Sin medidas de contención, el coronavirus podría matar a 40 millones de personas

Las estrategias más duras para frenar la transmisión podrían salvar millones de vidas, concluye un informe presentado por el Imperial College de Londres. Además, será necesario mantener algún tipo de medida hasta que se disponga de vacuna o antiviral.

Se estima que la pandemia de gripe de 1918 terminó con la vida de más de 40 millones de personas, las mismas que podrían morir a causa de la enfermedad de COVID-19 en caso de no haberse tomado medidas para la contención del virus. Son los resultados de un informe publicado por el Imperial College de Londres el 26 de marzo y elaborado por un equipo de expertos en modelización matemática.

El informe también indica que, sin medidas de prevención, el 90 % de la población mundial se habría contagiado con el virus SARS-CoV-2. Para sus autores, la forma en la que los distintos gobiernos respondan a la emergencia de salud en las próximas semanas será fundamental a la hora de frenar la trayectoria de la epidemia en cada país.

El análisis

Hay que tener en cuenta que estamos ante un virus desconocido y que aún hay muchos detalles que no conocemos sobre su forma de transmisión y evolución en el tiempo, así como las muy distintas circunstancias sociales, económicas y demográficas que se dan en cada país, por lo que existe siempre un alto grado de incertidumbre en las predicciones de los modelos matemáticos desarrollados. En todo caso, los resultados de este y otros muchos análisis inciden siempre en la necesidad de implementar estrategias de prevención para evitar el colapso sanitario en los países más afectados.

En este estudio, el equipo de expertos combinó los datos disponibles para cada edad sobre los patrones de contacto y la gravedad de la enfermedad para poder proyectar el impacto de la pandemia en 202 países. En concreto, se compararon los impactos pronosticados de mortalidad en ausencia de intervenciones con los que se podrían lograr gracias a políticas destinadas a mitigar o suprimir la transmisión.

Los autores advierten, no obstante, que “las estimaciones de la mortalidad y la demanda de atención médica se basan en datos de China y países de altos ingresos. Las diferencias en las condiciones de salud subyacentes y la capacidad del sistema de salud probablemente darán lugar a patrones diferentes en entornos de bajos ingresos”.

Escenarios de mitigación

El informe analiza los impactos de la implementación de distintas estrategias para la contención del virus. Aquellas que se centran en proteger a las personas mayores mediante la reducción del 60 % de sus contactos y en ralentizar pero no interrumpir la transmisión (reducción del 40 % de los contactos sociales de toda la población) podrían reducir la mortalidad a la mitad (en un escenario global hablaríamos de 20 millones de fallecimientos). Sin embargo, los autores destacan que, incluso en este escenario, los sistemas de salud de todo el mundo se verían rápidamente desbordados. Además, los países con ingresos más bajos serían, por supuesto, los más afectados por el colapso.

Si proyectamos un escenario en el que se adopten medidas más contundentes, que impliquen distanciamiento social, detección temprana de casos y aislamiento de las personas infectadas y que además se lleven a cabo cuando la tasa de mortalidad en cada país sea de 0,2 por cada 100000 personas y semana, se podrían salvar 38,7 millones de vidas. En caso de iniciarse estas estrategias cuando el número de muertes es mayor (1,6 fallecimientos por cada 100000 personas y semana) se evitarían 30,7 fallecimientos.

“Por lo tanto, nuestro análisis sugiere que la demanda de atención médica solo puede mantenerse dentro de niveles manejables a través de la rápida adopción de medidas de salud pública para suprimir la transmisión, similar a las que se están adoptando en muchos países en la actualidad”, resumen los expertos.

Otro de los puntos en los que incide el informe es en la necesidad de mantener de alguna manera las medidas de contención hasta que se disponga de vacunas o de tratamientos efectivos, o de lo contrario se podrían producir nuevos brotes de COV-19. “Nuestro análisis destaca las decisiones tan difíciles a las que se enfrentarán todos los gobiernos en las próximas semanas y meses, pero también demuestra hasta qué punto la acción rápida, decisiva y colectiva podría salvar millones de vidas”, concluyen.

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