Tipos de yoga y sus beneficios

Apto para todos los públicos, combina meditación con ejercicio físico suave, los dos niños mimados de la salud preventiva actual. Si te apetece probar una de sus muchas variantes, te ayudamos a elegir cuál se adapta más a tus necesidades, a tu condición física e, incluso, a tu forma de entender el mundo.

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Los beneficios para la salud física y mental de este cóctel de meditación y actividad física están más que demostrados. Lo confirman estudios como el publicado el año pasado en el Journal of Preventive Cardiology, que asegura que practicar yoga con regularidad baja la presión sanguínea, el colesterol dañino y el peso corporal. Además, “las posturas estiran con suavidad los músculos. Esto los hace ser más sensibles a la insulina, lo que es importante para regular el azúcar en sangre”, señala Gloria Yeh, profesora en la Escuela de Medicina de Harvard y coautora del trabajo.

 

Huesos en forma

En la misma línea, como ha investigado Loren M. Fishman, de la Universidad de Columbia, en Nueva York, el yoga mejora el equilibrio y la flexibilidad. Incluso echa una mano contra la osteoporosis, una enfermedad que debilita el esqueleto y es culpable de que alrededor de la mitad de las mujeres mayores de cincuenta años se rompan un hueso.

El dolor de espalda crónico es otro de los males para los que resulta ser un tratamiento efi caz, según afirman estudios recientes como el realizado por Douglas Chang y su equipo, recogido en Topics in Geriatric Rehabilitation. La mente también se lleva su premio. Según informaba el Journal of Alzheimer’s Disease, un equipo de investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles midieron cómo influía la práctica de yoga en las capacidades cognitivas. Dividieron a los participantes en dos grupos: durante doce semanas, uno seguía un programa de entrenamiento cerebral con ejercicios para estimular la memoria; el otro realizaba una práctica de kundalini yoga durante quince minutos al día. Los resultados demostraban que ambos grupos habían mejorado en sus habilidades cognitivas. Pero los que habían hecho yoga superaban a los otros en que su humor había mejorado, puntuaban más bajo en síntomas depresivos, tenían mejor nivel de memoria visoespacial y más desarrollada la parte del cerebro que se encarga de la atención y la capacidad multitarea.


En la misma línea, varios experimentos se han centrado en ver cómo la práctica del yoga combate la ansiedad y la depresión, los dos grandes caballos de batalla de la salud mental en nuestros días. Chris Streeter, profesor de la Escuela de Medicina de la Universidad de Boston, confi rmó hace unos años que los yoguis tienen una mayor producción de ácido gamma-aminobutírico (GABA), neurotransmisor encargado de inhibir, entre otras cosas, la ansiedad. Por si fuera poco, la ciencia ha probado que la meditación y las técnicas de respiración regulan al sistema nervioso y disminuyen la percepción de estrés, no solo subjetivamente, sino en los niveles de cortisol, la hormona del agobio por excelencia.

 

Para todos los gustos


Sin embargo, no son estos beneficios el principal atractivo de muchas de las personas que se acercan a su práctica. “En un momento dado, casi todos llegamos a preguntarnos si hay algo más en la vida aparte de lo que podemos ver y tocar”, afirma Ramón Ruedas que, con veintidós años, decidió dejar el trabajo que tenía en unos laboratorios y ganarse el pan como profesor de yoga. Desde entonces, ha sido una constante en su vida y ha fundado centros de meditación en Venezuela, México y España. En la misma línea, la instructora Mar G. Morales nos deja claro que “esto no es un deporte, ni un ejercicio, es una herramienta de desarrollo del ser humano”. Pero existen tipos de yoga de lo más variados: a continuación, puedes elegir cuál se adapta más a ti, según tus necesidades, tus preferencias y tus objetivos.

A los veintinueve años, Morales trabajaba en una oficina: “Estaba todo el día contracturada, tenía una tensión física tremenda... Hasta que entré en una crisis personal. ‘¿Es esto lo que quiero para el resto de mi vida?’, me preguntaba. Entonces, alguien me recomendó hacer yoga. Y me cambió todo”, recuerda. Hoy lleva quince años dedicada en exclusiva al hatha yoga, como instructora.

 

 

 

Hatha: el clásico

“Es un trabajo de conciencia corporal, que se caracteriza por sus posturas o asanas. Cada una trabaja con una parte del cuerpo: para dar flexibilidad a la columna, el cuello, abrir la pelvis, fortalecer las piernas o los hombros, etc.”, señala Morales a MUY. Lo que se logra con su práctica, asegura, va más allá de la salud física, pues “trabajar con el cuerpo refina el sistema nervioso, los sentidos, las emociones. Abre vías neuronales que estaban dormidas y despierta la plasticidad cerebral al obligarnos a poner la atención en las distintas posturas”, afirma. Al mismo tiempo, “promueve la armonía y el equilibrio emocional. Cada postura trabaja unas emociones. Por ejemplo, cuando estás deprimido, encoges los hombros, hundes el esternón... Con el movimiento del cuerpo en el yoga, podemos hacer que se recorra el camino inverso y, a través de las posturas, influir en la mente”, nos cuenta.

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Para todos los gustos


Sin embargo, no son estos beneficios el principal atractivo de muchas de las personas que se acercan a su práctica. “En un momento dado, casi todos llegamos a preguntarnos si hay algo más en la vida aparte de lo que podemos ver y tocar”, afirma Ramón Ruedas que, con veintidós años, decidió dejar el trabajo que tenía en unos laboratorios y ganarse el pan como profesor de yoga. Desde entonces, ha sido una constante en su vida y ha fundado centros de meditación en Venezuela, México y España. En la misma línea, la instructora Mar G. Morales nos deja claro que “esto no es un deporte, ni un ejercicio, es una herramienta de desarrollo del ser humano”. Pero existen tipos de yoga de lo más variados: a continuación, puedes elegir cuál se adapta más a ti, según tus necesidades, tus preferencias y tus objetivos.

A los veintinueve años, Morales trabajaba en una oficina: “Estaba todo el día contracturada, tenía una tensión física tremenda... Hasta que entré en una crisis personal. ‘¿Es esto lo que quiero para el resto de mi vida?’, me preguntaba. Entonces, alguien me recomendó hacer yoga. Y me cambió todo”, recuerda. Hoy lleva quince años dedicada en exclusiva al hatha yoga, como instructora.

 

 

 

Hatha: el clásico


Es un trabajo de conciencia corporal, que se caracteriza por sus posturas o asanas. Cada una trabaja con una parte del cuerpo: para dar flexibilidad a la columna, el cuello, abrir la pelvis, fortalecer las piernas o los hombros, etc.”, señala Morales a MUY. Lo que se logra con su práctica, asegura, va más allá de la salud física, pues “trabajar con el cuerpo refina el sistema nervioso, los sentidos, las emociones. Abre vías neuronales que estaban dormidas y despierta la plasticidad cerebral al obligarnos a poner la atención en las distintas posturas”, afirma. Al mismo tiempo, “promueve la armonía y el equilibrio emocional. Cada postura trabaja unas emociones. Por ejemplo, cuando estás deprimido, encoges los hombros, hundes el esternón... Con el movimiento del cuerpo en el yoga, podemos hacer que se recorra el camino inverso y, a través de las posturas, influir en la mente”, nos cuenta. Otro rasgo que lo distingue es el uso de soportes especiales, como aparatos de madera, cinturones o cuerdas, que sirven para lograr una mayor corrección en las posturas y son una ayuda para personas con dificultades físicas.

Bikram: efecto sauna

“Consiste en una serie de veintiséis posturas de hatha yoga, que siempre son las mismas y dos ejercicios de respiración, antes de empezar y al acabar, a 40 ºC y un 40 % de humedad”, cuenta a MUY Carlos Mora, profesor certificado en esta disciplina y propietario del centro Bikram Yoga Pozuelo. “Bikram Choudhury seleccionó estas posturas por su facilidad y porque trabajan todas las partes del cuerpo”. Por eso, asegura, cualquier persona saca beneficios físicos de practicarlo, da igual qué parte tenga dolorida o lesionada. La historia de su fundador, Bikram Choudhury, parece sacada de una película. Cuando Nixon viajó a la India y quedó postrado por un ataque de gota gota, Choudhury lo curó con el yoga. El presidente, como agradecimiento, le concedió el permiso de trabajo y residencia en Estados Unidos. Ni corto ni perezoso, el maestro indio se fue a Beverly Hills, adonde lo había invitado la actriz Shirley MacLaine –la había conocido también en la India–. Y triunfó. “Su filosofía defiende que todo el mundo puede hacer yoga, no hace falta que seas vegetariano, ni budista, ni que creas en la vida eterna... Solo es necesario que quieras cuidar tu cuerpo y tu mente”, nos explica Mora.

¿Por qué el calor y la humedad? “Porque el yoga nació en la India y allí hay esas condiciones. Así es más fácil ser flexible”, nos contesta. Además, sudar ayuda a eliminar toxinas. “Son 90 minutos de meditación activa. Dejar la mente en blanco es muy difícil si no haces nada. Esto es tan intenso que solo puedes centrarte en el ejercicio que estás haciendo, no tienes tiempo para pensar en el trabajo, los niños, los problemas”, señala el instructor. ¿Qué lo diferencia de otros tipos de yoga? “Tiene sus mismos beneficios, pero más intensos y más rápidos, sus resultados son espectaculares para dolores de huesos, articulaciones, lesiones de espalda, hombros, cuello...”, asegura. Por otra parte, “las clases son más duras también, porque el corazón trabaja más cuando la temperatura es alta”. Eso sí, el experto desmiente el mito de que, a base de tanto sudar, el bikram sirve para quemar calorías: “No se usa para adelgazar. Promueve el equilibrio y la salud del cuerpo, te hará ganar músculo y masa corporal, si es lo que necesitas, o perder grasa, si es que te sobra, pero eso sería solo un beneficio colateral, no es el objetivo”, advierte. Otra de sus características es el gran espejo delante de los practicantes: “Te mantiene concentrado, te permite corregir tu postura y, día a día, aprendes a mirarte, a aceptarte”, indica Mora.

Cuando le preguntamos para quién está recomendado, asegura que “para todo el mundo”, aunque las personas que más se acercan a esta forma de cuidar el cuerpo son los deportistas y “gente de cualquier condición a partir de los cuarenta años, que es cuando empezamos a tener achaques y buscamos una manera de solucionarlos”.

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Kundalini: Cantarines de mantras


Como explica en su web la asociación internacional de este tipo de yoga, es una técnica que “ayuda a fortalecer el sistema nervioso y mejora la flexibilidad. Una clase completa incluye pranayama técnicas de respiración–, kriyas –grupos de posturas–, focalización de ojos, mudras –posiciones de manos y dedos– y meditación”. Pilar G. del Burgo, una periodista que participa como voluntaria en la Asociación Española de Kundalini Yoga (AEKY) y es instructora de esta disciplina desde hace doce años, cuenta a MUY que “es una forma muy efectiva para aprender a calmar la mente y dominar el flujo de las emociones. La mente es el mejor amigo del hombre, pero puede ser también su peor enemigo; por eso, siempre intentamos dominarla y no al revés”.


El kundalini desembarcó en España hace unos treinta años, aunque a Occidente llegó en 1968, importado de la India por Yogi Bhajan. Él se ocupó de unificar sus enseñanzas dentro del Instituto Internacional de Kundalini Yoga, único organismo que otorga la acreditación necesaria para dar clases de esta disciplina. Por eso, hoy en día, “en cualquier parte del mundo, la práctica se desarrolla de forma similar y con los mismos mantras de inicio y clausura”, señala la instructora. Los seguidores del kundalini se conocen como los cantarines de mantras, que la RAE define como “sílabas, palabras o frases sagradas, generalmente en sánscrito, que se recitan como apoyo de la meditación”. También prestan especial atención a los mudras, que buscan estimular o conectar determinadas terminaciones nerviosas. “Otra clave es que las series de posturas que hacemos persiguen un objetivo concreto, como trabajar los pulmones o la circulación, activar los riñones, mejorar la flexibilidad de la columna...”, afirma la experta.

De hecho, entre sus aplicaciones terapéuticas, destaca su eficacia para tratar dolores de espalda. De todas formas, aconseja que “aquellos con patologías concretas de cualquier tipo deben preguntar a su médico si considera conveniente que realicen esta práctica”. Por otra parte, ofrece una serie de meditaciones específicas para distintos propósitos, como combatir el insomnio o hacer frente al estrés. Lo confirman estudios como el realizado en el Instituto de Investigación Psicológica de India, que analizaba su impacto en el ámbito académico y el bienestar emocional y social de un grupo de estudiantes de secundaria. Después de tres meses, los que habían practicado semanalmente encontraron una mejora significativa en su autocontrol emocional y la memoria, y una reducción importante de los sentimientos de rabia, ansiedad y estrés.

En palabras del propio Bhajan, que fue nombrado miembro del Congreso de los Estados Unidos tras su muerte por sus aportaciones a la humanidad –igual que la madre Teresa de Calcuta o Martin Luther King–, “hacer kundalini no significa que tienes que entrar en un trance más allá de este mundo. Sirve para integrarte plenamente en la realidad y darte una visión y una sensibilidad más amplias, para que puedas actuar de forma más eficiente”.

Astanga: para atléticos

Si el hatha se caracteriza por la suavidad y el ritmo pausado de las posturas, que son más estáticas, su variante astanga es mucho más atlético, intenso y exigente, por lo que requiere una buena preparación física. Se conoce como yoga dinámico, pues repite siempre la misma serie de asanas que pasan de una a otra de forma fluida, dentro de cinco secuencias que van progresando en intensidad. Es un ejercicio que, si no estás preparado, puede resultar extenuante. Por eso, Morales lo recomienda “para personas que sean ya experimentadas en la práctica de yoga y que sepan alinear bien la columna y el cuerpo en general. Deben tener un dominio muy bueno de su físico, porque, si no, esta variante del yoga suele producir lesiones frecuentes”.

 

 

Vasi yoga: aprende a respirar

Después de décadas enseñando hatha y kundalini yoga, Ramón Ruedas introdujo en España esta disciplina, hace quince años, en su centro de meditación Vettaveli. Se trata de una enseñanza milenaria, basada en textos escritos por maestros yoguis del sur de la India, en la región de Tamil Nadu. De hecho, vasi es una palabra de origen tamil que significa ‘respiración’, un elemento clave de esta variante de yoga que persigue tener un mayor control y dominio sobre el acto de respirar para, con ello, manejar mejor tus estados mentales y emocionales.

En una sesión típica, se ejecutan una serie de asanas del hatha yoga, con la particularidad de que integran la práctica de mantras y respiración –con una técnica específica durante cada una de las posturas–. El efecto de esta actividad física en la salud ósea y articular es el mismo que en todas las variedades de yoga, así como sus beneficios psicológicos. “Al equilibrar el cuerpo, la mente y las emociones, se logra generar un estado de felicidad cada vez mayor”, cuenta Ruedas a MUy. En su experiencia, “el pranayama aporta un nivel de energía elevado. Y la persona se encuentra cada vez en mejores condiciones para enfrentarse a su vida cotidiana”.


En cuanto a cómo elegir entre las muchas formas de yoga, la clave está “en tu actitud y lo que estás buscando. La mayoría de las personas ven el yoga como un sistema terapéutico para relajarse física y mentalmente, lo cual también está bien. Poca gente busca seguir un proceso de transformación profunda a todos los niveles, que es lo que hace el vasi yoga”, apunta el experto.

 

 

Acroyoga: espíritu circense

Acrobacias, masaje tailandés y yoga. Son los tres ingredientes de esta disciplina. La primera diferencia con otras propuestas es que, para su práctica, hay que estar bien preparado: tener flexibilidad, fuerza y un entrenamiento previo supervisado, ya que un despiste o un error pueden provocar caídas y lesiones. Es, además, una variante que precisa la participación de, al menos, tres personas. La base se tumba boca arriba en el suelo y utiliza piernas y brazos como punto de apoyo del volador –flyer, en inglés–. Este se coloca sobre la base para realizar una serie de posturas dinámicas en el aire.


El tercero es el observador –spotter–, encargado de vigilar todo el conjunto desde fuera y asegurarse de que el volador aterrice de forma segura si se cae. Según los entendidos, una de las características del acroyoga es esa coordinación de cuerpos entrelazados. Por eso, en su práctica, se fomentan la concentración, el equilibrio y la confianza en los demás.