Un año de Radar Covid: ¿qué ha fallado?

Aunque la idea de una aplicación para facilitar el rastreo de casos era buena, los resultados no lo han sido tanto.

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El 3 de agosto de 2020, el Gobierno de España presentaba la aplicación Radar COVID como apuesta para controlar y rastrear los casos positivos de covid-19 mediante la implicación y responsabilidad (voluntaria) de la propia sociedad. En caso de resultar positivos, los ciudadanos podrían incluir de forma anónima la información referente a su contagio y crear un sistema de alertas para el resto de usuarios. La iniciativa se asemejaba a otras ya existentes –y exitosas– en el ámbito internacional.

 

Sin embargo, Radar COVID alcanza su primer aniversario con más sombras que luces. Por los datos… y las sensaciones. Así como nunca llegó a contar con la complicidad de la comunidad científica y académica, el desapego social hacia esta herramienta también es manifiesto. Su entrada con mal pie –críticas por la falta de participación y transparencia en su creación, implantación desigual en las comunidades autónomas y con reticencias…– puede explicar su pobre rendimiento posterior.

“La idea era buena, pero los resultados no lo han sido. Más importante que la utilidad de la app era la capacidad de la Administración para liderar, convencer y dar credibilidad a la iniciativa. Creo que todo eso ha faltado”, opina para MUY Ángel Gil, catedrático de Medicina Preventiva y experto en salud pública. Desde la Sociedad Española de Informática de la Salud (SEIS), su presidente Luciano Sáez recuerda que “para que un proyecto tenga éxito es vital contar con los responsables de las TIC [tecnologías de la información y la comunicación] de las organizaciones implicadas”.

Según los datos facilitados por la Secretaría de Estado de Digitalización (Sedia) del Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Tecnológica, Radar COVID celebra su primer aniversario con cerca de 7,6 millones de descargas. Ello significa que en torno al 18 % de la población tiene instalada la app en su dispositivo móvil.

Son números por debajo de los objetivos marcados. El propio Ejecutivo marcó un mínimo de 20 % para que el rastreo pudiera ser “efectivo”. Desde febrero, el crecimiento es prácticamente residual. Ya en diciembre, cuando la aplicación sumaba 5,5 millones de descargas, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, reconocía que “no eran suficientes”. Y todo ello pese a que la inversión en publicidad ha superado los 3,5 millones de euros.

Más desoladoras aún son las cifras relativas a su uso. Los contagiados por la covid-19 pueden recibir un código de las autoridades sanitarias para volcar su información de forma anónima. Las comunidades autónomas han solicitado más de 1 100 000 códigos para entregar a la población contagiada. Sin embargo, apenas un 2 % de usuarios completaron ese proceso (69 000 códigos introducidos en el sistema). En algunas regiones, el porcentaje es, directamente, del 0 %. A ello se suman experiencias de uso negativas: exceso de consumo de la batería, fallos periódicos, disponibilidad solo en determinados sistemas operativos, etcétera.

Cuesta, por tanto, encontrar defensores de Radar COVID más allá de las partes implicadas. Desde Sedia se incide en que “ha contribuido a complementar la detección de contactos estrechos y nuevos casos positivos a través del rastreo digital”.

Con este presente, ¿tiene futuro Radar COVID? “Mientras sigamos teniendo transmisión comunitaria, sin duda alguna seguirá siendo una herramienta vital”, apuntan en Sedia. El objetivo pasa por ampliar funcionalidades y solventar errores. Además, sobre Radar COVID y sus gestores están abiertos dos procesos sancionadores de la Agencia Española de Protección de Datos por “indicios racionales de una posible vulneración” de la normativa en este campo.

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