10 consejos para resolver tus conflictos de pareja

Una pareja son dos que se unen para afrontar problemas que no tendrían si no estuvieran juntos. Estos 10 consejos de los psicólogos ayudarán a resolverlos.

Los conflictos de pareja son habituales y, hasta cierto punto, saludables. Pero se convierten en un problema cuando los implicados son incapaces de resolver sus diferencias y su frustración provoca situaciones hirientes, muchas veces inintencionadas. La mala comunicación y la incapacidad para gestionar las  emociones son la causa de muchos conflictos matrimoniales, y quizá algo tan sencillo como aprender inteligencia emocional podría evitar la mayoría de ellos.

Las relaciones monógamas son el tipo de unión romántica más frecuente en las sociedades humanas. Y, pese a que estos consejos son válidos para cualquier tipo de relación entre humanos (incluso de amistad o de familia), vamos a centrar la temática en las relaciones románticas entre dos. Cuando dos personas comparten tiempo juntos, especialmente cuando conviven, es frecuente que se produzcan conflictos en pareja, situaciones de desencuentro y disconformidad entre las partes.

Además, cuando pasa el tiempo en una relación, la confianza puede hacer surgir situaciones muy enriquecedoras; pero esto también tiene una pega: comienzan a darse por hecho tanto las emociones como los actos del otro; lo cual no es otra cosa que un problema de comunicación. Cuando se dice que la comunicación es la base de una pareja, no se trata de un cliché. Reconocer los propios sentimientos, y saberlos comunicar adecuadamente (ejerciendo a su vez una escucha activa a las emociones del otro) es un comportamiento fundamental para un adulto saludable.

Por otro lado, buena parte de los problemas de una pareja se derivan de que una parte (o ambas) es incapaz de asumir la responsabilidad, tanto de sus actos, como de sus emociones. Debemos comprender que cuando sentimos malestar hacia una situación, en lugar de culpar a un agente externo, es más efectivo preguntarse qué podemos hacer nosotros mismos al respecto para mejorar.

Esto está relacionado con la gestión de la frustración y de las emociones. Identificar emociones y tratar de recuperar la estabilidad emocional por nosotros mismos, sin depender de otros, es una de las mayores garantías de autonomía y libertad de que puede gozar una persona.

Atención: esto no quiere decir que todos los problemas los debamos resolver solos. A veces, necesitaremos la ayuda del otro, y éste debe mostrar la misma actitud proactiva para gestionar los conflictos; de no ser así, es muy difícil que pueda darse una relación sana entre las partes.

Y como adultos saludables que aspiramos a ser, que tienen relaciones que aspiran a ser enriquecedoras y sanas, los consejos que vienen a continuación te serán útiles incluso si crees que tu relación goza de plena estabilidad.

No obstante, si eres incapaz de resolver un conflict tanto de pareja como individual, es recomendable pedir ayuda a un profesional de la psicología. No tiene nada de malo hacerlo, y te asegurarás de recibir la ayuda especializada que necesitas.

1. Buscar un lugar y un momento idóneos para discutir y dialogar, en vez de lanzar reproches en situaciones en las que no es posible negociar con tu pareja.

2. Entrenar la capacidad de resistir momentos críticos sin perder el autocontrol. Evitar tanto la agresividad como la sumisión.

3. Hay que afrontar los problemas, sin temas tabú. Intentar que el conflicto surja lo más tarde posible solo sirve para que estalle.

4. No atribuir mala voluntad al otro. Los desacuerdos se deben a conflictos de intereses, no son ataques gratuitos.

5. Lanzar preguntas abiertas y atender las respuestas de la otra parte, sin interpretar sus mensajes. Hay que evitar que uno de los dos monopolice la reunión.

6. Sustituir expresiones tú ("Tú no me haces caso") por expresiones yo ("Yo me siento poco atendido"). Así, en vez de agredir, manifestamos sentimientos que el otro debe respetar.

7. Especificar el problema sin generalizaciones. Es muy importante acotar el conflicto antes de empezar a solucionarlo.

8. Discutir desde posiciones flexibles, no dogmáticas, acerca de cómo deben hacerse las cosas. Explorar alternativas sin obcecarse en una sola salida.

9. Negociar para satisfacer las necesidades respectivas en el futuro. Los conflictos se solucionan hacia delante, no hacia atrás. Es difícil llegar a un acuerdo sobre lo que pasó porque nuestra memoria es subjetiva, pero podemos acordar cómo actuaremos a partir de ahora.

10. En casos especiales, hay que recurrir a la mediación de personas que ayuden a descongestionar la situación.

Continúa leyendo