros.

Tú mismo puedes crear almidón resistente cociendo alimentos ricos en almidón, como la patata o la pasta, guardándolos en la nevera y comiéndolos al día siguiente. Con este gesto tan sencillo estarás dando de comer a las bacterias buenas que se encuentran en tu intestino. ¿Por qué no empezarlo a hacer hoy mismo?

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