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5 mitos sobre las vacunas

Hoy vamos a hablar de uno de los avances más importantes en salud pública de la historia de la humanidad.

La vacunación es una manera sencilla y efectiva de prevenir enfermedades infecciosas que, de otra forma, provocarían la muerte de millones de personas. De hecho, según el Grupo de Neumoexpertos en Prevención, la vacunación evita cada año de 2 a 3 millones de muertes en todo el mundo.

 

 

Las vacunas son preparados antígenos capaces de provocar en el organismo una respuesta inmune adaptativa ante los virus o bacterias que se inoculan a través de ellas.

¿De qué están hechas las vacunas?

Suelen ser de dos tipos, de virus, o de bacterias; y éstos se suelen administrar o bien vivos y atenuados; o bien muertos o inactivados.

En el caso de las vacunas víricas, los virus suelen administrarse muertos, por lo que no pueden provocar la enfermedad en el organismo (varicela, fiebre amarilla, rubeola, paperas y sarampión). Aunque los virus estén muertos, su presencia es suficiente para provocar la respuesta inmune.

Por otro lado, las vacunas bacterianas pueden administrarse o bien con bacterias muertas  como el cólera, o la fiebre tifoidea; o bien con bacterias atenuadas, es decir, vivas pero inactivadas como ocurre con la difteria, la tosferina, el meningococo, o el neumococo. Estas últimas, las atenuadas, presentan una mejor respuesta celular, requieren menos dosis y la respuesta de protección del cuerpo es más duradera.

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Es posible que, hablando de vacunas, hayas escuchado algunas afirmaciones alarmistas, como que la vacunación puede resultar peligrosa o poco recomendable. A continuación, vamos a desmontar 5 de los mitos más extendidos.

1. La vacunación se ha vuelto innecesaria, gracias a la mejora de la alimentación, el agua corriente y la higiene.

Es cierto que el saneamiento de las aguas y los alimentos ha mejorado la calidad de vida de la población humana, y ha minimizado el riesgo de enfermedades infecciosas. No obstante, aún hay enfermedades que pueden propagarse fácilmente, independientemente de la higiene de un individuo, o de una población. Enfermedades que hoy son raras, como la tos ferina, la poliomielitis o el sarampión, podrían reaparecer de no ser por las vacunas.

2. Las vacunas contienen conservantes que son peligrosos para la salud

Este es uno de los miedos más recurrentes, especialmente para los padres que van a vacunar a sus hijos. Pero las vacunas son seguras, porque se someten a estrictos controles de evaluación durante los ensayos clínicos de las mismas, e incluso después de ser comercializadas.

Es cierto que las vacunas pueden provocar algunos efectos secundarios adversos en algunos individuos, pero estos están contemplados, y suelen ser de carácter leve y temporal, como fiebre o dolor en el lugar de la infección.

3. Las vacunas causan autismo

Este es uno de los mitos más célebres, y te explicamos su origen.

En el año 1998, la revista científica The Lancet publicó una investigación que relacionaba la aplicación de la triple vírica con la aparición del autismo. No obstante, años después se demostró que el autor del estudio falseó los resultados, probablemente para ganar prestigio. Actualmente existen diversas investigaciones que han rechazado esta falsa hipótesis. E incluso, la propia The Lancet publicó una rectificación, que hoy aún puede leerse en su página web oficial.

4. Los adultos no necesitan vacunarse

Cuando hablamos de vacunación, se nos viene a la cabeza la población infantil. En efecto, la infancia es el momento ideal para vacunarse, dado que durante esta etapa, el sistema inmunológico aún es frágil y está muy expuesto. Entonces, ¿por qué deberíamos seguir vacunándonos a partir de los 14 años?

En la vida adulta, los expertos alertan de que las tasas de vacunación bajan drásticamente. Esta falta de hábito está instalada incluso entre el personal médico: el 25% de los profesionales sanitarios no se vacunan.

Sin embargo, no debemos olvidar que la vacunación juega un papel importante en cada etapa de nuestra vida.

Por ejemplo, desde los 12 hasta los 21 años, es recomendable vacunarse contra el virus del papiloma humano.

Además, el efecto de las vacunas disminuye con el paso de los años, y algunas requieren una dosis de recuerdo, como las de la difteria, el tétanos, y la tos ferina. Lo mismo ocurre con el herpes Zóster y la varicela, dado que las complicaciones de estas son mucho más graves en la vida adulta que durante la infancia.

Por último, los adultos mayores de 60 años, y los adultos con el sistema inmunológico deprimido, como los portadores del VIH por ejemplo, son población de riesgo para determinadas enfermedades, como la gripe o el neumococo.

Para la gripe, se recomienda una dosis anual a todas las personas mayores de 65 años y a los adultos y niños que pertenezcan a un grupo de riesgo.

Por su parte, el neumococo puede provocar neumonía, meningitis, otitis o sinusitis. En adultos la neumonía neumocócica es la forma de afectación más frecuente, y en España, es la quinta causa de muerte. Aunque la vacuna frente al neumococo se suele administrar antes de los 2 años de edad, los adultos con enfermedades crónicas cardiopulmonares, diabetes, con ausencia del bazo, con VIH u otras enfermedades que disminuyen las defensas son grupos de riesgo y deben vacunarse frente al neumococo una vez al año.

En estos casos tan delicados, lo mejor es recopilar una buena historia clínica antes de vacunar.

5. La vacunación no es necesaria, sino opcional

Esta afirmación es una media verdad, porque en España la vacunación no es obligatoria, sino voluntaria. No obstante, es un acto de responsabilidad y sobre todo, de solidaridad. Cumplir correctamente el calendario de vacunación no solo contribuye a no correr riesgos innecesarios, sino que también contribuye a la inmunidad de grupo, lo que quiere decir que podemos lograr, entre todos, que algunas enfermedades queden totalmente erradicadas.

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