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Los bulos del coronavirus: trucos para que no te la cuelen

¿Cuáles están siendo las mentiras más viralizadas durante la pandemia? ¿Cómo podemos evitar caer en ellas? Hoy hablamos con una experta ‘cazabulos’ que nos da las claves para sobrevivir a la desinformación y, también, para ser pacientes: aún nos queda mucho por aprender sobre esta nueva enfermedad.

(Producción: Pablo Cantudo)

Unas semanas antes de que la Organización Mundial de la Salud declarara oficialmente la pandemia por COVID-19, esta institución advertía de otra epidemia que se extiende casi a la misma velocidad que el virus: la desinformación. Gracias a internet y las redes sociales, hoy es más fácil que nunca propagar bulos y rumores y, en un tiempo en el que los ciudadanos estamos preocupados y necesitamos respuestas, la información veraz es más importante que nunca.

Rocío Benavente es la coordinadora de Maldita Ciencia, un medio que lucha contra la desinformación empleando técnicas de verificación (fact checking) y periodismo de datos. En el actual contexto de emergencia sanitaria, la preocupación por temas científicos y de salud es mayor que nunca, y su equipo trabaja sin descanso para verificar toda la información que circula con respecto al nuevo coronavirus.

“El interés de la gente ha ido cambiando a medida que avanzaba la pandemia”, nos cuenta la periodista, “al principio eran noticias que venían de China, todavía lo percibíamos como algo lejano. Teníamos que explicar, por ejemplo, que hay muchos coronavirus distintos, porque esto ha dado lugar a mucha confusión. Cuando aparecían noticias antiguas relativas a otros tipos de coronavirus había personas que pensaban que se referían a este. Sin embargo, según avanzaba la epidemia empezó a haber un mayor interés por la enfermedad en sí, por los síntomas, los supuestos remedios y, sobre todo, las formas de desinfectar. Nunca nos había interesado tanto la limpieza como ahora”.

 

Manejar la incertidumbre

Una de las mayores dificultades en la comunicación de todo lo relativo a la COVID-19 es que, al tratarse de una enfermedad nueva, aún no se dispone de tanto conocimiento sobre la misma como para hacer afirmaciones tajantes, y esto supone un problema a la hora de combatir los bulos. “La información que teníamos al principio era muy escasa y las evidencias han ido avanzando casi al mismo ritmo que lo hacía la enfermedad. Esto ha provocado que se hayan ido reevaluando y adaptando las recomendaciones casi sobre la marcha”, reflexiona Benavente. “La sociedad está asustada y necesita respuestas rotundas, esto es comprensible, pero no se las puedes dar. Ojalá lo pudiéramos saberlo todo sobre un virus nuevo y una enfermedad nueva en dos semanas pero eso es imposible, estamos construyendo el conocimiento científico y eso no se obtiene en un momento. Parte del trabajo que estamos haciendo es explicar y justificar que la ciencia necesita un tiempo. Hay que encontrar un punto medio entre ofrecer  la información fiable que la gente necesita para tomar decisiones y a la vez ser capaces de transmitir esa incertidumbre”.

 

Los bulos más virales del coronavirus

Uno de los problemas de la incertidumbre es que, cuando no se pueden dar respuestas certeras o tajantes, los bulos arraigan mucho más y, además, es mucho más difícil desmentirlos. “Los bulos más trasmitidos han sido, por un lado, los relativos a los supuestos remedios para curar y prevenir la infección y, por otro, los relativos a diferentes teorías de la conspiración sobre el origen del virus”, nos explica Benavente. Lo peligroso de estos bulos, especialmente de los que tienen que ver con falsos remedios, es que juegan con la salud de las personas al promover prácticas que pueden ser dañinas por sí mismas (por ejemplo, beber desinfectante), o que pueden trasmitir una sensación de falsa seguridad y hacer que se descuiden otras medidas de protección que sí que sabemos que son efectivas.

 

La dificultad de desmentir los bulos

Una vez que un bulo se viraliza es muy difícil detenerlo. Un estudio publicado en la revista Science en 2018 concluía que, en general, las informaciones falsas tienen un 70 % más de probabilidades de ser replicadas.  “Esto es porque una explicación más técnica y elaborada, que requiere pararte un tiempo a leer con calma o que usa términos complicados es mucho menos atractiva, tiene una dificultad añadida para conseguir el mismo nivel de viralización”, indica la periodista. “Nosotros intentamos que los desmentidos sean lo más virales posibles, con lenguaje sencillo, conclusiones directas y formato muy atractivo, que apetezca compartir”.

 

Trucos para pescar bulos

Nadie está libre de caer en ellos. “Hay que ser conscientes de que no sabemos de todo y de que tenemos nuestros sesgos, de hecho somos más propensos a creernos las trolas que confirman nuestras creencias o pensamientos”. Algunos de los trucos que nos sugiere Benavente para no contribuir a expandir la falsa información se basan en desconfiar de aquellos que dan soluciones sencillas a problemas muy complicados, de todo lo que apela a nuestras emociones o de las llamadas exageradas a la acción.

Y, sobre todo, no difundir nada de cuya veracidad no estemos 100 % seguros. “Todos somos responsables de viralizar la desinformación. Darle al botón de ‘compartir’ es muy fácil, pero de nosotros depende hacerlo o no”.

Victoria González

Victoria González

Bióloga de bota. Tengo los pies en la tierra y la cabeza llena de pájaros. De mayor quiero ser periodista.

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