¿Por qué tenemos dos fosas nasales en vez de una?

Tener dos ojos o dos oídos representa una clara ventaja, pero no resulta tan intuitiva la razón de que tengamos dos fosas nasales en vez de una. Te contamos las razones que se han dado.

Mujer con inhalador
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A pesar de que tener dos oídos o dos ojos resulta intuitivamente eficaz porque permite que captemos sensorialmente mucho mejor lo que pasa a nuestro alrededor ¿por qué es necesario que tengamos dos fosas nasales en vez de una?

Gracias a nuestros dos ojos, podemos calibrar mejor a qué distancia se encuentran los objetos: el cerebro combina los dos estímulos visuales de sendos ojos para producir una imagen más tridimensional del mundo. Por su parte, podemos detectar la procedencia de un sonido si éste suena más fuerte en nuestro oído derecho o izquierdo. 

Sin embargo ¿tener dos fosas nasales nos permite captar de forma más rica los olores? Algunos investigadores creen que sí, pero la ventaja de tener dos fosas va mucho más allá.

Todo es cuestión de humedad y mocos

Los perros tienen dos fosas nasales porque, gracias a ello, pueden registrar muestras separadas de aire con cada fosa, lo que les permite compararlas entre sí a fin de establecer la procedencia de un olor determinado. 

Esta percepción espacial por vía olfativa también parece haberse estudiado en las serpientes, como explican Kelly Weinersmith y Zach Weinersmith en su libro Un ascensor al espacio: “La serpiente extiende su lengua bífida para capturar sustancias químicas en la saliva. A continuación, frota la lengua contra dos hendiduras en el cielo de la boca y la saliva penetra en dos bultitos conocidos como órganos vomeronasales, donde se analizan las sustancias químicas captadas por la saliva”.

En los seres humanos, sin embargo, lo que permite tener dos fosas en vez de una es la posibilidad de alternar por cuál respirar en cada momento, lo que facilita que ninguna de las dos se seque demasiado. Es decir, que si solo tuviéramos una fosa y se secara o taponara, no tendríamos más alternativa que respirar con dificultad. Por el contrario, si tenemos dos y una se seca, aún dispondremos de la otra para respirar correctamente, en el caso de que continuara húmeda.

Esto es particularmente importante si queremos evitar que el tejido nasal se vea dañado o no funcione de manera correcta.

Para que la nariz esté libre de obstáculos a fin de respirar y oler, a la vez que se esteriliza parcialmente el sistema respiratorio inferior, disponemos de los mocos y los cilios, una especie de escobillas microscópicas que empujan la mucosidad hacia la boca a una velocidad media de 6 milímetros por minuto, ya sea para escupirla o para tragarla. Parte de esta mucosidad, dos o tres litros cada veinticuatro horas, acaba siendo ingerida y sirve para reponer la mucosa gastrointestinal. 

Esta mucosidad también sirve para atrapar partículas de polvo y otros elementos que podrían colarse en el interior de nuestro organismo, incluidas las bacterias. El movimiento de los cilios es importante para arrastrarlo todo hasta el estómago, por ello, si estos funcionan lentamente (por ejemplo, porque hace mucho frío), la probabilidad de que nos resfriemos aumenta

Así pues, en aras de que el sistema siempre funcione de forma óptima, según investigaciones de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, nuestras fosas nasales se taponan y destaponan alternativamente. “En todo momento hay una fosa nasal más dispuesta a absorber aire que la otra gracias a los sinusoides venosos nasales, que sufren una hinchazón de forma alterna en un proceso denominado ciclo nasal”.

Algunos expertos señalan que otra de las razones de que esto ocurra diariamente es que así también se optimiza nuestro olfato, porque algunos olores se registran mejor si entran rápido por la fosa nasal, y otros se aprecian mejor si hay de por medio una ligera congestión.

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