Así te afecta la polución doméstica

Según recientes investigaciones, las partículas de suciedad que invaden tu casa podrían tener insospechados efectos nocivos sobre la salud. Descubre qué está sacando en limpio la incipiente ciencia del polvo.

La llamada telefónica fue corta y esperada. Es normal que los padres quieran visitar a sus hijos. Sin embargo, escuchar “hija, mañana vamos a merendar” fue suficiente para colocar mis niveles de ansiedad por las nubes y desencadenar una sucesión de actividades frenéticas. Tenía menos de doce horas para dejar mi humilde residencia como los chorros del oro. Como miembro de una familia de adictos a la limpieza, crecí en una casa donde el  polvo brillaba por su ausencia. Con veinte años y ya independizada, constaté con estupor que este incómodo inquilino no solo es ubicuo, sino que se acumula con una rapidez y un sigilo impresionantes.

¿De dónde viene? De acuerdo con los estudios de Paloma Beamer, profesora de la Universidad de Arizona (EE. UU.), “cerca del 60 % procede del exterior”. A través de las puertas, adheridas a las suelas de los zapatos o flotando en el aire que entra por las ventanas, partículas de tamaño diminuto lo invaden todo. El resto, un tercio del total, tiene su origen en el interior del inmueble. “Es una amalgama de tanta cosa, orgánica e inorgánica, que probablemente sería imposible hacer una lista de los elementos que lo componen”, afirma Beamer.

En esa mezcla influyen factores tan variados como la localización geográfica de la casa, el número de ocupantes y sus costumbres, la presencia de mascotas, la época del año e incluso los materiales utilizados en la decoración y limpieza del hogar. Son tan variadas las fuentes de partículas que eliminarlas del todo es una lucha que he dado por perdida. No es que me vaya a morir por vivir en una casa con algo de polvo. ¿O sí? Desde el punto de vista científico, contestar a esta pregunta no resulta sencillo.

Pesadilla alérgica

Es sabido que respirar en un ambiente con mucho polvo es perjudicial para quienes padecen problemas respiratorios, como asma o rinitis. Por sus propiedades físicas y la facilidad con que puede ser inhalado, irrita el sistema respiratorio, una dificultad exacerbada por la presencia de pólenes o ácaros, alérgenos muy comunes. No obstante, poco se sabe sobre los efectos de su composición química.

Contaminantes como el amianto o el plomo, que en determinadas circunstancias pueden encontrarse en el polvo doméstico, entrañan riesgos enormes y muy bien documentados. Pero, más allá de un puñado de compuestos peligrosos, no son muchos los datos disponibles sobre otras sustancias, y menos aún sobre sus posibles consecuencias para la salud.

De la misma forma que las partículas del exterior pueden tener cantidad de contaminantes, generados por fábricas, motores de combustión e incluso fuentes naturales, como los volcanes, “las de casa incluyen elementos con origen en los detergentes o en los productos de cuidado personal y cosméticos que utilizamos, pero también surgen de los suelos, muebles y objetos de uso cotidiano”,  explica Veena Singla, científica del Consejo para la Defensa de Recursos Naturales (NRDC, por sus siglas en inglés), una organización estadounidense de acción ambiental.

Químicos no, gracias

Aunque muchos de estos elementos han sido investigados, el problema es que la mayoría de los estudios se centran en grupos muy concretos. “Para disponer de una noción real de la contaminación en el hogar, hay que tener en cuenta todos los compuestos y su abundancia. Una pequeña exposición a una sustancia puede no acarrear consecuencias graves a largo plazo, pero cabe la posibilidad de que su acción conjunta durante tiempo conlleve un efecto acumulativo considerable”, aclara Singla.

Con esto en mente, un grupo de científicos de las universidades estadounidenses de Harvard, California y George Washington se juntaron a principios de este año para compilar los datos existentes y realizar el primer metaanálisis –revisión de todos los estudios hechos hasta la fecha– sobre la química del polvo doméstico. Los resultados pintan un panorama inquietante.

“La diversidad y cantidad de sustancias tóxicas que se han detectado en las casas fue perturbadora”, afirma Singla, que participó en esta investigación. Según indican los trabajos analizados, en el polvo existen, en concentraciones bastante elevadas, por lo menos cuatro grandes grupos de compuestos potencialmente peligrosos para la salud.

El grupo más abundante, varias órdenes de magnitud por encima de los demás, son los ftalatos. Estos se emplean para ablandar los plásticos y se encuentran en juguetes, en suelos vinílicos, en el PVC y también en los revestimientos de los cables usados en los electrodomésticos y aparatos electrónicos. Los fenoles, añadidos a los detergentes y productos de limpieza, conforman el segundo grupo más numeroso, seguidos de cerca por los retardantes de llama –cubiertas ignífugas–, poco más abundantes que los compuestos químicos altamente fluorados, que se utilizan en la fabricación de utensilios de cocina antiadherentes.

Así los absorbe el cuerpo

Muchos de estos materiales son fundamentales en numerosos  productos cotidianos. “El problema es que no siempre están químicamente unidos a la matriz de los mismos y pueden migrar hacia el polvo y depositarse en los suelos y superficies de la casa”, aclara Singla.

Además, cuando son liberados al medio ambiente, no se descomponen con facilidad; representan una contaminación que puede ser absorbida a través de la piel, inhalada o ingerida. Y, en muchos casos, son bioacumulables, o sea, que una vez asimilados, se depositan en el cuerpo por tiempo indefinido.

“Algunas de estas sustancias se asocian con consecuencias graves para la salud”, señala Ami Zota, líder del estudio. Y añade: “En particular para la de los niños, que juegan en el suelo y suelen pasar objetos de sus manos a la boca o chupar superficies cubiertas de polvo”. Entre los riesgos potenciales se cuentan la disminución del coeficiente intelectual o los problemas en el desarrollo o la fertilidad; incluso podría influir en el cáncer.

¿Puede el polvo, por sí solo, originar daños tan graves? No todos los expertos están de acuerdo. “La mera presencia de una sustancia química no significa riesgo para la salud humana”, afirma el Consejo Químico Estadounidense (ACC, por sus siglas en inglés) en un comunicado. Muy crítica con las conclusiones del metaanálisis, esta organización considera que “la evaluación de riesgos para la salud no solo depende de conocer qué sustancias están presentes en el polvo, sino también de la cantidad real, la ruta, la duración y el momento de la exposición a esos elementos”.

Mapa de riesgos

Por ahora, tienen razón, porque todavía no se han publicado estudios que hayan investigado estos detalles. En realidad, “ni siquiera se han establecido patrones que permitan evaluar la toxicidad de las partículas que integran el polvo hogareño”, reconoce Singla. Consciente de esta limitación, la bióloga cuenta a Muy Interesante que se realizaron análisis adicionales, aún sin publicar, “con el objetivo de comprender el peligro real de estos elementos. Para evaluar los niveles de contaminación de los suelos usaron como base las cotas establecidas por la Agencia de Protección Ambiental estadounidense, la EPA.

Compuestos anticancerígenos

Los resultados preliminares, disponibles en el blog de la científica, indican que algunas sustancias se encuentran en concentraciones muy altas. “Los niveles de ftalatos y retardantes de llama exceden con creces los límites fijados tanto para riesgos oncológicos como para otros no relacionados con el cáncer”, apunta Singla.

Determinar si realmente se absorben ya es otra historia, aunque la investigadora considera que es difícil que no supongan un problema para la salud, ya que son muchas las fuentes de partículas con las que contactamos a diario: “Productos de cosmética, detergentes e incluso alimentos contienen estos productos químicos. Todo suma, y al final del día lo que podemos haber absorbido es elevado”.

¿Qué hacemos con ellos? Singla tiene claro que “esos artículos no deberían entrar en los hogares porque son peligrosos. Están en el origen de graves problemas de salud y deben ser reemplazados por otros alternativos más seguros”. Un cambio que, en opinión de la bióloga, debe hacerse cuanto antes, y esto depende en gran medida de nuestras decisiones de consumo. En sintonía con esta opinión, Robin Dobson, experta en contaminación ambiental del Instituto Silent Spring, en EE. UU., cree que “los consumidores tienen la capacidad de tomar decisiones más sanas y protegerse frente a los productos químicos de uso diario”. Dedicado a estudiar los riesgos y consecuencias de la exposición a componentes presentes en los productos de consumo, este centro de investigación aboga por un cambio en el mercado hacia artículos más seguros.

Inquilinos de por vida

Pero incluso si se prohibieran todos los compuestos peligrosos mañana mismo, su persistencia y las enormes cantidades en las que ya se han depositado en nuestro entorno implican que las consecuencias de su utilización indiscriminada tardarían décadas en desaparecer. Un buen ejemplo es el DDT, un pesticida prohibido desde la década de 1970 por su elevada toxicidad pero que, según un estudio publicado en Alemania en 2002, se detecta todavía en un 70 % de las muestras de polvo doméstico.

Mientras tanto, los expertos están de acuerdo en que algunas medidas al alcance de la mano pueden ayudar a mitigar el riesgo que supone el contacto continuado con estas sustancias.

Lavarse las manos con frecuencia; limpiar la casa con una aspiradora con filtro HEPA, que evita la expulsión de partículas al exterior; y algo más importante: informarse para no comprar productos que contengan compuestos peligrosos”, resume Singla.