Vacunas para vivir más y mejor

Le enseñan a nuestro cuerpo a defenderse de virus, bacterias y otros agentes extraños, y son especialmente importantes en las personas en grupos de riesgo, como niños y ancianos.

Mujer con vacuna
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Si hay algo que nos está enseñando la crisis sanitaria derivada de la pandemia de COVID-19 es la importancia de la vacunación. Esta medida preventiva es la manera más efectiva de proteger la salud individual y la colectiva, y se hace esencial en ciertos grupos de población que, por su edad o estado de salud, se sitúan en una condición de fragilidad aún mayor. Personas mayores, niños, embarazadas o pacientes con enfermedades crónicas requieren de vacunas adicionales o incluso de la administración de un mayor número de dosis que les aporten una alta protección frente a ciertas enfermedades. Son los denominados grupos de riesgo.

“La vacunación es una herramienta que dota a nuestro organismo de una mayor capacidad de defensa inmunológica”, asegura José María Martín Moreno, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Valencia. Y es que las vacunas, puntualiza el doctor Martín Moreno, nos defienden frente a agentes patógenos que provocan infecciones. Y añade: “Ayudan a nuestro sistema inmune a poder detectarlos mejor, controlarlos y minimizar su efecto”. Precisamente esto es vital en el caso de personas que ya padecen patologías de base, pues la vacunación evita aumentar el riesgo de posibles complicaciones derivadas de infecciones.

Es una de las maneras más efectivas de proteger la salud, y está entre los mayores avances de la humanidad en su lucha contra las enfermedades.

Las autoridades sanitarias recomiendan la vacunación de manera especial tanto en niños como en adultos pertenecientes a estos grupos de riesgo. Sobre todo se pone especial insistencia en aquellas personas que sufren patologías crónicas, como VIH, cardiopatías o enfermedades respiratorias, y también en aquellas que viven internadas en residencias sociales, hospitales o instituciones geriátricas. En el caso de los ancianos, la necesidad es aún mayor, dado que el envejecimiento va acompañado de un deterioro inmunitario. “Su nivel inmunológico es más bajo que el de una persona normal, que también se beneficiaría de ese entrenamiento de su sistema inmunológico para responder al reto de la invasión externa de microorganismos –advierte el doctor Martín Moreno, y recalca–: Necesitan especial cuidado para que dichos microorganismos no se adueñen del control de su cuerpo”. Por eso, aboga por dar prioridad a la vacunación en estos grupos.

En la misma línea se pronuncia Ángel Gil de Miguel, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Rey Juan Carlos, en Madrid, quien insta a reforzar la vacunación en grupos de riesgo y visibilizar su importancia, ya que la capacidad de respuesta de estos sujetos es menor frente a la enfermedad infecciosa. Por ejemplo, expone el experto, “cuando se trata de bacterias encapsuladas, como las responsables de la neumonía, hace a estas personas mucho más vulnerables y no responden adecuadamente”.

Cada otoño, se pone en marcha en España la campaña de vacunación contra la gripe. Está especialmente dirigida a los mayores de 65 años, el principal grupo de riesgo, compuesto por casi nueve millones de personas.

Vacunación
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Pero ¿cómo podemos asegurar que estos grupos de riesgo tienen las vacunas que necesitan? Los especialistas que participaron en el III Foro de Vacunas, organizado por Wecare-u con el apoyo de Fundamed y GSK, dieron una respuesta clara a esta pregunta: es preciso crear un registro único de vacunación centrado en estos grupos de población. Se trata de disponer de un registro donde los profesionales sanitarios puedan comprobar el histórico, calcular las coberturas y asegurar una correcta información para médicos y para los pacientes. Porque, tal y como apunta el doctor Martín Moreno, “lo que no se evalúa ni se conoce no se puede mejorar”. Y es que los expertos aseguran que, a día de hoy, se ignoran las coberturas vacunales reales de estos grupos, lo que impide tomar medidas para mejorarlas.

Pilar Arrazola, jefa del Servicio de Medicina Preventiva del Hospital 12 de Octubre, en Madrid, considera necesario “tener denominadores precisos que permitan realizar un adecuado seguimiento de los pacientes de riesgo entre todos los profesionales que tratan a estas personas”. La doctora Arrazola recuerda que muchas de ellas son derivadas de otros especialistas sanitarios y hay que poder comprobar qué vacunas les han sido administradas para poder tomar decisiones clínicas.

Las recomendaciones aprobadas se recopilan en el documento Vacunación en grupos de riesgo de todas las edades y en determinadas situaciones, que fue publicado en julio de 2018. Sin embargo, aunque el doctor Gil de Miguel asegura que “el documento elaborado por el Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas es excelente”, también reclama “una mayor difusión del mismo y que los profesionales compartan las buenas prácticas y guías de vacunación que ya funcionan en sus centros”.

Finalmente, los expertos solicitaron más y mejor formación sobre vacunación en estos grupos de riesgo, la implicación de los gestores para su puesta en marcha y la actualización y difusión permanente de las recomendaciones de forma que lleguen a calar tanto en los profesionales como entre la población de estos sectores más vulnerables.

 

Por Mónica Gail.

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