¿Qué es el sistema inmunitario y cómo funciona?

El sistema inmunitario es uno de los sistemas más complejos de nuestro organismo que tiene como función principal protegernos de los peligros externos, pero ¿cómo lo consigue?

 

El sistema inmunitario se suele comparar con un ejército que se mantiene alerta ante cualquier posible amenaza, siempre listo para defender nuestro organismo. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja. ¿Cómo consigue nuestro cuerpo sobrevivir el constante ataque de patógenos y sustancias dañinas?

¿Qué es el sistema inmunitario?

En términos sencillos, el sistema inmunitario es el conjunto de células, moléculas y mecanismos que se encargan de identificar qué agentes externos pueden entrar en nuestro organismo y cuáles deben ser eliminados. Engloba una serie de procesos y reacciones en cadena para crear una red de comunicaciones que está repartida por todos y cada uno de los rincones de nuestro cuerpo.

Este sistema de reconocimiento está en constante funcionamiento y escanea las moléculas que se encuentran en el exterior entran en contacto con nosotros, pero también las que se generan en nuestro interior. Durante los procesos fisiológicos de mantenimiento, se generan nuevas células. Incluso estas células producidas por nosotros, deben pasar este control de seguridad para asegurarnos que no son dañinas.

Por lo tanto, el sistema inmunitario se encarga de la seguridad del organismo y elimina todo tipo de amenaza, tanto externa como interna. Esto lo consigue a través de mecanismos de control y reconocimiento muy sofisticados y sólo las células u otros componentes que son inocuos puede continuar su camino.

¿Cuáles son los órganos que componen el sistema inmunitario?

El sistema inmunitario está formado por cientos de miles de moléculas y células que trabajan en perfecta sincronía. Aunque existen algunos órganos o tejidos especializados en funciones del sistema inmunitario, como el bazo, el timo o la médula ósea, sus “agentes” están repartidos por todo el cuerpo.

Dentro de los agentes que circulan, encontramos un grupo de moléculas muy importantes en la comunicación entre las distintas células: las citoquinas. Estas moléculas actúan como mensajeras, parecido a lo que hacen los neurotransmisores en el cerebro.

Las citoquinas son creadas y liberadas por células del sistema inmunitario y viajan entre los tejidos a través de la sangre para activar o reclutar otras células. Las señales que transmiten pueden generar una respuesta proinflamatoria o antiinflamatoria, según lo que necesiten.

Por otro lado, tenemos las células. Como existen muchos tipos de células que forman el sistema inmunitario, sus funciones son igual de diversas. Además, al tener un abanico tan grande, cada una está especializada en un tipo de función o de defensa, lo que las convierte en altamente efectivas.

¿Puede mi sistema inmunitario cambiar con los años?

La respuesta es sí, y lo hace constantemente. El sistema inmunitario tiene dos grandes tipos de respuesta: inmune y adaptativa. La respuesta inmune es el resultado de muchos años de evolución e interacción con miles de especies de seres vivos, no sólo patógenos. A través de un “toma y daca” de nuestro organismo con el exterior, se han seleccionado unas estrategias defensivas efectivas.

Algunas características de la respuesta inmune innata es que está presente desde el nacimiento, es una respuesta muy rápida ante peligros evidentes, pero no es muy efectiva para una defensa a largo plazo. Aquí entraría la respuesta generada contra los venenos, virus y otros patógenos que son perjudiciales a los que hemos estado expuestos durante siglos.

Por otro lado, tenemos la respuesta inmune adaptativa, la cual se va desarrollando a lo largo de nuestra vida y está condicionada a muchos factores ambientales: el nivel de higiene al que estamos expuestos, si hemos recibido vacunas o incluso si tenemos hábitos saludables.

Esta respuesta es muy moldeable y aunque no se caracteriza por su rapidez ante el peligro, se convierte en nuestra mejor defensa a largo plazo, ya que dota a nuestras células de memoria y especificidad. Un claro ejemplo de cómo utilizar las ventajas de la respuesta adaptativa en nuestro favor es el uso de vacunas.

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Fuente: iStock

¿Qué pasa cuando el sistema inmunitario no funciona bien?

El sistema inmunitario está regulado por muchas moléculas y mecanismos, y algunos de ellos son redundantes porque se encargan de procesos de vital importancia. Sin embargo, debido a fallos, puede que no funcione de manera correcta. De manera general, podemos encontrar los siguientes tipos de problemas cuando el sistema inmunitario:

  • No es lo suficiente fuerte o eficaz: inmunodeficiencias.
  • Ataca cosas que no debe (propias): enfermedades autoinmunes.
  • Ataca cosas que no debe (externas): alergias.

En todos estos casos, existe un problema en uno o varios puntos de la compleja red. Ya sea porque existen células o moléculas que atacan nuestro propio cuerpo (enfermedades autoinmunes como lupus, psoriasis o artritis reumatoide, entre muchas otras) o elementos externos que no son peligrosos (algunas intolerancias, alergias o urticarias).

¿Existen un tratamiento para el regular el sistema inmunitario?

Debido a la gran complejidad de interacciones, no existe un único tratamiento que regule el sistema inmunitario, sino que existen cientos de fármacos que actúan en interacciones concretas. Dependiendo de dónde se encuentre el problema o qué síntomas provoque la enfermedad, deberá utilizarse un medicamento u otro.

La inmunología estudia el funcionamiento del sistema inmunitario, pero a su vez engloba muchas otras áreas de investigación, como la virología, alergología, parasitología, vacunología o inmunooncología. Además, la inmunología resulta de mucha utilidad en colaboración con otras áreas para desarrollar tratamientos efectivos para casi cualquier enfermedad.

Referencias:

Alberts et al. 2007. Molecular Biology of the Cell. Garland Science. 5th edition.

Murphy et al. 2008. Janeway's immunobiology. New York: Garland Science. 9th edition.

 

 

Sherezade MR

Sherezade MR

Soy una doctora en Alergología que en sus ratos libre cuenta la ciencia en redes. Me licencié en Biología en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y realicé el doctorado en la Universidad de Medicina de Viena. Ahora trabajo como postdoc en el Instituto de Alergología Fraunhofer asociado al Hospital Charité de Berlín. Mi nueva faceta es divulgadora amateur que hace vídeos cortos en Twitter y streams largos en Twitch. A veces también escribo o consigo logros para la Alianza en World of Warcraft. Página web

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