Marihuana terapéutica: la fábrica de maría

En países como Canadá, Israel o Alemania, la elaboración de productos medicinales a partir de la planta de la marihuana mueve toda una industria perfectamente legalizada.

 

Yaakov Litzman, el ultraortoxo ministro de Sanidad israelí, se ha convertido en un ídolo para las organizaciones médicas y de pacientes que reclamaban desde hace años el uso terapéutico del cannabis. Vestido de negro y con una kipá que cubría su cabeza, comunicó en agosto de 2015 que su ministerio pasaba a considerar los derivados de esta planta como un medicamento más, al mismo tiempo que anunciaba medidas para facilitar que los enfermos tuvieran un fácil acceso al tratamiento.

Alrededor de 20.000 pacientes pueden utilizar ya en Israel los cannabinoides bajo control médico. La iniciativa fue aplaudida incluso por las organizaciones de lucha contra la droga, que distinguen muy bien entre emplear la marihuana con fines médicos –para aliviar el dolor o los efectos secundarios de algunos tratamientos como la quimioterapia– y su uso lúdico.

 

Cosecha en río revuelto

Muchos investigadores apuntan que esta diferenciación es fundamental; hay sectores que temen que un cambio legal similar al israelí sea aprovechado por los grupos que propugnan la legalización de las drogas como un primer paso para lograr sus objetivos. En Canadá ambos debates se han solapado. Su primer ministro Justin Trudeau prometió despenalizar el consumo recreativo, y simultáneamente se han dado pasos en la aplicación terapéutica: 35 empresas han sido autorizadas para cultivar y distribuir flores y aceite de la planta, y los pacientes también pueden criarla por su cuenta con prescripción médica.

“Alguien que hiciera esto en España podría ser detenido, aunque tuviera un certifi cado de su especialista”, explica a Muy Interesante el doctor José Antonio Martínez Orgado, jefe de Neonatología del Hospital Clínico San Carlos de Madrid e investigador de uno de los principios activos de la marihuana: el cannabidiol.

Su equipo ha demostrado en estudios preclínicos que es eficaz en el tratamiento de los niños que han sufrido daño cerebral en el parto por falta de oxígeno o por presión excesiva en el cráneo. “Esta sustancia reduce la inflamación, protege el cerebro –clave en los bebés porque no tienen defensas– y no presenta efectos secundarios”, apunta este médico.

 

THC: el polifármaco

El más conocido de los cuatrocientos compuestos del cannabis es el delta-9-tetrahidrocannabinol o THC, que interactúa con receptores celulares que regulan multitud de funciones en el cuerpo: las emociones, la sensación de saciedad, el tono muscular, el reflejo del vómito o la percepción del dolor. “El abanico de efectos es tan amplio que estamos ante un polifármaco”, comenta el doctor Javier Pedraza, médico de familia y miembro de la Sociedad Española de Investigación sobre Cannabinoides (SEIC).

El THC y el cannabidiol (CBD) son los dos componentes de Sativex (nabiximols), el único principio activo sintetizado de la marihuana que se distribuye en España. Se usa para tratar los espasmos musculares en la esclerosis múltiple, en el dolor neuropático –crónico e intenso– y en el producido por el cáncer, “pero su prescripción está muy restringida, pues solo lo pueden recetar los especialistas y cuando otros medicamentos no han funcionado”, puntualiza el doctor Pedraza.

Como alternativa para acceder a los efectos de la maría, muchos enfermos recurrían a los más de ochocientos clubs de cannabis que existen. Sin embargo, el Tribunal Supremo ha puesto trabas a esa opción al fijar que el consumo compartido solo es legal si el número de miembros de un centro es reducido. Otra opción consiste en comprar preparados por internet, pero con poco THC. “Si tienen menos de un 0,5 % de principio activo son legales y se consideran un complemento alimenticio”, explica el doctor Martínez Orgado.

 

Un país sin ley

Las organizaciones de pacientes y los expertos en cannabinoides coinciden en que urge resolver el vacío legal que existe en España para facilitar su utilización entre los pacientes. El doctor Pedraza cree que “solo hace falta voluntad política”, y el doctor Martínez Orgado percibe, además, una razón de salud pública que justifica que la producción de la planta se controle estrictamente: “El cannabis crece muy rápido y lo absorbe todo, incluidos los pesticidas u otras sustancias, de ahí que consumir uno del que se desconoce cómo se ha cultivado suponga un peligro potencial para la salud”. Israel, Canadá, los Países Bajos y Alemania, entre otros países, lo han evitado regulando su cultivo y distribución y con fines terapéuticos.


Porros: cara y cruz

Aunque la combustión daña los pulmones, los cigarros de marihuna tienen efectos terapéuticos saludables. Los de la imagen se despachan en el centro médico Tikun Olam de Tel Aviv, en Israel.

 

Viveros bajo control

Las empresas acreditadas en Canadá para producir buscan también el mercado estadounidense, donde veintiséis estados han autorizado programas con fines médicos.


El comienzo del proceso

La planta de marihuana es excelente para realizar la multiplicación por esquejes, cuyo crecimiento se controla en invernaderos con la  luz y la humedad óptimas.

El paso crítico

Si no se cuida el secado de la planta, el producto final pierde calidad y sus propiedades quedan mermadas.


 

Estudios punteros

Israel, con investigadoras como Christine Haj, lidera la investigación mundial sobre los efectos terepéuticos de los cannabinoides, lo que ha facilitado la creación de un programa en esta dirección.

 

Sin rodeos

Fumar es la manera más frecuente de acercarse al cannabis. El modo de consumo puede alterar sus efectos, pero el factor que más influye es la variedad de la planta que se utiliza.

 

Un abanico donde elegir

En Israel, el acceso a la marihuana medicinal es sencillo; incluso hay dispensarios como el de Tikun Olam de Tel Aviv que la ofrece en diferentes presentaciones. Los componentes de la maría se disuelven en las grasas, no en el agua, por eso se vende también en gotas de aceite o cápsulas.