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Síndrome climatérico: ¿menopausia o miedopausia?

Es un hecho: la menopausia, por sí sola, no altera la capacidad de las mujeres para desear y sentirse deseadas, para excitarse y experimentar orgasmos, para dar y recibir placer ni para sentirse satisfechas sexualmente. Sin embargo, la menopausia sigue provocando miedos que logran justo lo contrario: que todo lo relacionado con la sexualidad se deteriore.

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Siendo rigurosos, la mayoría de las veces en que se habla de menopausia habría que hablar de climaterio. Son dos conceptos distintos y no son sinónimos. En palabras de la sexóloga Francisca Molero, “la menopausia es solamente un día en la vida de la mujer, el último día de su menstruación, mientras que el climaterio o perimenopausia es todo el proceso anterior y posterior”.

Curiosamente, climaterio proviene del término griego klimater , que significa ‘escalón’. Un escalón entre dos etapas: el periodo reproductivo y la senectud. Un escalón que puede servir para subir o para bajar. María José González, matrona y sexóloga, no tiene dudas: “Es un escalón hacia arriba, aunque popularmente se perciba hacia abajo: menos joven, menos atractiva, menos saludable, no reproductiva”, explica. Por eso, propugna otra mirada: “Siempre hacia delante: igual de atractiva, sexo por fin libre de embarazo, con más conocimiento, deseable, libre de la presión social ante muchas historias, con más sabiduría”. Las mujeres no han de mantenerse siempre igual. Las mujeres han vivido, viven y siguen viviendo con y sin climaterio. Evolucionan.

Sin embargo, parece que esta percepción optimista aún no está generalizada. Abunda lo que la psicóloga y escritora Anna Freixas denomina miedopausia. “Se teme la vejez y la pérdida de posición en el mercado sexual actual, en el que la madurez no cabe”, indica.

La menopausia todavía soporta una carga negativa de una historia occidental de muchos años. Si la mujer es reproductiva, es válida. Cuando deja de serlo, la cosa se complica. González considera que “hay una medicina paternalista, con un marcado sesgo masculino, que entiende que la menopausia es un periodo necesitado de tratamiento. Las mujeres necesitan ser tratadas para seguir siendo jóvenes y bellas, entre otras cosas, y comienza el boom de la terapia hormonal sustitutiva”.

González no está en contra de los tratamientos, pero matiza: “Las mujeres acuden a su ginecólogo, casi siempre varón, a realizarse sus revisiones, y salen con un tratamiento debajo del brazo para no sentir sofocos, para tener la vagina más hidratada, la piel más hidratada, etc. Es verdad que en algunos casos puede ser necesario, pero también que en muchos no lo es tanto. Considerar que lo que está pasando necesita tratamiento ya sitúa a la mujer en un lugar vulnerable, de pérdida y de enfermedad ”.

 

La medicalización de esta etapa de la vida ha conseguido colocarse, a nivel social, como la primera opción. En otras sociedades donde se da más valor al conocimiento, las mujeres, al llegar a la menopausia, tienen otra mirada sobre sí mismas, y la sociedad sobre ellas. Para las mujeres tailandesas, por poner un ejemplo, supone la adquisición de una posición social más fuerte, según indican en un estudio los investigadores Punyahotra, Dennerstein y Lehert, de la Universidad de Melbourne (Australia).

De hecho, esta mirada no es ajena a la medicalización. Vivir la menopausia con aceptación predispone a una sintomatología psicobiológica menor; que, a su vez, puede suponer no precisar de tratamientos para paliar los cambios, según se indica en el libro La edad de la menopausia , coordinado por el endocrinólogo Antonio Becerra-Fernández. No obstante, los sofocos o la sequedad de la vagina pueden ser tremendamente reales e incómodos y no obedecer a causas psicosomáticas. Ni todo es blanco ni todo es negro.

La etapa del climaterio y todos sus cambios físicos, además de los propios del envejecimiento, coinciden con muchos otros posibles cambios. Quizá el cuidado de mayores dependientes o de los nietos y nietas, con la consiguiente carga de tareas domésticas, quizá el síndrome del nido vacío cuando los hijos crecen y se marchan –como señala el especialista en ginecología Miguel Lugones–, quizá el deterioro de la relación de pareja, quizá la jubilación... Situaciones que pueden afectar a la salud, a la economía, a las rutinas, a las relaciones sociales y, evidentemente, también a las relaciones sexuales.

La respuesta sexual cambia, pero no todo es debido al envejecimiento ni a la baja autoestima por sentirse menos joven y con menos atractivo –algo que, en cualquier caso, no deja de ser más que una percepción subjetiva–. Tampoco todo se explica por la caída de hormonas, a la que se suele achacar la disminución o ausencia de deseo, algo con lo que no está de acuerdo González: “Estoy convencida de que los estrógenos poco tienen que ver con esto. Habría que empezar a plantearse que no se trata solo de la hidratación de la vagina o de buscar una viagra femenina para la excitación. Hay que valorar otras posibilidades. Influyen los factores psicológicos y los inductores externos, como también el ritmo de vida, la calidad de la intimidad emocional, la presencia de enfermedades y tratamientos, las dificultades de la pareja al respecto, etc. Pero no nos olvidemos del tipo de prácticas eróticas. Una erótica centrada básicamente en el coito en esta etapa de la vida es lo menos afrodisíaco que hay”.

Una mujer sin ganas de coito puede ser una mujer llena de deseos: de caricias, de besos, de dormir abrazada, de percibir por todos los sentidos, de compartir un baño, etc. No todo se reduce al coito, ni el coito es garantía de felicidad. De hecho, una mujer sin deseo de coito puede ser tremendamente feliz satisfaciendo el resto de deseos, incluso puede ser feliz sin deseos eróticos si ello no le genera malestar.

La conclusión de todo lo comentado ya la anticipó la poeta nicaragüense Gioconda Belli: “El cuerpo es mucho más que las hormonas. Menopáusica o no, una mujer sigue siendo una mujer; mucho más que una fábrica de humores o de óvulos. Perder la regla no es perder la medida, ni las facultades; no es meterse cual caracol en una concha y echarse a morir. No hay pues ninguna razón para sentirse devaluada”. 

 

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El tiempo promedio entre el inicio de las alteraciones menstruales del climaterio y la menopausia es de cuatro años, con una gran variabilidad de una mujer a otra. Entre las alteraciones destacan:

• Sofocos. Sensación súbita y transitoria de calor que se inicia en el cuello y sube a la cabeza.

• Sudoración nocturna.

• Sequedad vaginal, dispareunia y disminución de la libido.

• Insomnio. Alteración del ciclo sueño-vigilia.

• Riesgo de osteoporosis y de afectación a la salud cardiovascular.

• Efectos psicológicos: depresión, ansiedad, irritabilidad, problemas de memoria y falta de concentración.

Pero, a pesar de la menopausia, también hay muchas cosas importantes que no cambian. Por ejemplo, las relaciones eróticas en esta etapa siguen incrementando la salud, la autoestima y el control emocional. Constituyen una actividad respiratoria y muscular muy adecuada, además de liberar sustancias que incrementan el buen humor, mejoran la relación de pareja –si la hubiera– y combaten el sentimiento de soledad.

Por supuesto, la sexualidad durante el climaterio sigue siendo de todos los colores posibles: homosexuales, heterosexuales, bisexuales, con diversidad funcional, con amor o sin amor, individual o en pareja, etc.

 

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