Un año con la COVID, ¿qué hemos aprendido?

Tras varios meses de pandemia, hoy tenemos mucha información sobre la COVID-19 y el virus que la causa, aunque aún quedan incógnitas por resolver. ¿Qué sabíamos en marzo de 2020 y qué sabemos hoy?

covid calendario
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Parecen ya muy lejanos aquellos días en los que se empezaba a hablar de ese brote de neumonía causada por un nuevo coronavirus y que se extendía desde China a toda velocidad. Al principio con escepticismo sobre el potencial alcance de la epidemia, y después con miedo, en marzo y abril de 2020 el planeta se paralizó y gran parte de la población se vio envuelta en un confinamiento domiciliario: la  distancia social era, y en parte sigue siendo, el único arma que teníamos  para contener al coronavirus causante de la COVID-19.

Desde entonces, la investigación ha avanzado a toda velocidad, se han desarrollado vacunas en plazo récord, y la información que hoy tenemos es mucho mayor que hace un año. ¿Qué predicciones acertaron y cuáles no?

 

Preocupación inicial

Como ya hemos comentado, cuando surgieron los primeros brotes de la nueva enfermedad había muchas dudas en el horizonte. Hubo quienes no le dieron demasiada importancia, argumentando que enfermedades como la gripe causaban muchas más muertes que el coronavirus recién descubierto. Otros miraban con inquietud la expansión del virus, conscientes de que al ser nuevo no teníamos inmunidad frente a él y tenía vía libre para propagarse.

Un año después, sin embargo, parece que las preocupaciones estaban justificadas: la COVID-19 ya ha matado a más de dos millones y medio de personas en todo el mundo. Incluso con la esperanza de las vacunas en el horizonte, aún queda mucho camino por recorrer. Han surgido nuevas variantes que se propagan a más velocidad, y las campañas de vacunación avanzan más lentamente de lo que sería deseable.

Contención del virus

A primeros de marzo de 2020, el director general de la Organización Mundial de la Salud Tedros Adhanom Ghebreyesus declaraba que “la amenaza de la pandemia se ha vuelto muy real, pero sería la primera de la historia en poder controlarse, no estamos a merced de este virus”.

Un año después, sin embargo, con más de cien millones de personas en todo el mundo que ya se han infectado con el SARS-CoV-2 y una grave recesión económica planetaria, parece claro que la contención de la pandemia no era tan sencilla como esperábamos.

¿Será una enfermedad estacional?

“Algunos científicos piensan que el nuevo coronavirus puede terminar regresando cada invierno, igual que la gripe. Se han realizado simulaciones de transmisión que encuentran que los patrones estacionales de los brotes dependen de la inmunidad de las personas contra el virus. Si la inmunidad va disminuyendo cada año, de forma similar a lo que sucede con los coronavirus causantes del resfriado común, sí que sería posible tener brote anuales”, decía la revista de divulgación Science News en marzo de 2020.

Un año después, y a la vista de las sucesivas oleadas experimentadas en todo el mundo parece claro que el calor no tiene mucho efecto en la atenuación de la transmisión del virus. Con respecto al futuro, el debate persiste, pues no sabemos cómo se va a comportar la enfermedad. La mayoría de expertos coinciden en vaticinar que el SARS-CoV-2 no va a desaparecer, pero la frecuencia a la que podríamos enfrentarnos a nuevos brotes después de la pandemia es un tema de debate.

Algunos creen que el SARS-CoV-2 se unirá al resto de virus que encontramos a lo largo de todo el año y que causará en el futuro enfermedades leves, principalmente en niños. Otros creen que debemos prepararnos para que la COVID-19 se convierta en una enfermedad estacional recurrente, argumentando que va a ser muy difícil alcanzar la inmunidad colectiva a través de la vacunación, y que la creciente propagación de variantes aumenta el riesgo de reinfección.

Transmisión del virus en las superficies

Una de las principales dudas al inicio de la pandemia era la posibilidad de infectarnos al entrar en contacto con superficies que contuvieran el SARS-CoV-2. Cada vez hay más evidencias que apuntan a que las superficies no parecen una vía relevante de transmisión.

La mala noticia es que, sin embargo, cada vez hay más evidencias de que el SARS-CoV-2 se transmite mediante aerosoles que contienen virus viables generados por la persona infectada, especialmente en espacios cerrados y mal ventilados.

 

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