Cómo mantener a raya los gases, ese mal invisible

Pedos, eructos, flatulencias... Casi nadie se escapa: acumular aire en el aparato digestivo de vez en cuando es inevitable. El problema está en que a veces produce meteorismo –exceso de ventosidad y molestias–, un trastorno que puede curarse cambiando de hábitos.

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Los gases intestinales no son una enfermedad, sino, más bien, una consecuencia de nuestra alimentación y estilo de vida. Es un trastorno muy frecuente que puede evitarse con la adopción de ciertos hábitos saludables. Sin embargo, según la edad y la forma en que se presenten, pueden ser síntomas de dolencias tan importantes como el síndrome del colon irritable, aunque por fortuna no es lo más común. “Tener una cantidad de aire dentro del tubo digestivo es algo normal y fisiológico —asegura el doctor Francisco José García Fernández, portavoz de la Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD). Y añade—: Si este volumen de gas es excesivo o se percibe como incómodo, entonces constituye un problema que denominamos meteorismo ”.

 


Devoradores de aire

Aunque puede tener su origen en una alteración orgánica, normalmente es secundaria un problema funcional, es decir, sin ninguna enfermedad subyacente. Engloba un conjunto de síntomas, bien por un exceso de aire intestinal (distensión o hinchazón abdominales, borborigmos, eructos y ventosidades), bien por un aumento de la sensibilidad del intestino al aire. “No hay registro de su incidencia en España, porque suele ser un trastorno banal y, muchas veces, subjetivo. Pero sí se sabe que casi la mitad de los motivos de consulta al especialista se deben a trastornos funcionales en los que el meteorismo suele ser uno de los síntomas prevalentes ”, explica el doctor García Fernández.

La presencia de gas en el tracto digestivo procede del aire que tragamos —Aerofagia— y del que se producir como consecuencia de la fermentación de los alimentos por las bacterias que viven, sobre todo, en el colon. El mero hecho de beber un vaso de agua puede suponer que nos hinchemos como un globo. Se sabe que 10 ml de agua se acompañan de unos 17 ml de aire. Así que si tomamos dos litros de líquido diarios, el volumen de gas ingerido rondará los tres litros y medio.


Esa cantidad puede aumentar por hábitos alimentarios inadecuados, como comer rápido, consumir chicles y caramelos —favorecen la producción de saliva que ha de ser deglutida—, prótesis dentales mal fijadas, fumar, hablar durante las comidas y tomar bebidas carbonatadas. Además, durante la digestión, puede producirse CO2 de forma natural como consecuencia de la neutralización de los jugos gástricos por la bilis y las secreciones pancreáticas.

 


No es del corazón

La mayoría de ese aire es expulsado de forma inconsciente por la boca. El eructo se desencadena después de las comidas como un acto reflejo facilitado por ciertos alimentos que disminuyen el tono de los esfínteres esofágicos —Grasas, café, chocolate, etc.— y la distensión del estómago por el aire deglutido. “En lugar de seguir su recorrido normal por el tracto digestivo, el aire ingerido se elimina por la boca, habitualmente, por un defecto en los mecanismos de propulsión. El cardias —válvula entre el esófago y el estómago— y el esfínter superior no funcionan correctamente y el gas sale hacia arriba ”, señala el doctor José Pérez Calle, de la Unidad de Aparato digestivo del Hospital Universitario Fundación Alcorcón.

 

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Aquí, la composición del aire expulsado es similar a la del ingerido —oxígeno y nitrógeno— con algo de CO2. Cuando el eructo se produce de forma crónica, puede delatar situaciones de estrés y ansiedad o trastornos como úlcera péptida, reflujo gastroesofágico o gastritis, que causan un exceso de salivación y su continua deglución. Por otra parte, el aire retenido puede acumularse en la parte superior del estómago y provocar sensación de saturación e hinchazón, a veces, muy molestas. Es lo que se conoce como burbuja gástrica. En ocasiones, se manifiesta con un dolor agudo en la zona cardiaca que se irradia al hombro y al cuello, acompañado de sofocos y palpitaciones, y puede ser confundido con una angina de pecho.

Si no hay enfermedades asociadas, el tratamiento de la aerofagia es, fundamentalmente, educativo. Se aconseja comer despacio y masticar bien los alimentos, evitar el consumo de caramelos y chicles ricos en sorbitol u otros edulcorantes, suprimir el tabaco, seguir una dieta pobre en bebidas gaseosas y mejorar los hábitos higiénicos orales. Según el doctor López Calle, “hay que indicar al paciente que los eructos hijo consecuencia de la deglución de aire, aspecto que deberá aprender a controlar. En aquellos casos en los que sea debida al estrés o ansiedad, puede ser recomendable un abordaje psicoterapéutico ”.

 


Fermentación interna

Parte del aire tragado pasa al intestino y allí se mezcla con otros gases producidos durante la fermentación de algunos alimentos por la microbiota intestinal. Se trata de una gran comunidad compuesta por más de cien billones de microorganismos —En su mayoría, bacterias— de más de un millar de especies diferentes. Las poblaciones más numerosas se concentran en el colon, un paraíso microbiano debido al continuo aporte de nutrientes, la falta de oxígeno —Que favorece la fermentación de los alimentos— y el lento tránsito del contenido intestinal.

 


La vida de sofá no ayuda


Los alimentos ricos en carbohidratos pueden ser muy flatulentos, sobre todo, la leche y sus derivados; azúcares como la rafinosa, la fructosa y el sorbitol; la mayoría de los almidones —Salvo el del arroz—; y la fibra vegetal presente en las legumbres. Las bacterias de nuestras tripas, al descomponerlos, producir hidrógeno, CO2 y metano. A todo esto hay que sumar el estreñimiento. “Este favorece la producción de flatulencias, porque el material fecal tiene más tiempo para fermentar. También aumenta la cantidad de bacterias intestinales, ya que no se expulsan con las heces, lo que favorece que haya más fermentación ”, advierte el doctor García Fernández.

“El ejercicio físico facilita el tránsito intestinal y la expulsión de aire, al igual que potencia el tono muscular de la pared abdominal. El sedentarismo Contribuir al estreñimiento, mientras que un tono muscular inadecuado favorece que la pared abdominal se abombe fácilmente y tengamos la sensación incomoda de exceso de gases ”, apunta el experto.

En este sentido, las mujeres son más propensas al meteorismo, debido a que suelen padecer estreñimiento y a sus hábitos de vida más sedentarios. Asimismo, se sospecha de una posible relación con el periodo menstrual. Aunque no se conocen las causas, pueden que estén relacionadas con un mecanismo hormonal. Además, y por una cuestión social, las féminas tienen más pudor a expulsar las ventosidades. El aire presente en nuestro intestino puede ser eliminado de distintas maneras: mediante su difusión a la sangre a través del epitelio intestinal, consumido por otras bacterias presentes en el colon, y a través de las flatulencias.

Es normal la emisión de hasta veinticinco pedos al día, aunque la media es una decena —unos 600 ml de gases diarios—. Un cuesco corriente está compuesto por un 59% de nitrógeno, un 21% de hidrógeno, un 9% de CO2, un 7% de metano y un 4% de oxígeno. Además, hay una pequeña producción bacteriana de gases odoríferos que representan menos del 1% del volumen total, muchos de los cuales contienen derivados sulfurados —Sulfuro de hidrógeno, dimetilsulfuro, mercaptanos, escatoles y metanetiol, índoles, ácidos volátiles, amoniaco y ácidos grasos de cadena corta—. Los alimentos asociados con cuescos pestilentes son aquellos ricos en compuestos azufrados, como huevos, carne, coliflor, brócoli, repollo, col, acelga, coles de Bruselas, ajo, rábano picante y cebolla.

 


Mejor fuera que dentro


El meteorismo de causa funcional aumenta progresivamente a lo largo del día. A primera hora de la mañana, los pacientes suelen manifestar nulas o escasas molestias y, a última hora de la tarde-noche, llegan a su máximo, hasta el punto de que puede ser necesario desabrocharse el cinturón o los pantalones. “Muchas veces, por condicionamientos sociales, se retienen los gases. Pero es aconsejable que no se repriman y, dentro de las posibilidades del momento, proceder a su expulsión ”, apunta el doctor García Fernández. Sin embargo, se convierte en un problema cuando interfieren en la calidad de vida de la persona. En ese caso, se recomienda ir al médico, sobre todo, si se acompañan de otros síntomas, como dolor abdominal, diarreas y pérdida de peso.

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Con un poco de lactasa

"Los problemas de absorción de ciertos alimentos suelen ser una causa frecuente de aumento patológico de gases, principalmente, la mala absorción de azúcares como la lactosa y la fructosa. Su diagnóstico es sencillo con unos test de aliento y su tratamiento también es simple, mediante la reducción o eliminación total de estos azúcares de la dieta —explica este especialista—. Esto no siempre es fácil, ya que pueden estar presentes en muchos alimentos sin que sospechemos su existencia. En el caso de la intolerancia a la leche, se pueden evitar los efectos con lactasa (disponible en farmacias), la enzima que metaboliza la lactosa, ausente en el intestino de los afectados ”.

Otra causa frecuente de meteorismo es el trastorno de la microbiota intestinal, ya mar por anomalías en la proporción de las distintas cepas bacterianas —disbacteriosis— o por un sobrecrecimiento bacteriano. Estas alteraciones pueden tratarse con probióticos de forma aislada —durante, al menos, cuatro semanas—, o acompañados de antibióticos, como la rifaximina y el norfl oxacino. “Ahora bien, hay que tener en cuenta que las bacterias no solo producen gases, sino que también hay algunas que se alimentan del hidrógeno y CO2 presentes en el intestino, de manera que es difícil saber cómo responderá cada paciente a estos fármacos. Puede ocurrir que una persona tenga una fl ora más consumidora de gas y el antibiótico produzca el efecto contrario al deseado ”, avisa el doctor López Calle.

Otras dolencias, mucho menos frecuentes y más graves, que pueden provocar un aumento de gases o sensación de distensión abdominal son la enfermedad de Crohn y los tumores del tubo digestivo. También los machos del sistema endocrino, caso del hipotiroidismo y la diabetes mellitus, pueden producir sensación de flatulencia por alteraciones de la motilidad intestinal. Por otra parte, algunas personas que se quejan de dolor abdominal por meteorismo no tienen, en realidad, un aumento del volumen de aire en el intestino, sino un trastorno en su percepción, de modo que les resulta molesto. Es lo que se conoce como hipersensibilidad visceral. “Es como si en ellas hubiera algún tipo de algesia, un incremento de la sensibilidad dolorosa a los síntomas ”, señala el doctor López Calle. Esto explica que, en ocasiones, el tratamiento dietético en estos pacientes no tenga el resultado esperado.

 


Arsenal de remedios

Cuando alguien acude a la consulta del especialista por un problema de meteorismo, hay que descartar la existencia de hombres que pueden estar relacionados con la molestia. Paraca ello, se realiza una historia clínica completa con recogida de síntomas y una exploración física. Luego, según los hallazgos, se pueden solicitar pruebas complementarias, como un diario de alimentos y bebidas consumidos durante un periodo de tiempo determinado, radiografías de contraste, colonoscopia, sigmoidoscopia, analítica de sangre y heces...


El tratamiento principal para el meteorismo funcional consiste en eliminar los factores que lo provocan, de modo que se recomienda realizar ejercicio físico, corregir hábitos alimentarios y adoptar las medidas aconsejadas contra la aerofagia. En caso de un aumento de la sensibilidad visceral, podría recurrirse distintos fármacos. Los antiflatulentos, como la simeticona, alivian la sensación de gases al romper las burbujas de aire que se forman en el intestino. Los espasmolíticos, caso del bromuro de otilonio y la meveberina, sirven para tratar el dolor abdominal. Y los procinéticos, como la cinitaprida, la domperidona y la metoclopramida, mejoran la motilidad.


Y en aquellos pacientes en los que el meteorismo pueda estar producido por estrés o ansiedad, puede resultar de utilidad recurrir a ansiolíticos o antidepresivos. Pero siempre tendrá que ser el médico el que prescriba el tratamiento. Sin embargo, estamos de enhorabuena, porque, por fortuna, la inmensa mayoría de las incomodidades causadas por aire en el tracto digestivo se solucionan con un eructo o un buen pedo.