10 cosas que no sabías sobre el olfato

A menudo infravalorado, este sentido no solo sirve para detectar olores: también funciona como indicador de esperanza de vida, trastornos mentales y otras enfermedades.

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1 Con los dedos de las manos


Todo el mundo es capaz de enumerar los cinco sabores básicos: dulce, salado, ácido, amargo y umami. ¿Pero qué hay de los olores? ¿Acaso son ambiguos e indescriptibles? Ni mucho menos. Hace seis años, un equipo de científicos estadounidenses se puso manos a la obra y consiguió clasificarlos por primera vez en diez categorías básicas y universales. A saber: fragante o floral, leñoso, frutal (no cítrico), químico.

 


2 La intensidad varía con las manecillas del reloj


La capacidad de olisquear lo que nos rodea varía a lo largo del día. Pero incluso ese ritmo de agudeza olfativa es personal e intransferible. En lo que sí coincidimos todos es en que somos más sensibles a los olores por la tarde que a altas horas de la madrugada, o justo al amanecer. Lógico, si tenemos en cuenta que es durante el descanso nocturno cuando menos atentos necesitamos estar a los efluvios que emanan de la comida.

 


3 A los psicópatas no les funciona bien

Charles Manson y Jack el Destripador no solo eran manipuladores enfermizos, antisociales, ávidos de nuevas sensaciones a cualquier precio y faltos de empatía. Además, les fallaba el sentido del olfato. Un déficit que científicos de la Universidad Macquarie ( Australia) atribuyen al funcionamiento ineficiente de la parte frontal del cerebro en los psicópatas. La misma zona que controla los impulsos y nos ayuda a comportarnos de acuerdo con las normas sociales vigentes.

 


4 Receptores olfativos repartidos por todo el cuerpo

Sin ir más lejos, el músculo cardiaco cuenta con receptores olfativos extranasales, encargados de regular la función metabólica del órgano que bombea sangre en tu cuerpo. En el hígado, se han identificado también receptores que olisquean las células cancerosas e intentan impedir que se propaguen. En cuanto a los que hay distribuidos por la piel, parece que ayudan a que el órgano más grande del cuerpo se regenere y a que cicatricen mejor las heridas.

 

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5 Tu nariz es única

¿Hueles lo mismo que yo? Lo cierto es que no. Según demostraron hace poco investigadores del Centro Monell de Filadelfia (EE. UU.), que percibamos un olor como fuerte o suave, agradable o desagradable, depende de ínfimas variaciones en los genes de los receptores olfativos, que son los que analizan las propiedades aromáticas de cada molécula y envían sus conclusiones al cerebro. Eso no solo hace que nos decantemos por uno u otro perfume a la hora de acicalarnos. También influye en nuestras elecciones alimentarias. Para muestra, un botón: diferencias minúsculas en un gen olfativo llamado ORA pueden hacer que nos encante la remolacha o que nos repugne su olor y sabor a suciedad.

 


6 El perfume de la buena memoria


¿Se avecina un examen importante? Impregna el aire del cuarto donde estudias con aroma de romero. Según sacaba a la luz una investigación de la Universidad de Northumbria (Reino Unido), si estudiamos expuestos a aceite esencial de esta hierba aromática, logramos que nuestra memoria mejore entre un 5% y un 7 %.

 


7 Ceguera a los olores

Estás sentado en la mesa de la cocina, enfrascado en la lectura de la prensa del día. Y, de repente, empiezas a ver el texto borroso. Es la habitación, que se ha llenado completamente de humo. ¡Las tostadas! ¡Se queman! ¿Cómo es posible que no hayas detectado el fuerte olor a chamusquina? Se llama anosmia por falta de atención. Según los expertos, sucede porque tenemos una capacidad limitada de percibir información sensorial, de manera que cuando se colma dejamos de procesar cualquier otro estímulo. Y mientras la vista y el oído se mantienen sintonizados hasta el final, a los olores nos habituamos más rápido que a ninguna otra información sensorial.

 

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8 Olfato sensible, síntoma de salud

Atento a este dato: cada olor que eres capaz de identificar correctamente entre los cuarenta y los noventa años reduce tu riesgo de mortalidad en un 8%. Es la conclusión de un estudio realizado por Jonas K. Olofsson y sus colegas de la Universidad de Estocolmo. Que también arroja otra cifra significativa: perder por completo la capacidad olfativa incrementa en un 19% el riesgo de que te visite la parca en los próximos diez años.

 


9 No tiene pérdida

Si tienes buena memoria espacial, lo más probable es que también cuentes con un olfato muy fino. De acuerdo con un estudio de la Universidad McGill (Canadá), este sentido evolucionó para ayudar a nuestro GPS interno a orientarse. Por eso, ambas capacidades comparten sede cerebral: la corteza orbitofrontal medial.

 


10 Husmeadora de párkinson


Joy Milne tiene un superpoder: es capaz de diagnosticar párkinson usando solo su olfato. Cuando esta enfermera británica le contó su secreto a Tilo Kunath, un neurobiólogo de la Universidad de Edimburgo, este se lo tomó muy en serio. Y puso en marcha un experimento que demostró que, efectivamente, al oler la camiseta de distintos pacientes, Milne era capaz de detectar quién padecía esta enfermedad neurodegenerativa con una precisión pasmosa. Pero no quedó ahí la cosa: Kunath ha descubierto también que lo que detecta la refinada nariz de Milne son tres sustancias –eicosano, ácido hipúrico y octadecanal– que se encuentran en grandes dosis en el sebo secretado por la piel de estos pacientes. Y vaticina que podrían utilizarse para el diagnóstico precoz del párkinson.