5 preguntas sobre la intuición

Dejarnos llevar por esta forma de pensamiento inconsciente nos saca del atolladero en más de una ocasión. Por algo es el complemento perfecto a la parte más racional y lógica del cerebro humano.

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El que nunca haya tenido una corazonada que tire la primera piedra. La intuición, entendida como la capacidad inconsciente de procesar la información cognitiva y obtener una respuesta rápida a un problema, forma parte de nuestra vida diaria. Es más, a pesar de que hemos encumbrado a la razón como el sumun de la inteligencia, la ciencia apunta a que los auténticos sabios y expertos son, sobre todo, intuitivos. Ya se lamentaba de ello Albert Einstein: “La mente intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional es un fiel sirviente. Hemos creado una sociedad que honra al sirviente y ha olvidado el regalo ”.

 


1. ¿Dónde reside la intuición?

En un tablero de nueve filas por nueve columnas, las negras –Sente– se imponen sobre las blancas –gote–, y el rey blanco está a punto de ser capturado. Se trata de una partida de shogi, un juego de estrategia japonés, de la familia del ajedrez, que el neurocientífico Keiji Tanaka conoce bien. No solo porque sabe jugar, sino porque lleva años escudriñando el cerebro de otros jugadores para intentar entender cómo escogemos una estrategia ante situaciones complicadas que necesitan una solución rápida. Sobre el tablero, sí, pero también en la vida cotidiana. Y parece que ha dado en el clavo. Gracias al shogi, Tanaka ha podido situar la morada de la intuición en el núcleo caudado. Es una estructura que forma parte del ganglio basal, una región del encéfalo bastante primitiva y responsable del aprendizaje y de los hábitos. Su mayor don es que nos permite responder a un problema o tomar decisiones sin que participe el pensamiento consciente. O lo que es lo mismo, utilizar una especie de inteligencia automática y veloz en aquellos ámbitos donde tenemos una alta experiencia. Tan rápida que, según revelan imágenes obtenidas con resonancia magnética, las decisiones intuitivas se toman siete segundos antes de que nos hagamos conscientes y las ejecutemos. Aunque, aparentemente, todo esto ocurre sin poner empeño ni hacer sudar a nuestro casquete pensante, la realidad es que son muchas las neuronas y las estructuras cognitivas complejas implicadas en esta clase de pensamiento. Eso sí, trabaja a un nivel inconsciente. Y por eso tenemos la sensación de que nuestras corazonadas salen de la nada.

2. ¿Es opuesta a la inteligencia?

Todo lo contrario. Actualmente, se acepta que existen dos sistemas cognitivos en la sesera. Uno es guiado, controladora, reglado, necesita que intervenga la razón y exige un esfuerzo mental. El otro se basa en la percepción, la intuición y las emociones, y ocurre a nivel inconsciente. El primero es lento, el segundo, veloz. Y ambos nos pueden llevar a cabo una conclusión inteligente. En palabras de Tanaka, “la verdadera intuición solo la encontramos en expertos ”. Es más, defiende que la inventiva, el arte y la ciencia le deben mucho. “Cuando un problema es complejo, la respuesta intuitiva aparte del planteamiento lo simplifica y contribuya tanto a los momentos eureka como a lo que llamamos inspiración ”, asegura Takana a MUY. Asimismo, parece estar vinculada al sentido de la ética. Según investigaciones recientes, quienes deciden de forma intuitiva mienten y engañan menos que los individuos más racionales. Es decir, son más honestos.

 


3. ¿Decidimos mejor por instinto o mediante la lógica?


Tomamos decisiones más acertadas usando la intuición que recurriendo a la lógica, dice Marius Usher, de la Universidad de Tel Aviv (Israel). Puede ser así de rotundo porque cuenta con pruebas. En sus experimentos, ha detectado que el llamado sexto sentido acierta en un 90% de las ocasiones. ¿Sin pensar? No, porque cuando la intuición se pone en marcha no ignoramos los pros y los contras, las fortalezas y las debilidades de las diferentes opciones. Más bien, los sopesamos en una balanza instintiva e inconsciente, en lugar de racional y consciente.


En la misma línea, J. David Creswell, de la Universidad Carnegie Mellon (EE. UU.), Ha comprobado que cuando mantenemos nuestro cerebro racional ocupado en memorizar datos a la vez que se nos pide tomar una decisión, las elecciones son más lúcidas que si ponemos toda nuestra atención en elegir. Ante las evidencias, Creswell y otros expertos recomiendan que, antes de zanjar un asunto importante, entretengamos un poco a nuestra mente consciente en cualquier otra tarea –ver una película o leer un libro, por ejemplo– mientras dejamos que el subconsciente centrifugar.

 

Por otra parte, Michael Pratt está de acuerdo con la eficacia del pensamiento intuitivo, aunque con matices. Este profesor del Boston College (EE. UU.) Ha llegado a la conclusión de que cuando hacemos una evaluación general en un área de la que tenemos un conocimiento profundo, dejarnos llevar por las corazonadas es más efectivo que analizar. Sin embargo, no es aconsejable cuando hay que centrarse en los detalles. “La intuición es como la nitroglicerina: es buena solo si se usa en ciertas circunstancias ”, dice Pratt. Las decisiones analíticas son más lentas pero más acertadas cuando hay que dividir una cuestión en varias partes, como al resolver un problema matemático. A la intuición lo que se le da bien es encontrar rápidamente patrones y ofrecer visiones de conjunto. Y funciona, por ejemplo, cuando un bombero se deja llevar por su olfato para tomar decisiones en mitad de un incendio.

 


4. ¿Se puede entrenar?


Cuanto más expertos somos en un asunto, ya sea jugar al ajedrez, diagnosticar enfermedades o apagar fuegos, más activo es nuestro núcleo caudado cuando llega el momento de mover ficha. Vamos, que, en lo que a intuición se refiere, la experiencia importa. Hasta tal punto parece ser así que Tanaka asegura sin pelos en la lengua que “el entrenamiento diario intencionado desarrolla la intuición ”. Y añade este neurocientífico: “Concretamente, hay estudios que indican que se necesita ejercitarla a diario durante diez años, más de tres horas al día, para desarrollar el nivel de intuición de expertos de alto nivel ”. Casi nada. No obstante, hay campos en los que las decisiones intuitivas deben ser puestas en tela de juicio.

Tal y como sacaba a la luz un reciente informe internacional de la firma londinense PricewaterhouseCoopers (PwC), un 30% de los altos ejecutivos se dejó llevar por su sexto sentido para tomar su última decisión importante y otro 28% se basó en las corazonadas de sus asesores. ¿Hicieron lo correcto? Según el premio Nobel de Economía Daniel Kahneman y el psicólogo estadounidense Gary Klein No. El pensamiento intuitivo funciona de maravilla cuando el ámbito del que aprendemos es lo suficientemente regular y estable para ser predecible y tenemos tiempo para instruirnos en sus reglas y funcionamiento mediante la práctica. Es lo que ocurre, por ejemplo, con el ajedrez, la medicina y el deporte. Pecado embargo, la economía y la política son sistemas demasiado complejos e inestables como para resolver los problemas que se plantean echando mano solo de la intuición.

 

5. ¿Tenemos un sexto sentido para la física?

Puede que te haya pasado desapercibido, pero dentro de ti habita un pequeño Einstein. Cualquier ser humano se comporta como un auténtico como de la física cuando se trata de entender y predecir cómo se comportará un objeto. Incluso, si nunca ha estudiado las leyes básicas de la mecánica. La fuente de esta intuición la localizó el año pasado un equipo de la Universidad Johns Hopkins (EE. UU.) en una serie de zonas destinadas a planificar movimientos, principalmente, la corteza motora y el área motora suplementaria. De acuerdo con los investigadores, las neuronas de estas regiones se pasan todo el tiempo haciendo cálculos físicos en tiempo real para que, en cuanto surja la ocasión, podamos coger un balón al vuelo, esquivar un objeto que se nos cae encima o decidir cuándo podemos cruzar la calle sin que nuestra vida peligre.

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