Una dieta alta en sal reduce la sed y da hambre

Una nueva investigación contradice los conocimientos y creencias sobre los efectos de esta sustancia.

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El trabajo, publicado en la revista Journal of Clinical Investigation, aporta novedades sobre la respuesta del cuerpo al exceso de sal en la dieta y puede dar pistas para tratamientos más eficaces de tres males casi epidémicos que azotan a las sociedades desarrolladas: la obesidad, la diabetes y las cardiopatías relacionadas con el estilo de vida. 

¿Por qué da hambre pasarse con la sal? 

Los libros de texto nos dicen que una ingesta excesiva de cloruro sódico requiere que el organismo lo elimine a través de la orina, con la pérdida de agua que conllevan las micciones frecuentes. Pero los investigadores han averiguado que, en realidad, ese exceso tiene el efecto contrario a medio y largo plazo. Para conservar el agua del organismo en ese contexto de numerosas visitas al baño, hace falta mucha energía, que el cuerpo obtiene comiendo más. Esto explica que el exceso de sal nos abra el apetito.   

Jens Titze, profesor de Medicina, Fisiología Molecular y Biomedicina, y uno de los principales autores del trabajo, recuerda que en un experimento con astronautas rusos, él y sus colegas hallaron que cuando la cantidad de sal diaria presente en la dieta de los cosmonautas pasaba de seis a doce gramos, bebían menos agua, y no más. Eso sugería que estos hombres conservaban más líquido elemento, o que producían mayor cantidad. 

En un estudio posterior con ratones, los investigadores comprobaron que demasiada sal llevaba a que los roedores produjeran más glucocorticoides, hormonas que ayudan a romper las proteínas musculares y extraer energía de ellas, algo necesario cuando el organismo hace un esfuerzo extra para eliminar la sal sobrante. Esas proteínas se convertían en urea en el hígado de los animales, y la urea ayuda a los riñones a prevenir la pérdida excesiva de agua cuando se orina.

Obtener la energía de los músculos es mucho más arriesgado y costoso que conseguirla a través de la comida, y por eso los astronautas rusos tenían más hambre durante el experimento mencionado.

El círculo vicioso 

En cualquier caso, una continua ingesta exagerada de sal genera una dinámica peligrosa. Para eliminarla, el organismo comienza el proceso que hemos relatado, y produce muchos glucocorticoides, hormonas que participan en la regulación del metabolismo de carbohidratos y tienen un papel confirmado en el desarrollo de dolencias como la diabetes, la obesidad, la osteoporosis y las enfermedades cardiovasculares.

Además, mucha sal abre el apetito, con consecuencias dañinas para la salud. Como dice Titze, "siempre nos hemos centrado en el papel que juega este condimento en la aparición de la hipertensión. Pero nuestros hallazgos indican que una dieta demasiado rica en esta sustancia puede predisponer a padecer un síndrome metabólico", una serie de condiciones que elevan el riesgo de desarrollar enfermedades cardiacas y diabetes de tipo 2. 

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