¿Alimenta el semen?

Sentimos decirte que esta creencia no tiene ninguna base científica.

 

El semen es una sustancia que genera muchos mitos, seguramente debido al morbo que la rodea y, en general, a la curiosidad que despiertan las prácticas sexuales en general. Existen célebres afirmaciones acerca del valor nutritivo del semen: que el semen alimenta, que el semen es bueno para la piel… Sentimos decirte que estas creencias no tienen ninguna base científica.

Con la generalización del sexo oral, y otras prácticas sexuales que implican la eyaculación, surgen muchas preguntas, y también, muchos mitos, que tienen a extenderse entre la población; uno de los más conocidos es el mito de que el semen tiene alguna clase de propiedad nutritiva, que lo hace saludable, o que puede servir como complemento alimenticio o que aporta suavidad o tersura en la piel.

Pero lo cierto es que, si consultamos a cualquier médico, nos rebatirá cualquier de estas creencias con argumentos científicos. No hay consenso sobre las propiedades nutritivas del semen. Pese a los mitos sobre su valor nutritivo, el esperma humano es una sustancia, por así decirlo, con ‘poca chicha’.

No obstante, no es totalmente falso que el semen no tiene propiedades nutritivas. El truco es que estas propiedades son mínimas, las indispensables para asegurar la supervivencia de los espermatozoides. Debemos recordar que el esperma es simplemente el líquido en el que viajan los gametos masculinos, y su única función es esta, la de proporcionar un sustento, una vía de comunicación entre el aparato reproductor masculino y el femenino. Gracias a la estructura líquida y ligeramente viscosa del semen (y de la velocidad a la que son evacuados durante la eyaculación), los espermatozoides pueden viajar al interior del cuerpo femenino y alcanzar un óvulo para que se produzca la fecundación.

Como hemos comentado, aunque es cierto que el semen contiene proteínas, enzimas, azúcares y vitamina C, que alimentan a los espermatozoides, las dosis de estos nutrientes son tan pequeñas que nunca podrían servir como complemento alimenticio.

A nivel médico, los profesionales sanitarios están de acuerdo en que tragar semen sería equivalente a ingerir saliva, dos líquidos de textura y composición supuestamente similar. Ambos contienen una mínima cantidad de fructosa y otra aún menor de proteínas.

Y la afirmación de que el semen es bueno para la piel carece de sustento. Se trata de un vehículo para transportar a los espermatozoides que ni siquiera tiene las propiedades antisépticas de la saliva.

Así que lo único cierto es que el esperma engorda… si encuentra un óvulo.

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