Suicidio: romper el silencio es parte de la solución

Carmen Montón, exministra de sanidad, consumo y bienestar social, nos habla de este problema que sigue siendo un tabú en nuestra sociedad.

Cada día se quitan la vida en España 10 personas, sin embargo esta realidad pasa silente en nuestra sociedad. Se prefiere mantener un silencio equidistante  a pesar de que el suicidio afecta a personas de cualquier edad, cultura o grupo poblacional. Aunque también es cierto que incide especialmente sobre grupos vulnerables como menores, mayores, mujeres en situación de violencia de género, personas sin hogar, con discapacidad o con problemas de salud mental.

El suicidio es la primera causa de muerte no natural y la OMS se ha fijado como objetivo para el 2020 la reducción de un 10% de su tasa en los diferentes países.  Esto  lo convierte en una urgencia de salud pública cuya prevención pasa por la evidencia científica de hablar y visibilizarlo con rigor, eliminando el tabú y el estigma. No obstante existen importantes resistencias a abordarlo abiertamente y de forma eficaz para la prevención en nuestra sociedad. Hay que vencer resistencias políticas, profesionales, confesionales, de los  medios de comunicación… vencer una resistencia social. Como sociedad se ha llegado al pacto no escrito de vetar hablar de suicidio, es un tabú, pero debemos ser conscientes de que al no hablar de suicidio lo que estamos haciendo es vetar la oportunidad de prevenirlo.

Seguramente es porque al abordar este problema de salud pública se enfrenta a la sociedad contra un espejo, en el que se refleja una imagen en la que no sale muy favorecida. Porque sería un factor de protección frente al suicidio contribuir a la construcción de una sociedad más colaborativa, más empática, más solidaria, más inclusiva y con mayor cohesión social.  Una sociedad en la que mostremos una ética de convivencia distinta.  Y eso es muy duro de asumir, sobre todo si a continuación no se hace nada. Propongo tomar partido, como sociedad e individualmente, en favor de la prevención del suicidio. Atrevernos a mirarnos de frente en ese espejo y romper barreras y silencios, prejuicios  y estigmas.

 

Vamos por el buen camino

España está en el buen camino, cada vez son más las CCAA que se suman a la decisión pionera que la Comunidad Valenciana adoptó en 2017 con la elaboración del plan de prevención y manejo de la conducta suicida. Además el propio Ministerio de sanidad, consumo y bienestar social está trabajando desde el ámbito de la salud mental.  Pero no hay más tiempo que perder.  Hay que remover obstáculos de todo tipo que impiden implementar fórmulas de prevención del suicidio. Personalmente podemos implicarnos hablando del suicidio, ayudando a la visibilización del problema. Como sociedad, desde las instituciones se puede apostar por políticas de cohesión y justicia social. Además de poner a disposición de la ciudadanía recursos específicos  y dotar  de fondos presupuestarios. Pero no solo es una cuestión de presupuesto,  la transformación que se necesita, pasa por trabajar en red, trabajar conjuntamente y de forma multidisciplinar entre profesionales sanitarios y no sanitarios. Un trabajo que debe liderar sanidad, pero en el que  también están fuertemente implicadas las áreas de educación, bienestar social, empleo, justicia, urbanismo, transporte… y los medios de comunicación.

Hay muchas formas de romper el silencio, esta columna es una pequeña muestra de ellas, también una información rigurosa y respetuosa por parte de los medios de comunicación. Pero el silencio se rompe de muchas más formas.  Con la estadística y la epidemiología, a través de un buen registro de los datos de suicidio y tentativas, que nos permita conocer mejor la realidad y, entre otras valiosas acciones, monitorizar y acompañar a  personas con tentativas de suicidio, ya que estas tienen un riesgo 100 veces mayor que la población general. También se rompe el silencio con la educación  en los niños y niñas, para que aumente su resiliencia emocional, aprendan a resolver conflictos y a enfrentarse al  estrés y las transiciones de la vida. También con formación especializada para profesionales de la medicina, enfermería, trabajo social, etc….  Y se rompe el silencio entendiendo que el dolor y el sufrimiento van más allá de la persona que intenta o que se quita la vida, afecta a su entorno familiar y personal. Entre 6 y 14 personas se ven afectadas por un suicidio, son los llamados supervivientes,  que al duelo suman otras emociones como  la incomprensión, la culpa, la vergüenza  o el estigma.

Mantener el veto no tiene sentido. Romper el silencio es parte de la solución para prevenir el suicidio.

Continúa leyendo