Las terapias digitales, efectivas contra la depresión

Un estudio muestra que el uso de ciertas apps para smartphones puede ayudar a combatir la depresión cuando no es posible acudir directamente a un profesional.

Apps para tratar la depresión

Un equipo de investigadores de distintas instituciones australianas, británicas y estadounidenses está convencido de que es posible combatir eficazmente la depresión a través del uso de ciertas aplicaciones para smartphones. En un estudio publicado en la revista World Psychiatry, estos expertos señalan que ese tipo de herramientas informáticas permitirá a muchas personas lidiar con este trastorno mental que, según la Organización Mundial de la Salud, afecta a más de 300 millones de individuos.

Esta institución advierte, además, que las mujeres sufren más este mal que los hombres y que, en la actualidad, es la principal causa de discapacidad. Aunque existen tratamientos para tratar la depresión, los científicos indican que para muchos enfermos no es fácil acudir a los profesionales o a los centros médicos que pueden prestarles ayuda, así que decidieron examinar la eficacia de los procedimientos que se basan en el empleo de los teléfonos móviles.

Diseñadas por expertos

En su ensayo –es el primero de este tipo que se lleva a cabo–, coordinado por Joseph Firth, del Instituto Nacional australiano de Medicina Complementaria (NICM) y el Departamento de Psicología y Salud Mental de la Universidad de Manchester, los especialistas han tenido en cuenta 22 aplicaciones para móviles desarrolladas por profesionales para hacer ensayos clínicos –entre ellas, MoodHacker, MyCompass, Get Happy, iBobbly…– y los datos de 3.400 hombres y mujeres entre 18 y 59 años a los que se habían diagnosticado distintos tipos de enfermedades o condiciones mentales, desde la citada depresión o trastorno bipolar, hasta ansiedad o insomnio.

Así, han podido determinar que, en general, este tipo de intervenciones logró reducir significativamente los síntomas relacionados con la depresión, lo que, en opinión de Firth y sus colaboradores, sugiere que estas terapias digitales pueden ser muy útiles para muchos afectados, especialmente aquellos que no pueden acceder a otro tipo de tratamiento. "La mayor parte de la población en los países desarrollados cuenta con uno de estos teléfonos inteligentes; ello incluye a los jóvenes que, según distintos estudios, cada vez sufren más este trastorno", indica Firth. "Se están produciendo rápidos avances en este campo, por lo que los usuarios podrán beneficiarse de un tratamiento satisfactorio gracias a sus smartphones", señala.

Uno de los coautores del informe, el profesor Jerome Sarris, también del NICM, sostiene que esta aproximación tecnológica reduce el estigma social que suele acompañar a esta condición y permitirá a los enfermos comprobar por sí mismos su estado y evolución. "Los dispositivos móviles pueden ayudar a conocer mejor y controlar la enfermedad, sobre todo en los casos de depresión media y moderada. Algunas apps, utilizadas como tratamiento integrativo o complementario, mejoran el estado anímico de los pacientes", afirma Sarris. El equipo de investigadores indica, no obstante, que aún no se ha podido establecer si también resultan beneficiosas en los casos más graves. 

No evitan medicarse

Algunas aplicaciones se centran en terapias cognitivas, otras en los principios del mindfulness, otras monitorizan los cambios de humor… Pero, en esencia, los científicos no han encontrado diferencias significativas entre ellas. Sin embargo, las que ofrecían un tratamiento íntegro, esto es, que no necesitaban apoyo clínico externo o hacer un seguimiento por ordenador, ofrecen mejores resultados. Eso sí, los autores del estudio destacan que, a pesar de todo, este tipo de apps no son mejores que los tratamientos convencionales y no evitan la necesidad de tomar fármacos antidepresivos, si así lo estiman los médicos.

Referencia: The efficacy of smartphone-based mental health interventions for depressive symptoms: a meta-analysis of randomized controlled trials. Joseph Firth et al. World Psychiatry. DOI: 10.1002/wps.20472

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