Terapia musical a la medida del paciente

Los enfermos neurológicos son algunos de Los más beneficiados por estos tratamientos complementarios.

musicoterapia
istockphoto

Existen profesionales en el sector de la salud cuya especialidad es ofrecer tratamientos similares a trajes a medida con ayuda de la música. La armonía, la letra de las canciones, la repetición de los sonidos, la lectura musical o la melodía son algunos de los elementos que analizan los musicoterapeutas para establecer sus sesiones personalizadas a pacientes afectados por una dolencia concreta. Los déficits y necesidades del  enfermo son evaluados teniendo en cuenta factores como su edad, su cultura o su estado emocional.

Dependiendo de la técnica, esas sesiones son individuales o en grupo, y pueden beneficiarse personas de cualquier edad. El uso de instrumentos musicales, caso de la guitarra y el teclado portátil, también es frecuente. “Se trata de una opción que complementa la rehabilitación estándar”, ha explicado David Ezpeleta, secretario de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Neurología (SEN). El doctor Ezpeleta asegura que, “en buenas manos y seleccionando bien los objetivos, puede ser muy eficaz”. Además, la musicoterapia puede utilizarse en múltiples dolencias. En relación con la neurorrehabilitación, los estudios indican que los pacientes con párkinson, demencia, epilepsia, esclerosis múltiple, los afectados por un ictus o incluso personas en estado vegetativo son quienes mejor responden, desde un punto de vista cognitivo y motor, a esos estímulos sonoros.

Escuchar música no es lo mismo que percibir un ruido, pues la primera despierta nuestra atención. Ezpeleta explica que activa numerosas zonas cerebrales, desde áreas relacionadas con las vías auditivas hasta la llamada red sintáctica musical, donde se interpreta lo que oímos. También enciende las estructuras implicadas en el ritmo, diversas áreas motoras del cerebelo y todas las estructuras límbicas relacionadas con aspectos placenteros y emocionales de la experiencia musical.

Además, la musicoterapia estimula el sistema nervioso autónomo –con benéficos efectos cardiovasculares– y el eje hipotálamo-hipofisario-adrenal. Esto último reduce la secreción de cortisol, hormona vinculada al estrés. “No se puede generalizar; son cambios sutiles pero reales. La musicoterapia no significa que los niños sean más listos por ponerles a Mozart”, matiza el experto. Las sesiones deben ser llevadas a cabo por profesionales que aúnen competencias musicales, psicológicas o pedagógicas, ya que se trabaja con pacientes a distintos niveles clínicos.

 

Es una terapia complementaria

Esta idea es apoyada por el director general de la Fundación Musicoterapia y Salud David Gamella: “Los musicoterapeutas podemos ver las reacciones observando la frecuencia cardiaca, la saturación de oxígeno o la frecuencia respiratoria de los pacientes”, explica. Una de las principales demandas de los profesionales es conseguir el reconocimiento por parte del Ministerio de Salud. Eso sí, Gamella coincide con Ezpeleta en la importancia de remarcar que, “en el contexto hospitalario, la musicoterapia no cura nada; trabajamos de manera interdisciplinar”. Es decir, el musicoterapeuta sigue las indicaciones de los médicos y las enfermeras y, en el ámbito social, de los psicólogos y los educadores sociales.

“La música es uno de los inputs que más pone en funcionamiento al cerebro. No es que sea la panacea, pero sí estimula muchísimo las funciones superiores”, continúa Gamella. El especialista se autodefine como “un profesional que toma medidas y diseña tratamientos de acuerdo con las necesidades del paciente. Somos los sastres sonoros de las terapias musicales”.

Por Daniela González

Gaceta Médica

Gaceta Médica

El periódico líder en información sanitaria y de salud en España. Dirigido a médicos, enfermeras y todos los profesionales de la sanidad.

Continúa leyendo