Causas de la ausencia de eyaculación

La ausencia de eyaculación se puede ocasionar por distintos motivos y es mejor conocerlos para poder prevenir las consecuencias. Descubre las causas por las que puede producirse.

Ausencia de eyaculación
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Hablamos de que un paciente presenta ausencia de eyaculación cuando puede mantener una vida sexual normal, en la que la erección y el placer están perfectamente conservados, pero, por el contrario, no puede llegar a eyacular.

Es importante señalar la diferencia entre eyaculación y orgasmo, ya que ambos pueden producirse de forma independiente el uno del otro. En la primera, que es de origen testicular, se produce una expulsión de semen al exterior. En el segundo, se percibe una respuesta placentera y liberadora con origen en el sistema nervioso central (SNC). En realidad, la eyaculación suele ocurrir cuando el orgasmo ya está desvaneciéndose.

La falta de eyaculación ha sido considerada tradicionalmente como impotencia. Sin embargo, en la actualidad es más entendida, asociándose a un caso de eyaculación precoz inversa.

En una gran mayoría de casos, la falta de eyaculación aparece en personas con un historial personal relacionado con la represión en el plano sexual. En el Informe Kinsey se menciona un porcentaje de un uno por mil para esta condición médica, manteniendo la relatividad del dato. Otros informes reportan un porcentaje de ocurrencia algo menor.

Si bien llegan a darse casos de ausencia total de eyaculación, el mayor dilema médico aparece cuando la eyaculación sí ha tenido lugar en algún momento de la vida, para desaparecer posteriormente.

Se han podido documentar casos en los que se evidencian situaciones traumáticas relacionadas con la vida sexual y que tienen un origen bien definido, así como situaciones educacionales que incluyen la demonización de la masturbación o el terror supersticioso a las mujeres.

Otros casos hacen referencia a reacciones defensivas frente a la eyaculación precoz o a la idea de no poder satisfacer sexualmente a la pareja.

 

Ausencia de eyaculación: una visión errónea de la sexualidad

Casi en la totalidad de los casos, la falta de eyaculación se vincula a un desarrollo personal, emocional y/o educacional en el que la sexualidad no se ha integrado de forma sana en la totalidad del individuo. La eyaculación ha sido elevada, en estas ocasiones, a la calidad de máximo valor de la capacidad sexual, como prueba de virilidad.

La sexualidad de estos pacientes se encuentra muy debilitada, sintiéndose cada vez mayor ansiedad por mostrar y probar, ante una posible pareja y ante sí mismo, la propia capacidad sexual.

Esta situación ansiosa puede llegar a evolucionar hacia patologías verdaderamente complejas y difíciles de abordar para los sexólogos. Se trata de pacientes que, cuanto más han intentado salir de su problema, más han ahondado en él, ya que muchos de ellos han rechazado la idea de consultar a un profesional durante mucho tiempo, ya sea por vergüenza o por desconfianza.

 

Abordaje terapéutico de la ausencia de eyaculación

Existe un factor importante que juega en contra de la solución del problema, y es la demanda por parte del paciente de una solución medicamentosa o medicoquirúrgica, para un problema que él asume previamente como de origen orgánico, por lo que el planteamiento de un abordaje sexológico y psicológico puede no ser bien recibido.

La respuesta terapéutica comienza con una reestructuración sexual tanto cognitiva como emocional y conductual, para pasar después a una educación sexual más centrada en los aspectos sensuales y eróticos que en las respuestas físicas de los genitales.

Una vez que se logra la colaboración del paciente y su implicación en el proceso, los resultados de la intervención sobre la ausencia de eyaculación arrojan resultados realmente optimistas, con un alto porcentaje de recuperación total.

 

En definitiva, la ausencia de eyaculación es un problema de índole personal pero que abarca un contexto educacional y social, que puede llevarnos a reflexionar sobre las terribles consecuencias que la idea estereotipada de masculinidad llega a tener en nuestras vidas y la de nuestras parejas.

 

Kinsey, A.C., Pomery, W.B., & Martin, C. E., 1948. Doi: 10.1002/ajpa.1330060119

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