10 cosas que no sabías del autismo

El trastorno del espectro autista (TEA) afecta al desarrollo cognitivo, dificulta la interacción social y restringe la atención entre otros síntomas. Aquí te contamos algunas de sus peculiaridades a la luz de los últimos hallazgos.

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1. Neurodiversidad

¿Y si no se tratara de una enfermedad, sino de una forma diferente de pensar y comportarse? El concepto de neurodiversidad defiende que el autismo no es más que una variación natural de la condición neurológica humana, pues no existe un cerebro normal con el que compararse. En el caso del síndrome de Asperger, esta idea se aplica con cierta facilidad, pues son autistas de alto rendimiento que pueden integrarse en la sociedad gracias a su capacidad para el pensamiento abstracto y adquirir nuevas habilidades. Sin embargo, el TEA severo puede conllevar comportamientos agresivos o autolesivos, epilepsia y depresión mayor.

 


2. ¿Epidemia?

En 1970 se detectaba autismo en un niño de cada 10.000. Hoy, en Estados Unidos, la cifra es de uno cada 59. Se sabe que hay un componente genético –los hermanos de niños autistas tienen un 20% más de papeletas para padecerlo–, aunque cada vez más investigadores se centran en la influencia de factores ambientales. Según un estudio publicado en el American Journal of Psychiatry, la exposición de las embarazadas al pesticida DDT está relacionada con el riesgo de TEA en el bebé. Los disolventes, polución del aire, metales pesados y ftalatos también se han vinculado al nacimiento de niños con trastornos del neurodesarrollo, indica un trabajo reciente de la Universidad de Wisconsin (EE. UU.).

 


3. Cuanto antes, mejor

Hasta la fecha, no se puede saber si un niño padece autismo hasta que tiene unos dos años, cuando se observan retrasos en su coordinación motora, lenguaje, interacción social... Un equipo de la Universidad de Carolina del Norte (EE. UU.) acaba de demostrar que también puede detectarse mediante resonancia magnética del cerebro de bebés de seis meses, gracias a ciertos rasgos neurológicos. El diagnóstico temprano es clave, porque el encéfalo es más adaptable y la terapia es más efectiva en su desarrollo cognitivo a largo plazo.

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4. Cerebro masculino

¿Eres más bien empático o tiendes a sistematizar? Según el psicólogo Simon Baron- Cohen, director del Centro de Investigación del Autismo de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), esa es la diferencia clave entre el cerebro femenino y el masculino. Es, asimismo, la forma más sencilla de entender cómo ve el mundo una persona con TEA, que suele tener orientación al detalle, facilidad para las matemáticas y dificultad para el lenguaje, tendencia al desapego y a la sistematización, todas ellas cualidades cognitivas vinculadas a la masculinidad extrema. Además, el número de niños afectados cuadruplica al de niñas, por lo que los estudios de Baron-Cohen sugieren que el trastorno puede estar relacionado con la exposición del feto a altos niveles de testosterona en el útero materno.

 

 

5. No viene solo


Un estudio de la Universidad de Stanford (EE. UU.), publicado en 2017 en la revista Autism Research, analizó todos los casos de TEA registrados en sus bases de datos desde 1995, para comparar la probabilidad que tienen estos pacientes de sufrir ciertas enfermedades. Según los resultados, padecían epilepsia, trastorno por déficit de atención e hiperactividad, trastornos del sistema nervioso central y anormalidades craneanas entre un 15% y un 19% más que la población general. A partir de los treinta y cinco años, además, los varones con TEA tenían un 25% más de papeletas para la esquizofrenia –las mujeres, solo un 7,7%–. Por otra parte, la tasa de suicidio entre autistas es nueve veces mayor que en el resto de las personas.

 


6. El secreto de la dieta


Una línea de tratamiento pasa por cuidar lo que come el paciente, que es frecuente que conviva con graves problemas intestinales. El éxito de este enfoque ha quedado claro en estudios como el de James Adams y Devon Coleman, de la Universidad Estatal de Arizona (EE. UU.), publicado en la revista Nutrients en 2018. Sesenta y siete participantes con TEA de entre 3 y 58 años siguieron durante doce meses una dieta sin gluten, sin caseína (proteína de la leche) y sin enzimas de soja, con suplementos de minerales y vitaminas, ácidos grasos esenciales, carnitina y enzimas digestivas. Los resultados: una mejora en la habilidad intelectual no verbal y los síntomas de autismo en general. Asimismo, otro artículo publicado en Nutritional Neuroscience afirma que eliminar el gluten y la caseína disminuye las rabietas y la hiperactividad –síntomas del TEA– y mejora la atención y la comunicación.

 

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7. Mascotas calmantes

Los niños autistas hablan, sonríen y ríen más –y lloran y protestan menos– en presencia de sus mascotas. Marguerite O’Haire, de la Universidad Purdue (EE. UU.), tuvo la idea de llevar cobayas a las aulas de colegios que tenían niños con TEA y comprobar qué pasaba. El experimento, publicado en Developmental Psychobiology, medía los niveles de estrés de los participantes, que eran muy altos cuando tenían que leer un texto o manipular juguetes y sorprendentemente bajos –más que los de sus compañeros sin TEA– cuando solo tenían que interactuar con los conejillos de Indias.

 

 

8. Microbioma revuelto


La relación entre flora intestinal, sistema inmune y autismo está cada vez más demostrada. Según investigadores de la Universidad de California en Davis (EE. UU.), el microbioma de los niños con autismo posee menor cantidad de bacterias beneficiosas y más probabilidad de padecer permeabilidad intestinal aumentada –disfunción que no protege al organismo de tóxicos provenientes del intestino y causa dolor e inflamación–. Además, tenían niveles más bajos de TGF beta-1, una proteína encargada de regular el sistema inmune para que no se disparen las respuestas inflamatorias y, al mismo tiempo, juega un papel clave en el neurodesarrollo. También tenían elevadas las citoquinas, que promueven la inflamación. Un campo de estudios prometedor para el tratamiento futuro del TEA, como afirmaban los autores en Brain, Behaviour and Inmunity.

 

 

9. Curar los genes


Ciertos tipos de autismo tienen una causa genética clara, como el que resulta de un defecto en el cromosoma 16, que promueve la activación de la proteína ERK2. Científicos de la Universidad de Cardiff (Reino Unido) han comprobado en ratones que el empleo de fármacos inhibidores del acceso de ERK2 al cerebro aminora la mayoría de los trastornos de comportamiento asociados a la enfermedad. Además, “previene que los ratones con una predisposición genética nazcan con esta clase de autismo cuando se administra a la madre durante la gestación”, explica Riccardo Brambilla, neurocientífico director del estudio. Esta medicación, sin embargo, está en fase experimental y aún no ha sido probada en humanos.

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10. Buen público de magia

A un equipo liderado por el psicólogo Gustav Kuhn se le ocurrió ver qué pasaba cuando personas con TEA presenciaban un truco de magia en que el mago hacía desaparecer una pelota en el aire en su tercera tirada. Mientras que los demás espectadores enseguida se daban cuenta de que el mago no había lanzado la bola, los autistas eran más proclives a dejarse engañar, pues sus ojos seguían solo la mirada del ilusionista y no la pelota. Según concluían los autores en Psychological Science, a estos pacientes les cuesta cambiar su atención de una cosa a otra en la misma situación, lo que juega en contra a la hora de interpretar el mundo que los rodea.