Cómo romper con tu pareja sin enfermar

Hay claves para pasar página sin sentirse culpable y conseguir que la ansiedad que provoca una ruptura no repercuta en la salud física o mental.

El 14 de febrero de 1919, Mileva Marić ponia fin a su matrimonio con Albert Einstein. El autor de la teoría de la relatividad se había enamorado de su prima Elsa. Comenzó a tener encuentros sexuales esporádicos con ella siete anos antes, lo que tino de infelicidad la convivencia con su mujer. Las rupturas y los altibajos previos van de la mano. Hay personas que sobrellevan con entereza esa inestabilidad y otras que requieren ayuda profesional. No es una circunstancia fácil, y tras ella muchos se replantean su modelo de relaciones, estilos de vida y comportamientos. A su vez, al comenzar un nuevo amorío, mas de uno procura andar con pies de plomo, sobre todo, teniendo en cuenta el daño que con frecuencia ocasiona una separación para la salud.

 

Te deja sin defensas

 

Segun la Asociacion Estadounidense de Psicologia (APA, por sus siglas en ingles), el divorcio puede provocar depresion, lo que debilita el sistema inmunologico del afectado al sentirse solo y aislado. Tambien genera un aumento de ansiedad y con frecuencia problemas de sueno y perdida de la propia identidad. La psicologa Erica Slotter, de la Universidad de Illinois, considera que “cuando una relación termina, el sentido de uno mismo también se tambalea”. Las parejas comparten amigos y tiempo libre, y al romper se sienten perdidos.

 

El estrés, inevitable durante la separación, puede desencadenar asimismo problemas de sobrepeso. Un estudio dirigido por Elissa S. Epel, de la Universidad de Yale, en EE. UU., demostró que las mujeres que son vulnerables a los efectos de la ansiedad tienen una mayor probabilidad de acumular grasa en el abdomen.

 

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Un rompecorazones

 

También existe un riesgo cardiaco, asegura un trabajo del Instituto Duke de Investigación Clínica, en EE. UU., publicado en la revista Circulation. Tras recopilar datos de 15.827 personas, los investigadores comprobaron que las mujeres que han pasado por un divorcio y los hombres que acumulan al menos dos son más propensos a sufrir un infarto que las personas que permanecen casadas. Cuantos más divorcios, mayor es el peligro al que se expone al corazón, un hecho que los científicos atribuyen a que un proceso de separación ocasiona un impacto silencioso a largo plazo mucho mayor del que pensamos. Es decir, superar el adiós cuesta.

 

Antes de llegar a la ruptura todas las parejas han pasado por experiencias muy parecidas. La psicóloga Susan Susan Campbell describe en su libro El viaje de la pareja las cinco etapas que suele atravesar cada relación. La primera es la fase romántica, con el enamoramiento como centro absoluto. El cerebro libera un cóctel de sustancias –entre ellas la oxitocina y la dopamina– que genera un estado de placer y bienestar perpetuo en el que se ignora todo lo que pueda ser perjudicial. “El enamoramiento, que puede llegar a durar hasta cinco años, representa el muelle para comenzar una relación”, comenta Silberio Sáez, codirector del Instituto de Sexología y Psicoterapia Amaltea, en Zaragoza.

 

En la segunda etapa, la lucha de poder, empiezan los primeros malentendidos y discusiones. En lugar de tener en cuenta las similitudes, como ocurría antes, se enfatizan las diferencias y los defectos. Por lo tanto, las parejas que llegan a este punto tienen dos caminos: romper o sobrevivir. Si escogen la segunda opción, dejarán atrás esta fase cuando acepten las diferencias, aprendan a ceder algunas veces y comuniquen sus necesidades, añade Campbell.

 

Superada esa prueba, llega la estabilidad, el momento en el que ambas partes muestran su amor de forma más clara y madura. En el estadio del compromiso, la cuarta etapa, se logra un equilibrio entre el amor, la diversión, la complicidad, la libertad y el dar y recibir. En la última comienza un periodo de creación conjunta donde la pareja lleva a cabo un proyecto de crecimiento mutuo: tener hijos, montar algún negocio o formar parte de una organización. De todas formas, estas fases no tienen por qué ser consecutivas. En opinión de la autora, pueden solaparse o entrar en una espiral constante.

 

El amor como bálsamo

 

Carlos de la Cruz, director del máster en Sexología de la Universidad Camilo José Cela de Madrid, comenta que “las parejas se edifican sobre cuatro pilares: compromiso, intimidad, límites y comunicación. Mientras hay amor, parecen sólidos, pero cuando ya no está el compromiso, recuerda a una condena.

 

En efecto, la intimidad individual se percibe como escasa y la compartida empieza a asfixiar; los límites dejan de respetarse; y el diálogo se esfuma. Lo curioso es que todo lo que se cree que funciona mal, en muchos casos, era igual que antes, cuando parecía que iba bien; la diferencia radica en que sin amor se percibe de modo diferente”.

 

Otras causas que desencadenan una ruptura suelen ser el orgullo, la falta de diálogo, los celos e infidelidades, los problemas económicos, la incompatibilidad o la rutina. El orgullo se hace palpable en aquellas relaciones en las que uno de los miembros decide ignorar al otro en lugar de tratar de solucionar los problemas.

 

Miren Larrazábal, presidenta de la Federación Española de Sociedades de Sexología (FESS), señala que “vivimos en un ambiente donde se cree que el amor lo puede todo. Si uno está en la etapa de enamoramiento le va a ir genial en la pareja, pero más adelante hace falta tener habilidades para la convivencia, como son las estrategias para afrontar y resolver problemas. Una de las causas de la ruptura es la falta de esas competencias”.

 

Tenemos que hablar

 

Una investigación de la Universidad de Binghamton (EE. UU.) publicada en la revista Evolutionary Behavioral Sciences mostró que el motivo más frecuente de separación era la falta de comunicación, un aspecto especialmente valorado por las mujeres. En menor medida influían otros factores, como los celos y las infidelidades.

 

Puede que exista un desencadenante, pero detrás casi siempre hay elementos que erosionan ese vínculo que parecía inexpugnable. Pasados los primeros meses de relación, donde se vive en una nube, quedan de manifiesto las incompatibilidades entre los miembros de la pareja.

 

Otro aspecto determinante lo representan los problemas económicos, como han demostrado las profesoras de finanzas estadounidenses Sonya L. Britt, de la Universidad de Kansas, y Sandra J. Huston, de la Universidad de Texas. Aseguran que el dinero pesa más en la insatisfacción endémica de muchas relaciones que los conflictos o descubrir que el otro ha echado una cana al aire.

 

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Vivir en un mundo virtual

 

Las investigadoras llegaron a esta conclusión tras un estudio con 1.700 mujeres a las que durante casi veinte años, entre 1988 y 2006, se les pidió que valoraran su nivel de satisfacción en la convivencia, así como el tipo de discusiones que tenían con su cónyuge.

 

Al finalizar el trabajo, el 43 % seguían casadas y el resto se había divorciado, y entre las primeras las disputas sobre temas financieros eran la causa principal de descontento, mientras que las que no mencionaron peleas sobre este asunto mostraban una gran felicidad en toda su relación. Sin embargo, como señala Penélope Alonso, del centro de Vencellos Atención Sexológica de Santiago de Compostela, “las señales de aviso suelen estar directamente relacionadas con el modelo de pareja ideal que se tiene –la que soñamos– y la real que se vive día a día. Por ejemplo, solemos ofrecer a los demás lo que nos gusta recibir, así que si alguien es muy detallista, seguramente desee que su pareja también lo sea; y si percibe que no recibe lo mismo, podría ser una razón para romper”.

 

Por otra parte, el avance tecnológico ha revolucionado la comunicación. Internet y las redes sociales ayudan a conocer gente, pero a veces se convierten en un factor desestabilizador. El investigador Russell Brent, de la Universidad de Misuri, en EE. UU., estudió la influencia de Facebook en 205 usuarios de entre 18 y 82 años y comprobó que cuanto más entraban en esta red social, más conflictiva era la relación de pareja. Si bien estos problemas solo se manifestaron en vínculos de menos de tres años de duración. Siguiendo esta línea, Brent llevó a cabo otro estudio sobre Twitter y obtuvo resultados similares: aumento de conflictos, infidelidades, separaciones y divorcios.

 

 

La chispa de un wasap

 

En palabras de Joserra Landarroitajauregi, codirector del Centro de Atención a la Pareja Biko Arloak de Bilbao, “las nuevas tecnologías facilitan las rupturas por infidelidad: permiten nuevas relaciones y dan lugar a errores, seguimientos o chivatazos”. Por otra parte, no hay que olvidar que existen portales específicos que las propician, como Ashley Madison.

 

No obstante, no todo es negativo en internet. Uno de los beneficios más claros de las redes sociales es la facilidad en la comunicación. Un mensaje de WhatsApp puede encender la chispa del amor y ayudar en la conquista, especialmente a aquellas personas más tímidas. También potencia el deseo y la imaginación, contribuye a crear espacios de comunicación íntima y ayuda, sobre todo, en las relaciones donde las personas pasan poco tiempo juntas. Como apunta Larrazábal, “la tecnología no es mala ni buena, depende de la gestión que se haga de ella”.

 

Manual para el adiós

 

Pero una vez que se presenta la ruptura, ¿cómo se lleva a cabo? Es una de las preguntas que más suele preocupar cuando alguien se plantea dar por concluida la relación. No existen fórmulas infalibles para zanjar el asunto. “La clave sería agradecer al otro todo el tiempo compartido, que se supone que ha sido bueno para ambas partes. Debe prevalecer el respeto y la honestidad, y es un momento para escuchar y, lo más importante, aceptar que una ruptura no es un fracaso. Sí lo sería, por ejemplo, mantener algo que no es bueno para ninguno de los dos”, apunta De la Cruz. La psicóloga Alonso añade que lo ideal es que el vínculo se rompa tras un periodo en el que se haya hablado y reflexionado sobre las diferentes causas y motivos que han llevado a esa situación.

 

Las rupturas nunca han sido plato de buen gusto para nadie, por lo que muchas personas deciden recurrir a los medios tecnológicos para hacer frente a esta última etapa. Un estudio publicado en la revista Computers in Human Behavior en el año 2013 entre 302 estudiantes universitarios sugiere que un mensaje de texto es la forma más frecuente de comunicar el fin de una relación, y de enterarse de la noticia para la otra parte.

 

Si aun así no estamos dispuestos a dar este paso tan embarazoso, Evan y Mackenzie East, dos hermanos canadienses, te facilitan las cosas. Han creado The Breakup Shop (La tienda de la ruptura), cuyo lema es revelador: ¿Te llevas mal con tu pareja? No te preocupes, te ayudamos a acabar con tu relación. A través de los productos que ofrecen se puede, por menos de diez euros, hacer que envíen un correo electrónico o un mensaje de móvil a tu inminente ex. Hay otras opciones, como una carta manuscrita personalizada, que sale por veintisiete euros, o una llamada telefónica.

 

 

Un detalle lo dice todo

 

Los hermanos East han pensado también en los días posteriores a la separación y en su oferta incluyen kits para superar el duelo, como un blu-ray de la película El diario de Noah o el videojuego Call of Duty. Entre los regalos para la expareja, los hay clásicos, como flores y vino, y otros tan sorprendentes y escatológicos como una tarjeta con olor a heces.

 

Ahora bien, si lo que se pretende no es romper sino mantener la relación, hay que cuidarla. Como afirma De la Cruz, “la pareja se construye en el día a día. No basta con querer seguir juntos. El amor se cultiva, pero no ha de vivirse ni transformarse en una obligación. Conviene regarlo y ponerlo al sol y, a veces, podarlo, aunque duela, o cambiarle la tierra”.

 

¿La separación es cuestión de sexos?

 

Según un estudio de la Universidad de Binghamton (EE. UU.) y la University College de Londres sobre el impacto emocional y físico durante la ruptura amorosa, las mujeres suelen ser las más afectadas. Sienten más dolor que los hombres, pero también tienen una capacidad de recuperación mucho mayor. Además, con la experiencia se vuelven emocionalmente más fuertes.

 

Cien días de duelo

 

Por bien que se salga de una separación, se sufre durante meses. Los psicólogos Gary Lewandowski y Nicole Bizzoco, de la Universidad de Nueva Jersey, en EE. UU., lo han concretado en una investigación. El 71 % de los encuestados cifró en tres meses el tiempo necesario para superar una ruptura. Según el portal de citas Fifties.com, para dejar atrás un divorcio tiene que pasar alrededor de un año y medio.

 

No obstante, no todas las separaciones son negativas. En opinión de Lewandowski, el 41 % de los que han vivido alguna afirma que la sobrellevó como una situación positiva y uno de cada cuatro la califica como neutra. Lo investigó con un grupo de 155 estudiantes que habían terminado con sus parejas en los últimos tres meses. Los resultados hallados mostraron que pasar página se asociaba con la superación y el crecimiento personal, dice Lewandowski.

 

Activos y pasivos

 

Uno de los factores más importantes es el papel que desempaña cada integrante de la pareja. El que toma la iniciativa de dejarlo ha ido asumiendo la nueva situación, mientras que el otro puede no tener ni idea de lo que va a suceder.

 

La psicóloga María Pacheco comenta que el nivel de implicación, apego y compromiso que se tengan también pueden ser determinantes para evaluar quién sobrellevará mejor el proceso. Ahora bien, ¿quién toma la iniciativa de romper con la relación? Ellas son más decididas. Michael Rosenfeld, de la Universidad de Stanford, realizó un estudio con 2.262 adultos y encontró que el 69 % de las mujeres inició el proceso, frente al 31 % por parte de ellos.

 

Nuevos modelos. En el mismo estudio se observó que la iniciativa correspondía a ambos sexos cuando se trataba de relaciones no maritales. Puede deberse a que las mujeres casadas informaron de una calidad menor en su vida de pareja que los hombres. Sin embargo, en las relaciones sin papeles de por medio ambos sexos calificaron igual la convivencia.

 

Rosenfeld atribuye esta circunstancia a que “el matrimonio ha ido un poco lento a la hora de ponerse al día con los requerimientos que plantea la igualdad de género, mientras que las relaciones no matrimoniales son más flexibles y se adaptan mejor a las expectativas modernas”. Las fiestas para celebrar el divorcio, como esta de la actriz Shanna Moakler en Las Vegas, se han puesto de moda.