Verdades y mentiras sobre los zurdos

Muchas personas consideran que la zurdera predispone a morir antes, a sufrir más enfermedades o a ser de carácter introvertido. Pero, ¿tienen estos supuestos alguna base científica?

Durante siglos, el lado izquierdo ha sido identificado con el infortunio e, incluso, con la maldad. No en vano, sinister (‘siniestro’) es una palabra latina que significa ‘izquierdo’. Sin embargo, el lado contrario, el derecho, era considerado como sinónimo de destreza, virtud y justicia. Horacio exclamaba “Ego laevus!” (¡Qué tonto soy!), que, traducido literalmente, significa ‘¡Qué zurdo soy!’. Los musulmanes, por su parte, usan la mano derecha para comer y la mano izquierda, para lavarse, sobre todo las partes íntimas. Y el modismo tener dos pies izquierdos se usa para señalar que alguien es muy torpe, sobre todo bailando.

 

Pese a que estas manifestaciones son meramente culturales, el 90 % de las personas prefiere usar la mano derecha, una proporción que ha permanecido relativamente estable a lo largo de la historia. Por ello, la zurdera ha sido objeto de innumerables mitos que a menudo han servido para repudiarla aún más. Entre los más arraigados, están los siguientes: La lateralidad se refleja en el hecho de que una de las dos partes simétricas de nuestro cuerpo predomina sobre la otra a la hora de llevar a cabo la mayoría de las actividades: los zurdos tienen lateralidad izquierda; los diestros, derecha.

 

Todavía no existe unanimidad sobre el origen de esta tendencia. Podría ser una condición genética –heredada– o congénita –por ejemplo, consecuencia de la exposición a niveles elevados de testosterona en el vientre materno–. Sea como fuere, tras analizar todos los estudios sobre este tema, Phil Bryden –figura fundamental en la investigación de la lateralización del cerebro o división del trabajo entre los dos hemisferios y Chris McManus –profesor de Psicología en el University College de Londres– hallaron una correlación estadística significativa: de los 70.000 niños estudiados, los que tenían a ambos progenitores diestros mostraban un 9,5 % de probabilidad de ser zurdos; si un padre era zurdo y el otro diestro, la probabilidad ascendía al 19,5 %; y si en la pareja ambos usaban la mano izquierda, la probabilidad alcanzaba el 26,1 %. Con todo, de ello no se desprende necesariamente que estemos ante un fenómeno genético, porque las familias también pueden inculcar la zurdera culturalmente.

 

Por lo general se acepta que los recién nacidos son ambidiestros hasta los dieciocho meses y los dos años, que es donde se establece una tendencia de por vida. No obstante, algunos estudios han detectado lateralidad en fetos, como el publicado por Peter G. Hepper, un especialista en la conducta fetal de la Queen’s University de Belfast (Irlanda del Norte). Tras analizar más de mil fetos mediante ultrasonidos, Hepper sugiere que la preferencia de la mano se produce cuando el feto tiene diez semanas: el 90 % de ellos se chupaba más el pulgar derecho.

 

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Diez años después pudieron confirmar que todos los que se habían chupado este pulgar en el vientre materno eran diestros; y que el 67 % de los que se succionaron el izquierdo eran zurdos. La neurociencia ha considerado tradicionalmente que el hemisferio derecho del cerebro es donde reside la creatividad; y como este lado controla la mano izquierda, se ha sostenido que los zurdos son más creativos. Para reforzar esta idea se han elaborado listas de artistas que han tenido esta tendencia natural, y en las que aparecen desde Leonardo da Vinci a Paul McCartney.

 

Sin embargo, la literatura científica no ha podido demostrar que sean proporcionalmente más creativos, tal y como explica el psicólogo Chris McManus en su libro Mano derecha, mano izquierda. Además, la idea de que la creatividad emana de un hemisferio cerebral y la lógica del otro es también endeble a la luz de la neurociencia moderna; si bien cada uno de ellos puede ser fuerte en algunos aspectos cognitivos, estos no pueden categorizarse sencillamente de lógicoracional y de creativo, sino que comparten características de ambos. Tampoco hay personas que posean un hemisferio más dominante que el otro, como reveló un trabajo publicado en 2013 por Jared Nielsen, de la Universidad de Utah (EE. UU.). Se dice que los zurdos tienden a concentrarse en el propio mundo interior, pero no hay estudios que correlacionen personalidad y lateralidad. En un trabajo de 2013 realizado por Gina Grimshaw y Marc Wilson, de la Universidad de Wellington (Nueva Zelanda), para el que encuestaron a 662 de sus estudiantes, se midieron cinco rasgos de la personalidad: extraversión, apertura a nuevas experiencias, responsabilidad, amabilidad e inestabilidad emocional. Sin embargo, zurdos y diestros no manifestaron diferencias significativas en ninguno de estos rasgos.

 

A pesar de que se ha afirmado que asociaciones de superdotados, como la internacional Mensa, cuentan en sus filas con una mayor proporción de zurdos, tampoco se ha demostrado ningún vínculo entre el uso de una u otra mano con un mayor o menor cociente de inteligencia. Ahora bien, según una investigación publicada en el British Journal of Psychology y basada en datos del Estudio Nacional del Desarrollo Infantil en el Reino Unido –llevado a cabo con 11.000 niños de once años–, los diestros demostraron ser ligeramente más inteligentes.

 

Para los expertos, las diferencias resultaron insignificantes. Y tal vez fueron los propios zurdos los que se autoboicotearon a la hora de hacer los test porque tenían muy asumido que eran menos inteligentes. Otro mito, que fue catapultado por los neurólogos Norman Geschwind y Peter Behan gracias a una investigación publicada en la revista PNAS en 1982, es que los de mano izquierda son más propensos a sufrir afecciones del sistema inmunológico, especialmente a las enfermedades tiroideas e inflamatorias del intestino. Teoría que desmintió Phil Bryden en 1994, tras analizar un total de 89 estudios –en los que habían participado más de 21.000 pacientes– y cuyo resultado vio la luz en la publicación Brain and Cognition.

 

El error de Geschwind y Behan tal vez residiera en un sesgo estadístico: para llevar a cabo su investigación, se habían limitado a repartir cuestionarios entre los clientes de una tienda especializada en objetos para zurdos y, luego, comparar las respuestas de este grupo con las de otro conformado por diestros. Así, las enfermedades solo se evaluaban en función de las informaciones aportadas por los propios zurdos, con independencia de que fueran reales o no.

 

En 1988, los psicólogos estadounidenses Diane Halpern y Stanley Coren publicaron un artículo en la revista Nature, titulado “¿Viven más los diestros?”, que propagó el mito de que la esperanza de vida de los zurdos era menor. En el estudio analizaron el registro de fallecimientos de jugadores de béisbol y, al hacerlo, descubrieron que los zurdos morían más jóvenes. Sin embargo, esta estadística se debía a que, de promedio, el número de estos había aumentado espectacularmente en el siglo XX, al tiempo que había disminuido la presión social a favor del uso de la mano derecha. Así pues, si excluimos esa aberración estadística, resulta que los zurdos no acusan una mayor mortalidad. Diversos estudios reforzaron esta conclusión, como el realizado con jugadores de críquet y publicado por el British Medical Journal en 1994.

 

Pese a que en tiempos pasados fueron perseguidos en casi todas las culturas, actualmente, al menos en Occidente, disfrutan de los mismos derechos que los diestros. Tal y como escribe Christian Jarrett, doctor en Neurociencia Cognitiva en la Universidad de Mánchester, en su libro Grandes mitos del cerebro (2015): “Baste decir que cinco de los siete últimos presidentes estadounidenses han sido zurdos”.

 

 

A lo largo de la historia, además, ha habido no pocos ejemplos de exaltación de la zurdera. Los dogos de Tanzania atribuían un estatus especial a las personas que usaban con preferencia la mano izquierda. Entre los dogones, grupo étnico que vive en la región central de Mali, se les considera más hábiles que a los diestros, pues creen que son producto de la fusión entre dos varones gemelos.

 

Asimismo, Gran Jefe Zurdo es el nombre que los indios arapajoes dan a su líder, que se caracteriza por haber usado más la zurda desde su infancia. Aunque diestro es sinónimo de hábil, este adjetivo no es exclusivo de los usuarios de la mano derecha. De hecho, en algunos ámbitos ocurre justo al contrario; por ejemplo, en deportes como el boxeo, el tenis o la esgrima, donde se compite cara a cara. La razón es que los zurdos están más habituados a enfrentarse a diestros, pero no al contrario. Asimismo, tienden a ser más hábiles usando la mano derecha que los diestros usando la izquierda. Una idea que defiende, entre otros, Michael Raymond, de la Universidad de Montpellier, en Francia, que publicó un estudio en el que se observaba que la mitad de la selección gala de esgrima estaba formada por zurdos, y que los veinticinco mejores esgrimistas del mundo lo son. En el tenis de mesa (pimpón) hay un 32 %, y en el tenis, un 17 %. Teniendo en cuenta que en la población general solo hay un 10 %, estos datos evidencian una gran superioridad. Ya se hicieron eco de esta circunstancia autores clásicos como Séneca, que señala en Controversias que los gladiadores zurdos eran los más temibles. Y el emperador romano Cómodo, hijo de Marco Aurelio, se vanagloriaba de su forma de combatir en la arena, como explica Dion Casio en Historia romana (siglo III): “Sostenía el escudo con la mano derecha y la espada de madera con la izquierda, y estaba realmente orgulloso de ser zurdo”.

 

Las cosas específicamente diseñadas para ellos no son un capricho. Unas simples tijeras pueden resultar mucho menos eficaces si se manejan con la mano izquierda: no solo será más difícil ejercer fuerza, sino que las cuchillas cortarán menos debido a su disposición. Las motosierras echan serrín a la cara de los zurdos, las puertas de los hornos se abren hacia la izquierda, las máquinas expendedoras tienen los controles a la derecha... Para ellos es como ver el mundo en el reflejo de un espejo. Y es que, debido a su exigua proporción, han sido ignorados en general por parte de diseñadores, ingenieros y fabricantes. Por fortuna, cada vez hay más objetos diseñados para ellos o para ambidiestros.

 

En un capítulo de Los Simpson, una serie donde gran parte de los personajes son zurdos –quizá porque su creador, Matt Groening, también lo es–, Ned Flanders es propietario de Leftorium, una tienda de objetos exclusivos para personas con esta tendencia. En el mundo real también existen iniciativas similares, como Anything Left-Handed, una tienda que abrió en Londres hace 48 años.

 

En los inicios de la psicología, se vinculó la lateralidad con la orientación sexual. En la relación epistolar mantenida por Sigmund Freud y Wilhelm Fliess se mencionaba, a propósito de la relación entre bisexualidad y bilateralidad, que la zurdera latente estaba asociada con la homosexualidad latente. Culturalmente, también se ha reforzado esta idea, por ejemplo a través del lenguaje: en el inglés coloquial, lefthanded (‘zurdo’) también significó ‘homosexual’ entre 1920 y 1970.

 

Sin embargo, si bien esta tendencia es una característica algo más frecuente entre gays y transexuales que entre heterosexuales, la proporción resulta ser muy pequeña y no se ha aclarado si existe algún motivo para ello. Los porcentajes de zurdos en el mundo son casi idénticos, salvo pequeñas variaciones por países. Por ello, a pesar de que en internet proliferan datos sobre tribus donde abundan, como los taymires, del Ártico ruso, donde un 75 % de la población es zurda, no es cierto que se hayan encontrado sociedades mayoritariamente con esta condición. También es un mito que la mayoría de los integrantes de la tribu punjab de Fiyi use preferentemente la mano izquierda, o que exista una incidencia muy elevada de ellos entre las tribus aborígenes de América del Norte, Sudamérica, Sudáfrica y Australia.

 

La mayoría de estos infundios proceden de un almanaque, The Left-Hander’s 1997 Desk Calendar, que se nutre de diversas fuentes muy poco fiables. Incluso la afirmación de que todos los habitantes del reino de Melinda eran zurdos, vertida por el célebre explorador portugués Vasco de Gama en su viaje a Calicut (India) tiene su origen en una confusión lingüística. En la literatura científica jamás se ha registrado ninguna sociedad en la que más del 20 % de sus miembros lo sean.

 

El Homo neanderthalensis u hombre de Neandertal compartió espacio en Europa con nuestros antepasados de la especie Homo sapiens. Los neandertales se extinguieron de forma misteriosa hace 30.000 años, y eran homínidos de aspecto más tosco y complexión más robusta que la nuestra.

 

El psicólogo británico Stan Gooch, en su libro The Neanderthal Question (1977) también sugería que estos eran más bajos, miopes y zurdos, a diferencia de nuestros ancestros. Gooch, que sostiene que los humanos modernos son una mezcla de aquellos y neandertales, acaba deduciendo que quienes usan la mano izquierda evidencian sus orígenes neandertalenses y, por extensión, su retraso evolutivo.

 

 

Sin embargo, no hay ninguna prueba basada en fósiles o instrumentos líticos y otros artefactos que respalden esta hipótesis. De hecho, el paleontólogo estadounidense Stephen Jay Gould ha llegado a afirmar lo siguiente: “Estamos bastante seguros de que el uso de la mano derecha era la forma de lateralidad predominante entre los neandertales”.

 

La zurdera no es una enfermedad ni un trastorno y, por tanto, no debe corregirse. Con todo, la educación, la presión social y otros factores externos pueden propiciar que usemos más una mano que la otra, aunque hayamos nacido zurdos. Por ejemplo, en la Antigüedad, Hipócrates ya recomendaba esto a los cirujanos: “Practica toda clase de operaciones, y realízalas con cada mano y también con ambas a la vez (pues las dos son parecidas), ya que el objetivo es conseguir habilidad, velocidad y elegancia sin causar dolor”. En la época victoriana incluso se diseñó un aparato provisto de una correa de piel y unas hebillas para atar la mano izquierda a la espalda.

 

Un zurdo, pues, puede aprender a ser hábil con su extremidad derecha y también puede evitar el uso de la izquierda en la mayoría de ocasiones. Sin embargo, en general siempre mostrará una mayor habilidad natural con esta última. Ser zurdo, al fin y al cabo, es como tener ojos verdes, cabello rubio o cualquier otro rasgo poco frecuente.