¿Funciona la hipnosis?

¿Sabías que la sugestión puede ayudarte a manejar el estrés o a solucionar problemas de salud? El autor de este reportaje, biólogo y experto en hipnosis clínica, nos explica cómo.

Un psicólogo cognitivo conductual tiene sus herramientas para ayudar al paciente a resolver sus problemas durante la vigilia, es decir, cuando está despierto. Sin embargo, si el terapeuta sabe aplicar la técnica de la hipnosis, ello le permitirá emplear los mismos conocimientos, pero de tal manera que el éxito del procedimiento se pueda alcanzar en un tiempo más breve.

Existen terapias en las que la utilidad de esta herramienta resulta indiscutible, porque las pruebas científicas son contundentes; así sucede en el control del dolor, por ejemplo. En estado de hipnosis, se puede inhibir una sensación de dolor. Incluso el sujeto puede aprender a hacerlo de forma autónoma –autohipnosis–, lo cual está resultando de gran utilidad en el tratamiento de sufrimientos crónicos.

La eficacia y el tiempo necesarios para conseguir resultados dependerán de la sensibilidad del paciente a la hipnosis. Esta es una cualidad inherente al ser humano, aunque hay pruebas de que una persona puede mejorar su desempeño con la práctica. Se acepta que alrededor del 10% de la población presenta una alta sensibilidad a la hipnosis. Es la gente que, en un teatro, el mago del espectáculo selecciona fácilmente, y que muestra luego esas respuestas tan llamativas que resultan difíciles de creer para el espectador no habituado.


Los que se resisten

También se acepta que hay otro 10% de sujetos difíciles de hipnotizar, lo que no implica que no se pueda lograr. Simplemente, requieren de una experiencia mayor del hipnotista y del uso de técnicas específicas. Estos porcentajes nos dejan un 80% de casos de sensibilidad media, lo cual nos permite concluir que se puede trabajar fácilmente con nueve de cada diez individuos.

Hacemos hincapié en estas cifras para cuestionar la afirmación de algunos expertos que aseguran, de forma general, que es imposible que se pueda hipnotizar a todo el mundo.

 

La hipnosis clínica no sustituye las terapias convencionales: es una herramienta que las apoya

La hipnosis puede ser un aliado en el quirófano. Algunos hospitales se deciden por este método de anestesia sin efectos secundarios para intervenciones, como en una colonoscopia.

Pero ¿por qué la hipnosis clínica es una herramienta potente para los profesionales de la salud? Cuando el psicólogo cognitivo conductual trata a su paciente en vigilia, trabaja con la mente consciente.

Esta funciona como una especie de filtro, que cuestiona lo que dice el terapeuta, analiza, racionaliza y critica la terapia. Así funciona nuestra parte consciente, y el profesional tiene que lidiar con ella, para que su tratamiento tenga éxito. En cambio, si se realiza el mismo trabajo con el paciente en hipnosis, el terapeuta puede conectar directamente con los procesos subconscientes.

 

Trance de diván

En realidad, es el paciente el que, de forma voluntaria y temporal, ha aparcado parte de su procesamiento consciente. Así, permite al terapeuta comunicarse con ese nivel profundo de su yo.

En eso consiste la hipnosis: es un proceso al que se accede con relativa facilidad a través de la focalización de la atención y, sobre todo, si se desea voluntariamente que ocurra. Por otra parte, es importante distinguir entre diferentes aproximaciones.

Cuando nos referimos a la hipnosis clínica, hablamos de su utilización por profesionales de la salud, básicamente médicos y psicólogos, para curar dolencias que dichos especialistas podrían tratar también sin la ayuda de esta técnica. El experto sabrá identificar en qué casos la hipnosis clínica le podría ser útil como herramienta. Pero su potencial terapéutico supera el esbozado en esta definición.

En la segunda mitad del siglo XX, Milton H. Erickson (1901-1980), psiquiatra estadounidense, dio un vuelco a lo que conocíamos hasta entonces sobre el tema. El método clásico sigue un protocolo donde hay una inducción formal de la hipnosis, una profundización del estado hipnótico, la administración de sugestiones terapéuticas y, finalmente, la salida del trance. Este proceso se utiliza tanto en la hipnosis clínica como en la del mundo de la farándula.

La hipnosis ericksoniana, en cambio, no precisa de una inducción formal, y se basa en la utilización de los recursos que el paciente tiene para afrontar sus propios contratiempos. Según Erickson, la hipnosis es un estado natural del organismo humano en el que entramos todos espontáneamente cada día. Ernest Rossi, psicólogo clínico y discípulo suyo, ha dedicado los últimos cuarenta años a dar un soporte científico a las teorías que su maestro apenas esbozó.

 

Ciclos creativos

Erickson, un genio intuitivo, le dijo a Rossi que sometía al paciente a sus terapias, aderezadas con el estilo original y particular que lo caracterizaba, durante hora y media o dos horas, porque “así era como funcionaban”. Rossi estableció que lo que decía Erickson acerca de que todos entrábamos a diario en hipnosis, ocurría aproximadamente cada 90 o 120 minutos, al final de cada ciclo ultradiano, en lo que correspondería a la “respuesta regenerativa ultradiana”.

Recordemos que los ritmos ultradianos son aquellos que tienen una duración de menos de veinticuatro horas. El ser humano los experimenta no solo mientras está despierto, sino también cuando duerme.

Y es por estos ritmos por los que sentimos, aproximadamente cada dos horas, una especie de flojera, bostezamos y sentimos la necesidad de parar un momento. Lo aconsejable, en este caso, sería seguir esas señales del organismo y, en efecto, parar durante quince o veinte minutos, que es lo que dura la respuesta regenerativa ultradiana.

Es el momento ideal para realizar una autohipnosis antes de empezar un nuevo ciclo.

 

En concordancia con el trabajo de Erickson, Rossi propuso que un proceso hipnótico se podía acoplar a un ciclo ultradiano, donde una primera fase correspondería a la inducción hipnótica; luego, y tras un momento de iluminación, ocurriría una segunda fase de relajación, la que se asocia clásicamente con la hipnosis. Entre una y otra se distribuirían los cuatro estadios del proceso creativo. el ‘momento eureka’.

Según el protocolo de Rossi, en el estadio uno recopilamos toda la información relacionada con el dilema que el sujeto quiere resolver.

Acto seguido, la mente subconsciente del paciente transcurre por el estadio dos –la incubación–, en el que se plantea el problema y busca en su subconsciente sus propios recursos creativos para afrontarlo.

En el mejor de los casos, ocurriría un momento eureka, que daría paso al tercer estadio –la iluminación–, donde el individuo se relaja y se plantea utilizar las posibles claves que han surgido para resolver lo que le preocupaba.

Finalmente, y ya una vez fuera de la hipnosis, se completaría el procedimiento con el estadio cuatro –la verificación–, en el cual el terapeuta y el paciente discuten sobre la importancia de aplicar en el mundo real esas posibles respuestas surgidas para comprobar si, en efecto, solucionan la cuestión planteada.

La importancia de los ritmos biológicos es tal que este tema se ha llevado el Premio Nobel de Medicina de 2017, otorgado a los estadounidenses Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young por sus hallazgos en los mecanismos moleculares del ritmo circadiano.

 

En vista de todo esto, si la hipnosis clínica debería estar restringida al uso de los profesionales de la salud, como apoyo a sus propias técnicas terapéuticas, sería muy aconsejable que las personas sanas aprendieran a realizar y practicaran la autohipnosis, sobre todo, para el mantenimiento del bienestar y como herramienta para controlar el agobio permanente con el que convivimos a diario.

El estrés fue el mal de finales del siglo XX, y en el tercer milenio continúa haciendo estragos en la población. Entre otros perjuicios, reduce la eficiencia del sistema inmune y nos expone a cualquier enfermedad.

También hay evidencias de su efecto en la reducción de los telómeros, la parte final de los cromosomas de nuestras células, un marcador relacionado con el envejecimiento. Elizabeth H. Blackburn, ganadora del Premio Nobel de Medicina en 2009 por sus descubrimientos en este terreno, ha demostrado que técnicas para controlar el estrés, como la meditación, aumentan la acción de la  telomerasa y alargan los telómeros, lo que combate el deterioro celular. Hay otras pruebas de que enfoques como la meditación, el mindfulness o conciencia plena y la hipnosis permitirían combatir el estrés y llegar así a modificar positivamente la expresión de nuestros genes.

 

Salud para las células

En 2010, publiqué con Rossi un estudio en el que se demostraba que una hora después de una intervención hipnótica con el protocolo del proceso creativo de cuatro estadios con reflejo de manos, estandarizado por Rossi, había quince genes que modificaban su expresión.

El experimento, recogido en el American Journal of Clinical Hypnosis (AJCH) y realizado con tres voluntarios sanos, comprobaba que, veinticuatro horas después, eran 73 genes los que se expresaban de forma diferente. El análisis de los procesos biológicos en los que estos genes estaban involucrados abarcaba la plasticidad neuronal, la maduración de células madre y el control de los distintos procesos inflamatorios.

 

La hipnosis modifica distintas áreas de la corteza cerebral y cambia las conexiones neuronales

Un año antes, en 2009, la hipnóloga Magali Vargas y el autor del presente reportaje publicábamos, también en el AJCH, un estudio de caso en el que demostrábamos cómo, con el enfoque de Rossi, desaparecían los síntomas en cuatro mujeres diagnosticadas de fibromialgia.

De hecho, hoy los psicólogos clínicos están utilizando enfoques cognitivoconductuales con hipnosis en el tratamiento de esta grave dolencia.


Metáforas sanadoras

El protocolo de Rossi ha demostrado con creces ser un enfoque hipnótico con múltiples aplicaciones para la resolución de problemas, lo cual nos impulsó a Vargas y a mí a desarrollar un método nuevo, al que llamamos metaFour-a y que presentamos en 2014 en el Primer Simposio de la Sociedad Hipnológica Científica. Se trata de un enfoque hipnótico original, basado en el protocolo del proceso creativo de cuatro estadios y en el uso de las metáforas, que son probablemente la contribución más importante de Erickson a este terreno.

Las metáforas que utilizamos son historias muy ricas en experiencias imaginarias que los sujetos pueden experimentar en hipnosis, porque es un lenguaje que la mente subconsciente entiende con facilidad.

Los objetivos que perseguimos con este método son el mantenimiento de la salud, el crecimiento personal y el desarrollo de la creatividad en las personas sanas. Alcanzamos estos objetivos mediante el uso de nuestros propios recursos internos creativos, para controlar el estrés y para la resolución de problemas y conflictos que perturban el equilibrio físico y emocional.

 

Todas las personas sanas experimentamos trabas e inconvenientes, que en el nivel consciente no sabemos cómo gestionar y nos generan malestar. Sin embargo, en hipnosis, podemos acceder al nivel subconsciente y desenterrar nuestros propios recursos creativos con los potenciales remedios a esos problemas.

 

¿Pasajero nada más?

Resulta interesante llamar la atención sobre el hecho de que en ocasiones se ha sugerido que la hipnosis solo tendría un efecto sintomático puntual. Esto es cierto cuando hablamos, por ejemplo, del control de síntomas como el dolor, algo que, por ejemplo, demostró nuestro nobel Santiago Ramón y Cajal cuando hipnotizó a su mujer en los partos de sus últimos hijos.

Pero pruebas científicas más recientes apuntan a que esta técnica puede tener otros efectos estables y permanentes. Rossi propuso que uno de los objetivos de su protocolo sería promover la plasticidad neuronal, es decir, la formación de conexiones neuronales nuevas. Y nuestro estudio de 2010 apunta justo en esa dirección.

Hay una diferencia en el efecto de la hipnosis según el enfoque que se utilice. Desde la perspectiva clásica, encontramos ese alivio sintomático temporal evidente en algunos abordajes terapéuticos, mientras que enfoques de estilo ericksoniano podrían promover una modificación de las conexiones neuronales que provocarían un cambio estable y permanente en el cerebro.

 

En apoyo de esta propuesta, en octubre de 2017 se publicaron en la revista Science Advances dos artículos del equipo liderado por Tania Singer, del Instituto Max Planck para las Ciencias Humanas Cognitivas y del Cerebro, en Alemania.

En el primero de ellos se demuestra una diferencia en la plasticidad neuronal, medida como una modificación de la corteza cerebral mediante imágenes de resonancia magnética, en función del enfoque del entrenamiento mental utilizado. Es decir, si este se orientaba al momento presente, hacia el interior de uno mismo –como pasa en el mindfulness–, o si tenía un enfoque socioafectivo –empatía y compasión por el otro– o sociocognitivo –perspectiva sobre uno mismo y sobre los demás–.

Cada uno de estos tres modelos provocaba modificaciones en diferentes áreas de la corteza cerebral, que además se correspondían con cambios conductuales de los voluntarios en los mismos dominios del comportamiento. Por esta razón, los autores del trabajo concluían que, dependiendo del objetivo de la terapia, se puede elegir un abordaje terapéutico diferente.

 

 

 

Mantener el estrés a raya

En el segundo estudio, el equipo de Singer demostró que los enfoques socioafectivo y sociocognitivo eran capaces de reducir los niveles de cortisol, también conocida como la hormona del estrés, puesto a prueba por una situación de presión inducida.

No ocurrió lo mismo con el método orientado al momento presente, pese a que en los tres casos se comprobaba una reducción del estrés percibido. En este sentido, aparte de las diferencias y similitudes con estas perspectivas, el método metaFour-a presenta la ventaja de que trabajamos con problemas específicos, con lo cual su resolución es un hecho objetivo y mensurable con herramientas científicas.

Las pruebas experimentales presentadas sugieren que la utilización de herramientas como la meditación o la hipnosis puede abordarse desde diferentes enfoques con el objetivo fundamental de mantener la salud y aprender a gestionar el dañino estrés, así como también para promover el crecimiento personal y el desarrollo de la creatividad.

 

¡Esos mitos hipnotizantes!

La hipnosis clínica es un procedimiento absolutamente seguro. Son numerosas las falsedades difundidas sobre esta técnica, como, por ejemplo, el que se pueda hipnotizar a alguien en contra de su deseo, el dominio de la voluntad del hipnotizado por parte del hipnotizador, la posibilidad de no poder salir del estado de trance, que la hipnosis es un estado de inconsciencia... No está de más reafirmarnos en que todos estos mitos son mentira. Inclusive, en el ámbito de la hipnosis de espectáculo, cuando un espontáneo realiza actos sorprendentes sobre un escenario, los está realizando voluntariamente.

El hipnotizador de farándula nunca podrá vulnerar la ética o la moral del voluntario.