¿Se pueden curar las alergias?

Las alergias son enfermedades que en su mayoría se mantienen de forma crónica, pero… ¿existe una cura?

El primer estudio publicado donde se demostraba que las alergias se podían curar a través de un procedimiento innovador conocido hoy en día como inmunoterapia vio la luz en 1911 de la mano de Leonard Noon. Hoy, 111 años más tarde, seguimos investigando y avanzando por el camino de la inmunoterapia para ser capaces de curar todas las alergias. Sin embargo, aún nos queda mucho por andar.

Un largo pero exitoso recorrido

En este primer estudio, Leonard Noon reclutó pacientes que sufrían de alergia al polen de césped y cuyos síntomas eran rinitis y/o conjuntivitis. En aquella época se desconocían muchos aspectos de las alergias, e incluso se creía que la causante de los síntomas era una toxina que estaba presente en el polen. Tiempo después se demostró que las alergias no estaban causadas por toxinas, sino por alérgenos, es decir, componentes inocuos que sólo resultaban una amenaza para ciertas personas que eran sensibles a su exposición.

​​La inmunoterapia diseñada por Leonard Noon consistió en inyecciones subcutáneas a diferentes intervalos de unos preparados de polen de céspeden agua. Primero realizó pruebas con cuatro tipos de césped para asegurarse de que sus preparados seguían manteniendo el compuesto responsable de causar los síntomas y al final se decantó por la hierba timotea o Phelum pratense. Antes y después de dichas inyecciones, Leonard Noon evaluó la respuesta colocando una gota de estos preparados en los ojos de los pacientes. Si aparecía enrojecimiento en el ojo, era el indicador de que una reacción alérgica estaba teniendo lugar. Los resultados de este primer éxito de la inmunoterapia demostraron que había encontrado la manera de re-educar al sistema inmunitario y conseguir cierta tolerancia al polen.

¿Somos capaces de curar la alergia?

La mayoría de las alergias no presentan un peligro para la vida de las personas que las sufren, sí son una fuente constante de impedimentos y tienen un gran efecto en la calidad de vida. Las alergias estacionales, como la rinitis o el asma al polen, son responsables de bajas laborales y un gran número de impedimentos a realizar actividades en el exterior. Teniendo en cuenta que este tipo son, además, las alergias más comunes en la población, puede suponer un problema para la sociedad. Por otro lado, las alergias permanentes pueden conllevar otra serie de síntomas asociados como ansiedad o depresión, sobre todo si el tratamiento estándar no resulta efectivo. En esta situación, la inmunoterapia podría ser la solución.

Aunque el estudio de Noon presenta muchas limitaciones y planteó más preguntas que respuestas, supuso un gran avance en el campo de la inmunología. Hoy en día, esta técnica se ha perfeccionado y optimizado para ajustarse a los diferentes tipos de alergias que existen. Sin embargo, la esencia del proceso se ha mantenido: administrar las preparaciones del alérgeno a intervalos específicos de tiempo para provocar un cambio en la respuesta inmune que culmina en la tolerancia de dicho alérgeno.

La inmunoterapia tiene unas tasas de efectividad bastante altas, pero hay algunos factores que son imprescindibles de tener en cuenta. En primer lugar, la inmunoterapia no tiene el mismo éxito para todos los tipos de alérgenos ni tipos de alergias. La alergia a los ácaros del polvo suele tener síntomas localizados en los ojos y vías respiratorias, y en algunas ocasiones es el único tipo de alergia que presentan los pacientes. Estos pacientes son los candidatos ideales para recibir una inmunoterapia diseñada específicamente para re-educar al sistema inmunitario a que los ácaros del polvo no suponen una amenaza para el organismo.

Por el contrario, una persona que sufre de dermatitis atópica y esté sensibilizada a numerosos alérgenos de polen, ácaros a animales; será un paciente con menor probabilidad de éxito tras el tratamiento. Uno de los motivos es porque presenta anticuerpos contra tantos alérgenos diferentes, que no se puede diseñar una inmunoterapia tan específica para todos ellos, y habría que seleccionar los más relevantes para la aparición de los síntomas. Esta selección supone el riesgo de que, tras finalizar la terapia, el paciente todavía sufra de alergia cuando se expone a los alérgenos que no estaban incluidos en las preparaciones. El procedimiento no sería peligroso para el paciente, pero un resultado negativo puede resultar en frustración y gasto de recursos para médicos y pacientes.

Además de estos factores, también hay que tener en cuenta si el paciente tiene alguna predisposición genética o presenta un desbalance en el sistema inmunitario que impida que la terapia funcione en su totalidad. Por todos estos motivos, es necesario realizar varias pruebas antes de determinar si un paciente alérgico es un buen candidato a recibir inmunoterapia y curar así su alergia.

Lo mejor, si sufres de algún tipo de alergia, es preguntar a los especialistas si te pueden ofrecer algún tratamiento de inmunoterapia y realizar las pruebas oportunas antes de empezar. Si todos los resultados son adecuados, puede que consigas curar tu alergia o como mínimo, reducir bastante los síntomas.

 

Referencias:

Noon. 1911. Prophylactic inoculation against hay fever. The Lancet. doi.org/10.1016/S0140-6736(00)78276-6

 

 

Sherezade MR

Sherezade MR

Soy una doctora en Alergología que en sus ratos libre cuenta la ciencia en redes. Me licencié en Biología en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y realicé el doctorado en la Universidad de Medicina de Viena. Ahora trabajo como postdoc en el Instituto de Alergología Fraunhofer asociado al Hospital Charité de Berlín. Mi nueva faceta es divulgadora amateur que hace vídeos cortos en Twitter y streams largos en Twitch. A veces también escribo o consigo logros para la Alianza en World of Warcraft. Página web

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