Valérie Tasso y la ciencia del sexo

La experta en sexología, Valérie Tasso, lanza su nuevo libro, La ciencia del sexo, una recopilación de los artículos que ha publicado en la revista Muy Interesante.

La ciencia del sexo no es otro libro de sexo más. Se trata de una recopilación de los artículos que, desde 2005, la experta en sexología, Valérie Tasso, ha publicado en la revista Muy Interesante.

Editado por Pinolia, La ciencia del sexo va dirigido a todos aquellos que quieren potenciar su sentido crítico sobre todo lo referente a la sexualidad humana, sobre lo que se escribe al respecto en este mundo que, según Tasso, cada vez está más infantilizado y polarizado y en el que se buscan recetas que sean iguales para todos. Un mundo que cada día que pasa se vuelve más puritano.

Con motivo del lanzamiento de La ciencia del sexo, le hemos querido hacer unas preguntas a su autora. ¡No te las puedes perder!

P- Sabemos que una vida sexual satisfactoria tiene beneficios sobre la salud pero, ¿qué sucede a la inversa? ¿Cómo afecta el estado de nuestra salud a nuestra vida íntima?

R- Nuestra sexualidad, es decir el modo en que desplegamos, manifestamos y ponemos en acción nuestra condición sexuada, no es en absoluto algo independiente de nuestro estado de salud, como, por ejemplo, tampoco lo es nuestra personalidad (que, como término, sería equiparable a “sexualidad” pero aplicado no al sexo sino a la persona). Ambas cuestiones, los modos de nuestra sexualidad y la salud, se afectan recíprocamente y se condicionan y no solo lo hacen de manera puntual, sino que permanecen siempre imbricados. Cuando hablamos de la salud y nuestra condición sexuada solemos pensar casi siempre en alguna problemática puntual o sobrevenida; por ejemplo, cuando acude un paciente masculino diciendo que ha padecido un susto coronario y que tiene problemas de erección o una mujer que habla de falta de lubricación vaginal y está en el climaterio. En ambos casos, la relación entre la problemática y ese novedoso estado en que se encuentran pueden tener una incidencia directa y abordarse ambas de manera paralela. Sin embargo, solemos olvidar las cuestiones de salud que son crónicas o que han acompañado al paciente durante toda su existencia y no las tenemos en cuenta a la hora de cómo esa circunstancia ha condicionado o intervenido en su proceso dinámico de generar dinámicamente una “sexualidad”. Dicho esto, conviene señalar que en la inmensa mayoría de casos en los que se presenta lo que llamamos en sexología una “dificultad común”, el origen de esta no es orgánico o al menos no hay una alteración significativa de ningún tipo en la salud de su cuerpo, no hay una patología orgánica que la desencadena sino que el agente desencadenante está en otro sitio; normalmente en la dificultad de dar sentido, comprender y gestionar determinados y variados fenómenos que le puedan acometer en su existencia. 

P- En tu libro comentas que, salvo excepciones, muchos problemas de salud que se abordan habitualmente con fármacos en realidad tienen una causa cultural, ¿puedes mencionar algún ejemplo?

R- Sí, como te comentaba antes, la gran mayoría de las “dificultades comunes” se acogen a este caso que mencionas. En sexología las llamamos así porque entendemos, en primer lugar, que el término “problema” lo que consigue es que se vea nuestra condición sexual como un problema por encima de un valor, y porque son generales al existir afectos a la citada condición. Las “dificultades comunes” pueden ser en ocasiones tremendamente complejas, por ejemplo, cuando afectan a la cuestión de los sexos, otras veces exigen de mucha capacidad por parte del terapeuta, como en las relativas a las eróticas, pero las más frecuentes y las que suelen requerir más nuestra atención son las que tienen que ver con la respuesta sexual humana según el esquema DEMOR, es decir las que afectan al deseo, la excitación, la meseta, el orgasmo y la resolución. En este último grupo englobaríamos como “dificultades comunes” y por ponerte algún ejemplo, las alteraciones del deseo (como deseo “hipo” o “híper” activo), la disfunción eréctil en varones, el vaginismo, trastornos en la excitación, la anorgasmia femenina (primaria o secundaria en función de la frecuencia con la que aparece), la eyaculación precoz y la retardada (prefiero el término de falta de control en la eyaculación), etcétera, etcétera. Pues bien, en la inmensa mayoría de estos casos el problema no reside en un fallo orgánico o en una patología sino en un problema de comprensión de determinada situación inductora que se manifiesta sintomáticamente en el sujeto bajo la forma de esa dificultad sexual. La resolución de estas pasa, entonces, mayoritariamente, por la detección de ese nudo que el sujeto no puede o no sabe resolver y en el proporcionarle los recursos y herramientas suficientes para que cuando los entienda, en cuanto les dé sentido, los pueda afrontar y desenredar. Mencionas tú los fármacos y, al respecto, te diré lo siguiente; hay ocasiones en las que pueden ser necesario o una ayuda complementaria pero no suele ser necesario el recurrir a ellos porque obvian o distraen de lo que verdaderamente subyace a la dificultad. Toma, por ejemplo, el caso de una disfunción eréctil. Tenemos fármacos de una enorme eficacia para tratarla, como los que tienen principios activos como el sildenafilo (de nombre comercial “Viagra”), el tadalafilo (“Cialis”) y el vardenafilo (“Levitra”), pero su ámbito de actuación es simple y llanamente la mecánica de la erección, es decir, no se preocupan en absoluto del porqué en un sujeto sano puede darse ese bloqueo en su respuesta sexual. No le interesa, no se preocupa para nada el farmacológico principio activo de, por ejemplo, si tiene ganas o no, de si hay algún motivo de rechazo, de si hay alguna situación traumática que resuelve bloqueando la erección… Y ¿para qué quieres un pico si no le encuentras sentido al cavar?

Valérie Tasso
Gema López Fernández

P- A diferencia de otros animales, el ser humano no es solo instinto, sino también razón. ¿Cuál es el equilibrio perfecto entre ambos?

R- Es bastante discutible, y un tema apasionante, el sostener que los humanos todavía conservemos “instintos” y quizá es más propio hablar de “pulsiones” en este caso o en su forma más elaborada de “deseos” pero, cuestiones semánticas aparte, de lo que no hay dudas es que estamos atravesados por la irracionalidad, por fuerzas ciegas e inercias que se escapan a nuestro control racional y que, en ocasiones, hace que actuemos, anhelemos y nos construyamos de manera que no nos resulte gratificante (lo cual es muy poco racional). Ovidio lo dejó muy claro cuando pone en boca de Medea aquello célebre de “video meliora proboque, deteriora sequor” (“Veo lo que es mejor y lo apruebo, sin embargo, hago lo peor”) o dicho en términos más castizos por Camarón “Si es que a mí me gusta todo lo malo…”. Frente a esta necesidad de equilibrio entre ambos polos, ya me gustaría a mí tener la clave que lleva toda nuestra existencia como humanos intentando resolverse, pero te diría aquello aristotélico de que la virtud está en el término medio. Demasiado escorados al polo racional se presentan estructuras psíquicas de carácter obsesivo y maniaco que tienden a la estaticidad, pues esa parte de irracionalidad que nos conforma es también la que nos propone la apertura a cosas, afectos y territorios nuevos, es decir, a la “existencia” en el sentido etimológico (el “posicionarse fuera” de uno mismo). Demasiado en manos de Dioniso, la desestructuración puede ser completa. El nuestro es un sostenerse extraordinariamente frágil entre ambos componentes y eso hace de nosotros posiblemente las criaturas más desgraciadas de la existencia, pero también las más fascinantes sin ninguna duda. Sófocles, por ejemplo, nos calificaba en su “Antígona” con el término griego de “deinóteron” que, según el contexto y la época, podía significar tanto “maravilloso”, “fascinante” como “espeluznante” o “terrible”.

P- Dedicas un amplio capítulo del libro a la relación del hombre con las máquinas. ¿Cómo están cambiando las relaciones sexuales en un mundo cada vez más conectado y tecnológico? ¿Crees que el sexo con robots será algo normal en un futuro cercano?

R- El interactuar sexualmente con androides es una posibilidad ya muy abierta y que parece en cierto modo “inevitable”, no solo por la progresión tecnológica que se está produciendo en cuestiones como la Inteligencia Artificial y en la robótica humanoide sino porque también el auge puritano de concebir al otro humano como una mala bestia que viene a despedazarme y nunca a amarme parece empujarnos a ese destino. Pero personalmente creo que es algo que todavía se maneja, contrariamente a lo que se pueda creer, en terrenos muy de futuro, más de ciencia ficción que de que sea próximamente una realidad instalada en nuestras vidas. El contacto sexual con un humano tiene unos componentes, salvo para determinados fetichistas, por ejemplo, extraordinariamente peculiares y amplios que no consigue ni alcanza ninguna otra experiencia que podamos tener con algo que no sea humano. Eso no quita que en la floreciente industria del “juguete” sexual, las líneas de trabajo y de inversión puedan dirigirse hacia allí como se han dirigido, por ejemplo, a la mujer y en concreto a la estimulación del clítoris (algo impensable hace apenas unas décadas) con gran y merecido éxito de crítica y público, pero en este caso se presentaría más como un artilugio complementario y, en ningún caso, como una sustitución o reemplazo de lo propiamente humano… Y es que un cuerpo humano tiene mucha tela que cortar.

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