Las partes del cuerpo más eróticas según la ciencia

El comportamiento erótico no existe por sí mismo, sino que depende de la interpretación y las intenciones del que lo realiza y/o lo recibe.

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¿Qué es el erotismo? ¿Existen parámetros eróticos para describir lo que nos resulta sexualmente atrayante de lo que no?

El comportamiento erótico no existe por sí mismo, sino que depende de la interpretación y las intenciones del que lo realiza y/o lo recibe. Si la sociedad o el individuo interpretan o no un comportamiento como erótico (es decir, capaz de generar una respuesta sexual) depende principalmente del contexto en el que se produce la actividad.

Un beso, por ejemplo, puede expresar afecto asexual (como un beso entre parientes), respeto (un oficial francés besando a un soldado después de otorgarle una medalla) o reverencia (besar la mano o el pie de un papa), o puede ser simplemente un saludo informal o un ritual social. Incluso algo tan específico como tocar los genitales no se considera sexual si se hace por razones médicas. En otras palabras: la motivación aparente de un contacto físico determina su interpretación, erótica o no.

Convenientemente socializado, el contacto físico puede resultar en la excitación sexual. Este contacto, desde el besuqueo o caricias hasta otro tipo de contacto genital más íntimo, es parte del proceso de aprendizaje humano y, en última instancia, determinará la selección de una pareja, que consideramos conveniente y apta para la reproducción, asegurando así la descendencia y la supervivencia de la especie.

Y, dado este componente social del erotismo, es esperable que lo que se considera erótico difiera en diferentes culturas.

Investigadores británicos y sudafricanos se preguntaron cuáles eran las partes más eróticas del cuerpo según la ciencia, en lo que han bautizado como 'la primera encuesta sistemática de la magnitud de las sensaciones eróticas de distintas partes del cuerpo', publicada en 2016.

Quizá la mayor sorpresa de esta investigación fue que la inmensa mayoría de los participantes en este estudio, unos 800 ciudadanos británicos y subsaharianos, no encontraron nada atractivos los pies, hasta el punto que las tres cuartas partes de ellos le daban un valor erótico de cero. Así que poco erotismo vas a poder conseguir dándole masajes en los pies a tu pareja. Estos resultados contradicen la extendida idea de que los pies son zonas erógenas porque los sensores de los pies en nuestro cerebro se encuentran cerca de la zona que recibe los impulsos nerviosos de los genitales. De hecho, señalan estos investigadores, es muy posible que se haya confundido el fetichismo que existe por unas piernas con media y tacones altos con su capacidad erótica.

Otro de los resultados más curiosos es que la mayoría de las personas suponen que las mujeres tienen una gran cantidad de zonas erógenas en su cuerpo mientras que el hombre solo tiene una, la obvia. Algo totalmente erróneo, aunque sí es cierto que ellas tienen un mayor número de zonas eróticas que ellos.

Otra de las sorpresas de esta investigación es que no se encontraron diferencias significativas en las respuestas en función del género, la nacionalidad, la edad o la orientación sexual. Solo aparecían pequeñas diferencias entre sexos, como que los hombres consideran más eróticas las manos que las mujeres o que para las mujeres lo es la parte de atrás de las piernas.

Ahora bien, la cuestión que queda por resolver no es dónde están las zonas erógenas sino porqué existen.

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