Fobias insólitas que ponen los pelos de punta

Las aversiones incontrolables hacia situaciones y objetos en apariencia inofensivos se manifiestan de muchas e inesperadas maneras, como puedes comprobar con estos trece ejemplos.

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ABLUTOFOBIA (MIEDO A BAÑARSE)

La ansiedad irracional ante el acto de lavarse representa un problema serio que debe ser controlado desde sus inicios para evitar males mayores. La ablutofobia parece afectar más a niños y mujeres, y es poco común que se diagnostique, ya que la persona afectada, en la mayoría de las ocasiones, no se da cuenta de que la sufre. El resultado es pernicioso por razones obvias: influye en el cuidado personal del ablutofóbico, en su aspecto y en su salud.

 


ACEROFOBIA (MIEDO A LOS ÁCIDOS)

El miedo a probar alimentos ácidos lleva a quien lo padece a rechazar cualquier plato con algún ingrediente que pueda tener este sabor. A pesar de que tales comidas u olores pueden ser evitados fácilmente, constituye un problema en determinadas situaciones como, por ejemplo, en una reunión de negocios o una cita con alguien en un restaurante. No se debe confundir la acerofobia con el hecho de tener una alta sensibilidad del gusto, ni con la gastritis nerviosa o dispepsia funcional.

 


KOMPOUNOFOBIA (AVERSIÓN A LOS BOTONES)


Los kompounofóbicos experimentan un rechazo total a tocar botones, en su propia ropa o en la de los demás. Su malestar puede ser traumático, ya que relacionarse con alguien que lleve ese objeto tan común resulta demasiado estresante. Quienes sufren kompounofobia suelen buscar ropa que les permita evitar un contacto directo con los botones; o, mejor aún, que carezcan de ellos, con cremalleras.

 


AERONAUSIFOBIA (MIEDO A VOMITAR EN UN AVIÓN)

Es una de las aversiones más raras, y, además, la mayoría de los afectados no suelen ser conscientes de padecerla. Por ese motivo, la aeronausifobia puede ser confundida con otros miedos irracionales más comunes, como son la aerofobia –miedo a volar en avión– y la acrofobia –terror a las alturas–.

 

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BAROFOBIA (MIEDO A LA GRAVEDAD)


Hay dos tipos. En el primero de ellos, los afectados temen ser aplastados por esa fuerza universal, como si esta los atrajera con una intensidad fuera de lo común. Con la segunda versión de la barofobia, la persona teme que la gravedad desaparezca de repente y eso la haga empezar a flotar, separándose fatalmente de la superficie terrestre.

 


CACOMORFOBIA (MIEDO A LAS PERSONAS OBESAS)

El término proviene del griego caco y morpho que significan ‘feo’ y ‘forma’, respectivamente. Quienes la padecen no pueden controlar el terror extremo que experimentan al estar cerca de personas con sobrepeso. A menudo, los pacientes se dan cuenta de lo insensato de su miedo, pero no son capaces de gestionar los ataques de pánico que los asalta, ni los pensamientos negativos de repulsión o la ansiedad en relación a alguien obeso.

 

 

 

HELMINTOFOBIA (MIEDO A SER INFECTADO POR GUSANOS)

A la mayoría de la gente le da asco los gusanos, pero hay individuos que sienten concretamente un terror extremo a ser picados por estas criaturas. Se incluyen las lombrices y orugas o cualquier otro animal o insecto que tenga una forma parecida. Es un trastorno vinculado estrechamente con la escolequifobia –el miedo a los gusanos–, y ambas se encuadran en el apartado de las zoofobias.

 

 

 

EISOPTROFOBIA (MIEDO A LOS ESPEJOS)

El pánico a verse reflejado también se conoce como catoptrofobia. En una sociedad obsesionada con la imagen personal, a los eisoptrofóbicos les da miedo mirarse por temor a no cumplir con los estándares de belleza. Es un trastorno que ataca, sobre todo, a las mujeres y guarda cierta relación con la gimnofobia –aversión a apreciar el propio cuerpo desnudo–. Por otro lado, hay quien padece eisoptrofobia por razones supersticiosas, o eventos que tienen que ver con espectros o espíritus. En este caso, se relaciona con la espectrofobia.

 

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AFENFOSFOBIA (MIEDO A SER TOCADO)

Todos tenemos cierta predisposición a proteger nuestro espacio y, más aún, nuestra integridad física. Pero cuando se convierte en una repulsión irracional a ser rozado por otras personas, incluidas las conocidas, suele tratarse de un trastorno psicótico denominado afenfosfobia. En ciertas ocasiones, se manifiesta solo con individuos del sexo opuesto y está relacionada con complejos traumas de índole sexual.

 

 

TACOFOBIA (MIEDO A LA VELOCIDAD)

Las personas que experimentan temor a la velocidad o a desplazarse rápidamente por cualquier medio suelen huir de las montañas rusas y atracciones mecánicas. Como su mal puede estar relacionado con la ocofobia –miedo a los vehículos–, es común que se nieguen a subir a un coche o cualquier otro medio de transporte. Prefieren caminar, ir despacio o conducir ellos mismos, con una exagerada precaución.

 


CATISOFOBIA (MIEDO A SENTARSE)

Es una de las fobias más raras. Además de cansancio físico, dolor en las piernas, pies y espalda, genera aislamiento social, pues los afectados dejan de asistir a muchos eventos donde deben permanecer sentados, como iglesias, conferencias, cines y teatros. La catisofobia se relaciona con un momento traumático vivido en el pasado, ya sea en la infancia o en la etapa adulta.

 

 

HELIOFOBIA (MIEDO AL SOL)

Estos pacientes dejan de tener una vida normal a la luz del día por el pánico que les genera estar expuestos al astro rey directamente. Además de las obvias limitaciones para su vida social, los heliofóbicos suelen padecer también un déficit de vitamina D, lo cual les perjudica, sobre todo, a los huesos.

 

 

FALACROFOBIA (MIEDO A LA CALVICIE)

No solo a sufrirla, también a presenciarla. Quien tiene esta fobia se niega a ver a un calvo, ni siquiera en televisión, pintura o fotografía. Y no pueden entender a las personas que sufren una aversión totalmente opuesta como es el miedo al pelo –caetofobia–.